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lunes, 25 de febrero de 2008

Anuncios peligrosos

¿Qué sentido tiene difundir una información de inteligencia sobre la ubicación de los secuestrados que supuestamente están próximos a ser liberados por las FARC? Pareciera un mensaje del Gobierno, algo así como “hemos ubicado su escondite, pero no los vamos a cazar porque somos considerados con los que están próximos a recuperar la libertad que NADIE les debió quitar”.

El anuncio que hizo Juan Manuel Santos parece una de las tantas salidas en falso que tienen los gobiernos en Colombia y en el mundo… pero no. Es una cuidadosa jugada que busca confrontar varias situaciones. La primera: limpiar la imagen según la cual al gobierno Uribe no le importan los secuestrados, pues resulta evidente que si saben la ubicación de los políticos plagiados y no han efectuado ninguna operación de rescate, es porque importa la vida y la seguridad de las víctimas.

En este sentido también deja sin piso la constante retahíla de que Uribe solo quiere el rescate militar, pues si fuera cierto, los cuatro secuestrados ya estarían libres o asesinados por las FARC en el intento.

También es una advertencia a las FARC, pues la agrupación terrorista siempre ha contado con la clandestinidad como una de sus mayores fortalezas. Sin embargo, que el Gobierno sepa la ubicación de algunos de sus campamentos, al igual que los movimientos de sus unidades combatientes, es un golpe para esa clandestinidad.

Otro hecho importante es que con la información anunciada por el ministro de Defensa, las FARC tendrán la incertidumbre a cuestas, pues como lo han reconocido los mismos desmovilizados del grupo terrorista, hay un temor enorme por las acciones de las Fuerzas Armadas y perder la condición clandestina, ser seguidos y perseguidos, desconfiar de todo el que pase al lado, temer la mirada que se adivina en la ventana de una humilde casa campesina al pie de la selva; son situaciones a las que no están acostumbrados los terroristas que hasta hace cinco años eran “indestructibles y dueños de santuarios a lo largo y ancho del país”: Cae el mito y se derrumba la moral en sus tropas de palurdos.

No obstante este anuncio resulta una amenaza latente contra los propios secuestrados, pues el conocimiento de la ubicación se debe, en buena medida, a las acciones de la inteligencia del Estado que han seguido los pasos que han dado las FARC y los mediadores en este circo en el que han convertido la liberación de los plagiados. Esto significa que las FARC podrían reconsiderar la liberación (valga la redundancia) de los secuestrados al darse cuenta de que el proceso les genera una gran debilidad estratégica en el plano militar.

Claro está que lo que pierden en el campo de combate lo ganan en lo político, terreno en el que aún mantienen fortaleza, pues esas liberaciones aclimatan las exigencias del tirano de Miraflores y le ofrecen, en bandeja de plata, algunos argumentos para la cruzada pro-FARC: Dirá que son humanitarios porque liberan a sus víctimas, que son una organización que busca afanosamente la paz y, por supuesto, que no mienten. Recordemos que ya dijo, y fue desmentido por los mismos hechos, que las FARC nunca le habían mentido, cuando de hecho lo tenían dando vueltas para liberar a un niño que ya estaba en poder del Estado. Sin embargo el tirano no ha reconocido que le mintieron y, sobra decirlo, jamás lo hará.

Otro asunto sustantivo es el del uso que le darán las FARC a esa información: Ya vimos la capacidad de destrozar la “mercancía humana” que tienen en su poder… hay once tumbas con igual número de diputados que demuestran que los terroristas solo quieren un motivo para golpear la imagen del Gobierno y en el todo vale de las FARC, la vida de los secuestrados puede ser sacrificable.

Es que en este momento las FARC pueden decidir golpear a Uribe asesinando a los cuatro secuestrados que supuestamente están a punto de liberar, argumentando que la cercanía del Ejército los llevó a ejecutarlos. ¿Quién podría confirmar o desmentir esa acusación? Claro que ese sería el menor de los problemas, pues la situación sería aprovechada al máximo por las cajitas de resonancia de las FARC en Colombia y en el mundo.

Es más: De ocurrir semejante monstruosidad, el tirano de Miraflores renovaría sus arengas (esta vez con la ayuda del patán y recién casado europeo) asegurando que fueron asesinados por la intransigencia del Gobierno de darles estatus político y por la negativa de entregarles dos municipios y más de 100 mil esclavos en el Valle. Total, no importaría quién disparó, ni mucho menos quién dio la orden… lo fundamental sería que las FARC no tendrían culpa alguna, pues serían unos más de los muchos asesinatos “altruistas” que han cometido.

Todo lo anterior es preocupante: En unas pocas semanas reiniciarán los asesinatos selectivos en la región –ya ocurrieron por la información que obtuvo el Estado durante la liberación de Clara Rojas y Consuelo González-, pues el miedo que tienen las FARC será respondido, como es su costumbre, con la siembra del terror y el reguero de sangre que suelen dejar como advertencia para los “sapos” que han alimentado con información a los servicios de inteligencia.

¿Vale la pena poner en peligro la vida de los secuestrados que no están en la lista de los que serán liberados prontamente? ¿Fue prudente entregarles a las FARC un argumento para asesinar a algunos plagiados? ¿Era necesario poner en riesgo la vida de los informantes? Parece una apuesta altísima y de enorme peligrosidad, pues se sigue jugando con los secuestrados como fichas políticas en un ajedrez enredado y de liderazgos intermitentes: La vida es sagrada.

AL CIERRE (1): Ya quedó en evidencia la nueva estrategia de las FARC y sus socios: liberar a los secuestrados civiles de renombre y dejar en la selva a los militares y policías. Durante la misa que conmemoró el secuestro de Ingrid Betancourt, Carlos Gaviria dijo: “Nosotros queremos la liberación de todos los secuestrados civiles”, es decir, dejarán secuestrados a los uniformados para cumplir el sueño del intercambio.

AL CIERRE (2): Hoy cumplimos tres años de labor y nunca será suficiente el reconocimiento y la gratitud para todos los que han apoyado este proyecto con generosidad: La lista es enorme y sería injusto dejar de nombrar a uno solo de los usuarios y columnistas que han pasado por el Sistema… a todos mil gracias.


Por Jaime Restrepo. Director Sistema Atrabilioso.

viernes, 25 de enero de 2008

La liberación

La liberación de dos secuestrados por parte de las FARC, no expresa lo que los medios y analistas han interpretado, ni debe conducir a falsas ilusiones, Fue un acto político de “desagravio” al presidente venezolano (así lo expresaron ellos) y por supuesto de agravio al colombiano.

Desagravio por dos razones: la primera porque las FARC lo agraviaron al no responder positivamente a las solicitudes que hizo Chávez de liberar a algunos de los secuestrados, y que no tenían otra consecuencia que validarlo a él como mediador y como líder. La segunda, porque fue desautorizado públicamente por el gobierno como facilitador, lo cual pudo haber sido interpretado por ellos como un agravio del gobierno colombiano hacia un presidente con el que no ocultan sus simpatías: con la liberación le devuelven ese estatus internacional.

Además, con la liberación hacen parecer que los procesos no avanzan por la obstinación del gobierno, pero con Chávez si (siendo que los obstinados son ellos). Los menos importantes en este caso eran los secuestrados; primó el mensaje que lleva implícito su liberación. Una habilidosa jugada de “Poker”, juego de cartas reconocido por los tahúres, y analizado por Tim Harford en “El economista camuflado”, como el juego del engaño.

La liberación pues no ha sido un acto humanitario, sino político y mal intencionado: aunque libres, son “instrumentos” de otros propósitos, no “personas”.

Nuevamente surge la pregunta si se equivocó o no Uribe al colocar a Chávez y a Piedad como facilitadores; y ahora todo parece indicar que sí. El encargo, a nuestro modo de ver –escéptico en sus resultados- era una estrategia política para poner en evidencia la intransigencia de las FARC, y “quemar” en el proceso a dos figuras incomodas: Piedad y Chávez. Pero la inesperada, aunque afortunada liberación, actúa como un bumerang que golpea la imagen del gobierno, pues transmiten el falso mensaje de que la paz es posible, pero con Uribe no.

La realidad es que la acción facilitadora no ha producido nada sincero. De los facilitadores se esperaba que lograran que las FARC aceptaran lo que ya demostraron que es posible: liberar sin despeje (pero a todos los secuestrados) y sentarse a negociar honestamente un proceso de desmovilización.

Y aquí es donde está el verdadero escollo, porque los secuestrados son un arma de negociación mas fuerte que las mismas armas (el ejercito nacional esta fortalecido e incentivado, y ellos replegados); y la Ley de Justicia y Paz no les sirve a sus propósitos: ellos aspirarán, mientras tengan algún poder, a mucho mas que el indulto: cambios institucionales, y facilidades para llegar al poder (como el M19).

Lo cuál a estas alturas, sería no solo una contradicción (FARC y paras, desde extremos opuestos han hecho lo mismo) sino una “injusticia” con los paramilitares que en su momento -por tener un enemigo común- actuaron como aliados de las Fuerzas Armadas Colombianas. (Ver el análisis hecho por Peter Waldmann en “Guerra civil, terrorismo y anomia social”)

El gobierno y el país, no están interesados en cambiar nuevamente la constitución, menos si es producto de la extorsión. No obstante lo que se espera (ya el mundo habrá olvidado los actos de buena fe del gobierno al excarcelar guerrilleros) es que el gobierno responda con otra concesión mas. ¿Cuál?

La liberación produjo además el escenario ideal para que las relaciones binacionales se distensionaran, y el presidente colombiano dio el primer paso al agradecer a Chávez la gestión. Lo que se espera ahora de un presidente emotivo como Chávez, es un reversazo, aunque sea discreto, en las medidas restrictivas del comercio binacional que el vecino país ha venido levantando contra el nuestro.

Ojala que no más intromisión en los asuntos internos.


Por: Miguel Yances Peña. Columnista de El Universal de Cartagena. myances@msn.com

martes, 22 de enero de 2008

Internacionalización de todas las formas de lucha

Es muy difícil comerse el cuento de que Chávez no sabía cuáles eran las consecuencias de comprometerse abiertamente a favor de las FARC. El presidente venezolano, al apoyarlas, se hace cómplice de los crímenes que esa organización terrorista cometa de ahora en adelante, esto quiere decir que cualquier país que se vea afectado de una u otra forma por cualquier atentado terrorista en el que las FARC hayan actuado, sea prestando asesoría o entrenamiento, o ayudando a financiarlo, podrán invadir militarmente a Venezuela para llevarse a Chávez y hacerlo pagar por sus crímenes.

Una de las cosas que más incomodaban al mandatario venezolano en el pasado era que se le ligara directamente con las FARC o cualquier otra organización terrorista, Chávez temía que ésa fuera la excusa de una “conspiración internacional” para sacarlo del poder, entonces ¿qué fue lo que lo hizo cambiar de parecer? Chávez ve un mundo diferente y cree que las condiciones actuales se pueden prestar para hacer jugadas más riesgosas. La posible llegada de los demócratas a la Casa Blanca acompañada de condiciones geopolíticas cambiantes por la entrada en acción de las llamadas potencias emergentes, entusiasman a Chávez y lo llenan de bríos en sus planes expansionistas.

La aparente nueva geopolítica mundial hizo que en los planes de Chávez nunca estuviera presente la idea de que las FARC dejaran las armas y terminaran haciendo parte de algún partido político, como creían equivocadamente algunos analistas, esa situación no les habría llevado a ganar nada. Además de necesitar décadas para limpiar en algo su nombre, quedaría plenamente al descubierto que la izquierda política y mediática siempre tuvo gran afinidad con ellas.

Eso llevó a Chávez a optar por seguir insistiendo en combinar todas las formas de lucha, más aún cuando está plenamente convencido de que el nuevo ambiente internacional se puede prestar para obtener frutos. Mientras Chávez sigue insistiendo en sumar países que le otorguen el grado de beligerancia a las guerrillas colombianas, desde dentro sus aliados tratarán de acompañar ese chantaje con otros ingredientes para hacer creíble la falacia de que eso es producto de imposibilidad de ganar la paz por nuestros propios medios por estar empeñados en ganar la guerra.

La estrategia de Chávez y sus aliados en Colombia merece que estemos alerta, hacemos frente a la idea de que desde fuera se puede dictar nuestro futuro como nación y que los petrodólares y el chantaje pueden fácilmente acompañar a los actos abominables de las FARC para fortalecer a la oposición internamente.
Por Wilfredo Moreno. Columnista del Sistema Atrabilioso.

lunes, 13 de agosto de 2007

Las fotos: esas pruebas contundentes que no dicen mucho



Por Jaime Restrepo. Director Sistema Informativo Atrabilioso.

Una foto capta un instante en la vida de un ser humano y cuenta, a su manera, una historia grande o pequeña relacionada con el discurrir de esa persona.

La fotografía de Gustavo Moncayo con ‘Tirofijo’ resulta impactante porque captó un instante en el que el “caminante de la paz” está junto al máximo líder del terrorismo colombiano.

También impacta por el gesto de Moncayo, pues muestra tranquilidad y hasta optimismo, pero también se podría decir que evidencia cierta satisfacción por estar en compañía del jefe de los mayores asesinos en la historia colombiana.

De igual forma, la fotografía nos traslada a la tristemente célebre zona de distensión pastranista, en la que los medios de comunicación llenaban tiempo y páginas con sendas entrevistas a los criminales y a todo el que llegara a la ingrata región.

Así mismo, la fotografía recuerda la “reunionitis” de la zona de distensión y las correspondientes ruedas de prensa, pues el micrófono y el hablador con el nombre o el cargo de alguno de los participantes en una de tantísimas reuniones, muestran que Moncayo se encontró con ‘Tirofijo’ a la vista de todo el mundo.

Ciertamente la fotografía fue captada en la zona de despeje y la presencia de Moncayo en esa región ha sido ratificada varias veces por el profesor. También, la búsqueda de la liberación de su hijo, podría explicar ese instante de la foto Moncayo –‘Tirofijo’.

Hasta ahí la foto confirma un hecho conocido por la mayoría del público colombiano. Lo que no está presente en mi memoria es la contundencia de Moncayo frente a ‘Tirofijo’, ni un discurso airado del profesor frente al cabecilla terrorista. Tampoco recuerdo que Moncayo le haya pedido, frente a propios y extraños, que dejara las armas, abandonara el terrorismo y entregara a los secuestrados sin condiciones. No se si mi memoria es tan frágil que olvidó la exigencia de Moncayo a ‘Tirofijo’ para que este último aceptara las imposiciones del Gobierno.

A todas estas, tampoco recuerdo que Moncayo haya salido a protestar contra las FARC, ni contra el interlocutor de la fotografía, por el fraude y la burla que hicieron los terroristas junto al presidente Pastrana, con el famoso intercambio humanitario: ¿Moncayo le preguntó a ‘Tirofijo’ los motivos que tuvo el grupo terrorista para no liberar a TODOS los secuestrados? ¿Será que vale también en esto la comprensión especial por ser un familiar de secuestrado?

¡Qué mala memoria la mía!

miércoles, 8 de agosto de 2007

¿Solo 45 personas permanecen secuestradas en Colombia?

Por Jaime Restrepo. Director Sistema Atrabilioso

Es increíble la capacidad de propaganda que tienen las FARC, y el servilismo de propios y extraños frente a esa propaganda: Álvaro Uribe, Nicolás Sarkozy, Luis Inacio Lula y los participantes en la reunión del G-8 concentraron su atención en la liberación de 56 secuestrados en poder de las FARC. En ese momento eran 56, pues no habían fusilado a los diputados del Valle.

Esto significa que el objetivo de las FARC de concentrar la atención del mundo en el 5% de los secuestrados que mantienen en su poder, se ha cumplido: ahora el mundo habla de esos secuestrados (los que interesan para extorsionar al Estado) pero nadie, absolutamente nadie dice ni una sola palabra sobre las otras 850 personas que padecen en manos de las FARC.

Qué Sarkozy pelee por su “conciudadana” es entendible, aunque podría reclamársele que el poder que tiene le entrega también una responsabilidad con el mundo y por ende, debería por lo menos aparentar que su lucha es por todos los secuestrados, como se lo recordó Lula en Alemania.

Pero, ¿cuántos son los secuestrados en poder de las FARC? ¿Por cuántos se están haciendo gestos unilaterales y presiones internacionales? La respuesta es dolorosa: por solo 45… ese es el número mágico que el mundo ha asumido como único e irrefutable.

¿Y de los otros 3.134 mil qué? Nada. Sus familias están abandonadas a su suerte, como ocurre con los padres de dos menores de edad que fueron secuestradas por las FARC hace un par de años en Pitalito, Huila, y cuya suerte es un misterio para sus seres queridos: reparten volantes, pegan las fotos de las niñas, ruegan por 15 segundos de televisión en un noticiero importante o, de vez en cuando, agradecen una corta entrevista en algún medio regional.

Esos 3.134 secuestrados no existen ni para el Gobierno, ni para Francia, ni mucho menos para las FARC, que tienen en esos plagiados una reserva financiera que les permitirá, tarde o temprano, comprar armas y munición para seguir matando colombianos.

Lo más grave es la actitud del presidente Uribe frente al tema: en su última visita a Washington habló sobre el tema y dijo que “el gesto unilateral de liberar a algunos guerrilleros presos busca la liberación de todos los secuestrados” y a continuación aseguró que “reclama la liberación de los 56 secuestrados y de Emanuel, el hijo de Clara Rojas”: ¿Cómo así Presidente? ¿Es que no tiene tiempo para mirar las estadísticas del secuestro? ¿No le han dicho que son más de 3 mil secuestrados por los que usted debe hablar?

Es infame, por decir lo menos, que desde el Presidente de la República, pasando por los medios de comunicación y llegando hasta los ciudadanos del común, solo se hable de los secuestrados cuyas familias tienen la posibilidad de aparecer constantemente en los medios de comunicación, presionando y haciendo ruido sobre el drama que viven los secuestrados y sus seres queridos… ¿y de los otros quién habla?

Silencio absoluto: mientras Canal Capital hace una campaña por el “acuerdo humanitario” para liberar a los 45 secuestrados que tienen vitrina, y Caracol reencaucha la triste historia del hijo de Clara Rojas, NINGÚN medio dice una palabra sobre los otros 850 secuestrados que tienen las FARC en su poder.

Sus familias lo saben: están solas y a su suerte, fotocopiando volantes porque el dinero no les alcanza para mandarlos a imprimir y mucho menos tienen la posibilidad de pagar una avioneta para lanzarlos en la selva, como hace cada año el esposo de Ingrid Betancur.

Las familias de los 850 secuestrados de las FARC y de los 3.134 secuestrados que no han podido pagar su rescate, han sido abandonadas por el Estado y por el mundo, en una indolencia que no tiene presentación y que demuestra el grado de manipulación mediática y oportunista que se hace con el drama del secuestro en Colombia.

Y ni hablar de los políticos, comenzando por el Alcalde de Bogotá que presiona desde su curubito, pero contrario a lo que proclama en su eslogan, su gestión está basada en una indiferencia TOTAL por 3.089 personas amarradas y torturadas a diario.

Por esos secuestrados, por los 3.089 seres humanos que están encadenados en algún lugar de Colombia… por los cerca de 900 secuestrados en manos de las FARC, dizque ejército del pueblo… por ellos hay que alzar la voz y es por ellos que hay que exigir la liberación inmediata y sin condiciones.

Pero solo enfocar el asunto al 5% de los secuestrados que tienen las FARC, y en un poco más del 1% del total de personas que permanecen en cautiverio es una afrenta a la dignidad de los colombianos y un mensaje aterrador para la ciudadanía: si lo secuestran y no tiene influencias, usted y su familia estarán solos dando la batalla.

Eso, terroristas de las FARC, señores Uribe y Sarkozy, señor Lula… eso da asco.

lunes, 6 de agosto de 2007

Calmante

Por Jaime Restrepo. Director Sistema Atrabilioso.

Muchas veces se podrá hacer el intento, pero nunca se comprenderán, ni siquiera de manera aproximada, los sentimientos y las expectativas de los familiares de los secuestrados.

El profesor Gustavo Moncayo decidió emprender una manifestación solitaria por la libertad de su hijo. Al principio, cuando salió de Sandoná, Nariño, solo lo acompañaba su hija y supongo que tuvieron que hacer un gran esfuerzo para que los medios de comunicación divulgaran la acción de Moncayo.

Pero en un país que está comenzando a sensibilizarse contra el secuestro, y en el que juegan intereses políticos para apropiarse abusivamente del tema, poco a poco los colombianos fueron despertando, entre otras razones, por la valerosa acción de Moncayo.

Es así de simple: el profesor es un hombre tozudo que se cansó de esperar el retorno de su hijo a casa, y viendo que no avanza la liberación de los secuestrados políticos decidió emprender una caminata de más de mil kilómetros. Desde luego también aprovechó (es un hombre inteligente y más cultivado de lo que muchos se imaginan) la conyuntura política del forcejeo por el canje.

Ciertamente Moncayo quiere (mejor exige) el intercambio humanitario, algo perfectamente lógico y aceptable desde el punto de vista de los familiares de los secuestrados.

Resulta difícil pedirles, en medio de su dolor y angustia, que entiendan que la culpa del secuestro la tienen las FARC y que la liberación de los secuestrados es realmente una decisión exclusiva de los terroristas. Y sería imposible exhortarlos a señalar y encausar sus exigencias contra los criminales que tienen en su poder (para torturarlos, castigarlos o fusilarlos) a sus seres queridos.

Los familiares, y por supuesto Moncayo, no tienen porqué comprender que el asunto del intercambio humanitario es un tema de presión política contra el Estado, pues ellos ya han sacrificado mucho: el dolor de los secuestrados y el sufrimiento de ellos como familia. Total, desde su perspectiva, solo interesa el regreso de los secuestrados y nada más, y no importa cómo, a qué costo o de qué manera se logre ese objetivo.

¡Como no entender la indignación de Moncayo en su encuentro con Uribe! Después de caminar más de mil kilómetros se encontró con la frustración de que su deseo del intercambio humanitario con el despeje de Pradera y Florida en el Valle, no es posible bajo las condiciones que IMPONEN las FARC.

A los familiares de los secuestrados no les importa el ajedrez político y militar que se jugaría en el mencionado despeje, ni mucho menos que en las condiciones impuestas por las FARC, y replicadas por ellos, se pone en riesgo no a centenares sino a miles de colombianos que podrían ser víctimas del secuestro para futuras extorsiones de las FARC al Estado. Tampoco les interesa la opinión de los habitantes de los dos municipios que serían entregados a las FARC: a ellos solo les importa que los suyos vuelvan a casa… y viendo las cosas solo desde la perspectiva del dolor, ellos sienten que tienen la razón.

De Moncayo hay que destacar muchas cosas: su tenacidad, la entereza con la que ha emprendido y defendido su idea, su serenidad y no caer en la tentación de arrendar sus banderas al servicio de intereses politiqueros, más allá de lo que su propias ideas le indican.

Sin embargo, lo que más respeto genera de “el caminante de la paz” es su capacidad de reconocer lo que a su juicio fueron errores: unas horas después del acalorado debate con Uribe, el profesor concedió una rueda de prensa en la que pidió disculpas al Presidente y a los colombianos por su airado enfrentamiento en la Plaza de Bolívar de Bogotá.

Pero no había nada que disculpar, pues una década de martirio le otorga la posibilidad de decir lo que piensa, y de vomitar todo su dolor y frustración, ambos ocasionados SOLO por las FARC.

Obviamente el profesor llegó a Bogotá convencido de lograr una respuesta positiva para el intercambio humanitario, es decir, para el despeje y la liberación sin condiciones de centenares de terroristas de las FARC, pues como él mismo lo dijo, “si no hay un proceso de reinserción no se puede exigir que los guerrilleros se comprometan a abandonar las armas”.

Posiblemente esa es la frase que demuestra claramente la visión de los familiares de los secuestrados políticos: mientras a un amplio sector del país si le importa que los terroristas vuelvan a sus andanzas, a ellos solo les importa que los secuestrados sean liberados al costo que sea.

Más allá de los mensajes ideológicos que ha dado el profesor Gustavo Moncayo; más allá de los intentos corrompidos de sesgar la iniciativa como si fuera un asunto de opositores y uribistas, lo de Moncayo es un esfuerzo SOLITARIO por despertar al país de la apatía frente al secuestro y buscar, desde su perspectiva, una solución rápida al sufrimiento de las familias y de los secuestrados políticos, algo entendible porque ¿quién no busca un calmante cuando siente dolor?

Columna relacionada: El marchante politizado.

lunes, 16 de julio de 2007

La niebla se aclara

Por Jaime Restrepo. Director Sistema Atrabilioso.

Un gesto, una orden y una oleada de secuestros. Tres situaciones que aparentemente no tendrían mayor conexión hoy aparecen enlazadas e interdependientes.

Cuando Uribe tomó la decisión de excarcelar a cerca de 200 guerrilleros, perdón ex guerrilleros según las FARC, unos y otros atacaron la medida por inconveniente y sobre todo, porque no atendía los requerimientos ni respetaba la jerarquía que tienen las FARC y que, según una columnista, se han ganado a pulso en 45 años de violencia.

El gesto unilateral les causó un enorme disgusto a los promotores de las FARC al punto de publicarse unos días más tarde una especie de declaración de guerra en la que Claudia López, la “brillante” investigadora que no sabe usar una calculadora, emite una grave descalificación contra el Presidente y parece dar una orden a los rústicos del monte.

La señora López indica que los terroristas no piensan que el secuestro sea un delito de lesa humanidad y llama la atención (les da moral) partiendo de que esa agrupación terrorista ha “tenido el poder económico y militar para imponer su propio pensamiento.” Además, su arenga destaca una gran mentira que a fuerza de repetirla quiere que sea verdad: “El decidido esfuerzo nacional, y de este gobierno en particular, por exterminar militarmente a las Farc ha fracasado.”

El mensaje es claro: ustedes muchachos tienen el poder económico y militar para IMPONER su propio pensamiento… ya desde este campo de batalla nos encargaremos de repetir hasta el cansancio la mentira de que el exterminio militar ha fracasado a ver si, de repente, eso se convierte en verdad para el público.

Luego la señora López les recuerda a las FARC que “son una organización criminal y mafiosa, pero con pretensiones de poder político y una estructura de mando jerarquizada” y más adelante indica que no se puede permitir que el Gobierno vulnere o pase por encima de esa jerarquía: “Los secuestrados están en poder del secretariado de las Farc, no de sus guerrilleros presos”.

Pero va más allá y emite una exhortación algo disimulada: “Cualquier acto que desconozca al secretariado como instancia de mando y negociación radicalizará su ya intransigente posición frente a los secuestrados y frente a una posible negociación de paz.”

Esto, ni más ni menos, parece una orden para que las FARC emprendan una nueva jornada de secuestros, de sangre y muerte, porque es inadmisible que el Gobierno produzca un acto que desconozca al secretariado. Además la señora López indica que semejante osadía presidencial va a radicalizar la intransigente posición frente a una posible negociación de paz, lo que significa una escalada terrorista que debe producirse como respuesta a semejante bofetada de Uribe.

Y esa orden se cumplió: unas horas después de publicarse la arenga de la señora López fue secuestrado un capitán de la Policía mientras descansaba en una finca ubicada en la vía que conduce de Florida, Valle a Miranda, Cauca. Unos días más tarde, tres policías del Gaula fueron secuestrados en el Caquetá. Antes de esto, dos militares fueron asesinados en Carepa, Antioquia, cuando las FARC intentaron secuestrarlos.

¿Será coincidencia todo esto? No parece. Lo que evidencian estas tres situaciones es que el gesto unilateral del Presidente causó una fuerte indignación en los sectores simpatizantes del movimiento terrorista al punto de expedir una orden pública que las FARC acataron con secuestros de policías desarmados y de civil.

Eso demuestra que si por menos de 200 la respuesta va a ser el secuestro de cuatro o cinco colombianos, los gestos unilaterales, incluso los que cumplan con las exigencias de las FARC, no se pueden volver a repetir, porque se estaría condenando al país a un círculo vicioso de gestos y liberaciones que más tarde se convertirán en nuevos secuestros para tener un instrumento de presión y así IMPONER otras exigencias y conseguir otros gestos de liberación de terroristas de las cárceles colombianas.

La estrategia de Uribe funcionó también en ese plano: dejó en evidencia lo que las FARC piensan realmente sobre los secuestrados y el poco interés que tienen por liberarlos, pues solo les sirven en la medida en que puedan despejar dos municipios para desahogar sus cargamentos de droga y recibir armas como paga por los narcóticos.

miércoles, 11 de julio de 2007

El cinismo del 'Rey del despeje'

Por Jaime Restrepo. Director Sistema Atrabilioso.

Justo en el momento en que los colombianos nos manifestábamos contra el secuestro y contra el asesinato de 11 diputados del Valle del Cauca, Andrés Pastrana, el turista que presidió al país por cuatro largos años, señaló que era posible hacer un acuerdo humanitario con las FARC.

Dijo Pastrana, el rey del despeje, que “en Colombia ya hay una experiencia que fue la que hicimos en nuestro Gobierno cuando logramos el canje de 440 soldados y policías por 15 guerrilleros enfermos (...) con eso quedó demostrado que se puede hacer”. Paradójicamente la “gran” experiencia Pastrana se produjo seis años y un mes exacto de la gran marcha, motivada por el fusilamiento de 11 colombianos plagiados y también por la nueva modalidad de secuestro de las FARC que retienen los cadáveres quién sabe con qué propósito: entre los cadáveres secuestrados está el de Julián Ernesto Guevara.

Claro que Pastrana olvidó mencionar algunos “detalles” de ese acuerdo humanitario del que tanto se ufana. Por ejemplo pasó por alto que en esa experiencia las FARC le hicieron trampa al país anunciando el intercambio de TODOS los militares y policías secuestrados por un grupo de terroristas condenados y recluidos en las cárceles colombianas.

De ese acuerdo humanitario, las FARC (¿y Pastrana?) decidieron excluir a un grupo de uniformados que tenían algún rango como oficiales o suboficiales. El resultado es que después de ese canje, del que saca pecho el 'Rey del despeje', varias decenas de militares y policías continúan secuestrados y algunos han muerto en poder de las FARC.

La historia de ese acuerdo humanitario comenzó el 19 de agosto de 1998, cuando el jefe terrorista 'Manuel Marulanda Vélez', conocido también con el alias de Tirofijo, le envió una carta al Presidente del Congreso en donde oficializaba su deseo de canjear soldados y policías por guerrilleros. Un mes antes las FARC habían secuestrado a 149 soldados y policías en los asaltos a Miraflores en el Guaviare y a Riosucio en el Chocó.

Tres años después, el 2 de junio de 2001, el entonces Comisionado de paz Camilo Gómez le anunció a Marleny Orjuela que el Gobierno acababa de firmar el acuerdo humanitario y que volverían a casa los soldados y policías: el 5 de junio de ese mismo año comenzaron las liberaciones, que las FARC realizaron durante tres semanas y terminaron el 28 de junio.

Lo cierto es que el acuerdo humanitario que firmó el gobierno Pastrana, que se desconoce hasta el momento como tantas cosas que se acordaron en el Caguán, terminó siendo una frustración para el país y para muchos de los familiares de los uniformados secuestrados.

El relato de Marleny Orjuela a los autores de Diario íntimo de un fracaso es contundente:
“Cuando terminaron todas las entregas, el 28 de junio, nos dimos cuenta de que no todos nuestros jóvenes habían sido dejados en libertad. Allá en la selva quedaron 48.”
Pequeño detalle el que olvidó mencionar Pastrana: las FARC no honraron el acuerdo, se deshicieron de los soldados y policías sin rango (toda una carga que no tenía mayor influencia en el chantaje al Estado) y dejaron en cautiverio a los que representaban un mayor botín. ¿Eso es un acuerdo humanitario exitoso? ¿Es el ejemplo que quiere poner el rey del despeje?

La otra posibilidad, todo cabe con Pastrana, es que su gobierno haya acordado el trueque de unos cuantos y a sabiendas de que dejarían en los campos de concentración a casi 50 secuestrados, firmó el acuerdo y engañó al país y a los familiares de esos plagiados.

Detrás de la algarabía nacional por la liberación de cerca de 400 secuestrados, el gobierno Pastrana y las FARC ocultaron su deleznable pacto.

Sería útil que el ex Presidente le explicara al país porqué pactó y dejó a 48 secuestrados en poder de las FARC y ahora tiene el descaro de salir a exigir un nuevo acuerdo humanitario que sería, entre otras cosas, una enmienda a la traición que cometieron él y las FARC contra el país.

De igual forma resultaría interesante que los promotores del acuerdo humanitario explicaran porqué ahora si va a funcionar el canje, cuando en el pasado esos mismos seres humanos que hoy, seis años después, continúan pudriéndose en la selva, fueron valorados como mercancía más fina tanto por el “distinguido” Pastrana como por los terroristas de las FARC. ¿Acaso quieren un nuevo engaño para el país?

Al mismo tiempo sería trascendental que el ex Presidente le explicara a la madre del capitán Julián Ernesto Guevara porqué su hijo no fue canjeado y beneficiado por el acuerdo humanitario versión Pastrana, lo que a la postre significó que muriera (¿fusilado?) en poder de las FARC.

¡Claro! Quedó demostrado que la versión particular de un acuerdo humanitario si se puede hacer, siempre y cuando ganen las FARC y pierda el país.

martes, 8 de mayo de 2007

Los niños son el blanco preferido de los secuestradores

Por Jaime Restrepo. Director Sistema Atrabilioso.

Las cifras del secuestro en Colombia muestran dos realidades: la positiva es que este flagelo se ha reducido ostensiblemente e indican que la lucha contra el secuestro va por buen camino.

Pero la negativa, la que arruga el corazón, es que los criminales de la industria del secuestro, han tomado como blanco de su delito a los más débiles: los menores de edad.

Según el último informe sobre el perfil de las víctimas, publicado por Fondelibertad, en lo corrido de este año han sido secuestrados 27 niños, lo que significa que el 22% de los secuestros reportados este año han sido cometidos contra menores de edad.

Lo más grave es que, de acuerdo al perfil de las víctimas, los niños son el blanco favorito de los criminales, incluso muy por encima de los comerciantes, que hasta hace poco eran los más afectados por este delito.

La inquietante tendencia de escoger a los menores de edad como sus víctimas se vislumbró con más claridad desde el 2006, cuando fueron secuestrados 110 niños, por encima de comerciantes (95), empleados (57) y funcionarios públicos (6).

Otro asunto que debe asumirse desde ya, es que en los últimos años, el mayor porcentaje de secuestros los realiza la delincuencia común: desde el año 2004, la delincuencia común ha secuestrado a 974 personas, lo que significa que el 32% de los plagios son cometidos por bandas organizadas de secuestradores, algunas de las cuales venden a las FARC a sus víctimas.

Después de la delincuencia común, las FARC tienen el deplorable segundo lugar en la industria del secuestro: desde el año 2004 han secuestrado a 661 colombianos, lo que representa una participación de las FARC del 22% en la criminal acción que es una política financiera de la organización terrorista.

Es que las FARC, además, ocupan el primer lugar en el número de secuestros desde 1996 hasta febrero de 2007: en total han perpetrado 6758 plagios, lo que significa que el 29,1% de los secuestros en Colombia han sido cometidos por los terroristas, seguidos por el ELN con 5379 plagios (23,1%) y por la delincuencia común con 3732 secuestros, es decir, una participación del 16% del total de los plagios registrados en Colombia en los últimos 122 meses.

Así mismo las Autodefensas han cometido, en el mismo periodo de tiempo, 1164 secuestros (el 5% en 122 meses), aunque la participación en la industria del secuestro de este sector violento y criminal se reduce desde el año 2003, registrando 348 plagios en el periodo 2003 – febrero 2007, con una participación del 6,7% del total de secuestros en el país.

Este año, las Autodefensas secuestraron a un colombiano, mientras que el año pasado lo hicieron con 10 personas indefensas: indudablemente esta abominable situación debe ser esclarecida, porque si hay de por medio un proceso de paz, no se entiende cómo un grupo desmovilizado continúa con la monstruosa práctica del secuestro.

Las buenas noticias

En 1996, Colombia padeció 1038 secuestros. Sin embargo, la mayor cantidad de secuestros se produjo en los años 1999 (3204) y 2000 (3572): en esos años se produjeron en total 6776 plagios, lo que corresponde al 29,1% del total de secuestros ocurridos en Colombia desde 1996 hasta febrero de 2007.

A partir del año 2001, la cifra comenzó a decrecer: ese año se registraron 2917 plagios y un año después fueron reportados 2882 secuestros. Posteriormente, en 2003 se presentaron 2121 secuestros y en el año 2004 fueron reportados 1440.

Sin embargo, a partir del año 2005, la curva de las estadísticas comenzó a mostrar un declive decisivo al reportarse 800 secuestros. Ya para el año 2006, Colombia padeció el secuestro de 687 personas. En cuanto a lo que ha ocurrido este año, las autoridades han registrado 120 secuestros hasta el 28 de febrero, lo que indica un promedio de 60 plagios mensuales.

viernes, 23 de marzo de 2007

Hay que seguir la ruta


Por Jaime Restrepo. Director Sistema Atrabilioso

Hay situaciones que son alentadoras para Colombia. Durante el año que terminó se redujo nuevamente el número de secuestros en el país: de 377 plagios registrados en 2005 se llegó a 282 en 2006, lo que representa una reducción del 25.2% en el número de secuestros durante el último año.

En este sentido también se registró una gran disminución en las pescas tenebrosas: mientras en 2005 se presentaron 15, el año que termina solo se reportaron cinco retenes ilegales, lo que representa una disminución del 66.7%.

Sin embargo las noticias son menos alentadoras en Bogotá, ciudad en la que se registró un incremento en el número de secuestros, pasando de 18 en 2005 a 24 en 2006.

No obstante lo más doloroso de esta tragedia nacional es que el secuestro con fines de extorsión de menores de edad registró un crecimiento del 65.1%: en 2005 fueron secuestrados 28 niños y este año fueron reportados 43 casos, llegando a ser el sector social más vulnerable al secuestro, pues los menores representan cerca del 18% de los colombianos secuestrados durante el 2006… esto es una vergüenza para el país, que sigue recorriendo la misma senda de la indolencia frente a los menores de edad.

Además esta penosa situación exige mayores esfuerzos para erradicar el secuestro de nuestra sociedad, no solo desde el Gobierno, sino también desde el núcleo esencial de cada niño: su familia, sus amigos y el círculo cercano de cada pequeño.

Ni un secuestro más
Desde hoy Atrabilioso inicia una campaña para exigir el regreso de TODOS los secuestrados.

La intención no es hacer de caja de resonancia a los que piden, de manera descarada, que sean liberados SOLO 60 secuestrados. Por el contrario: es un llamado a la nación que no se atiene a los dogmas mediáticos para no dejar a más de 3 mil colombianos secuestrados a su suerte.

Colombia necesita unirse, en una sola voz, exigiendo la libertad INMEDIATA de TODOS los que padecen ese flagelo salvaje del secuestro.

Según la fundación País Libre, son 3177 las personas que permanecen secuestradas en Colombia, 23 de las cuales fueron secuestradas en 2006… por ellos, por los 60 secuestrados políticos y por sus familias, la exigencia debe ser contundente: libertad para TODOS los secuestrados.

Aunque las cifras son esperanzadoras en cuanto a la reducción del secuestro, la sociedad colombiana debe ponerse en pie para erradicar este delito y no patrocinar la ocurrencia de nuevos secuestros mediante un supuesto canje humanitario que solo prolonga la angustia de 60 familias, mientras que llena de incertidumbre a miles de colombianos que cada día luchan por conseguir altas sumas de dinero que supuestamente permitirán la libertad de sus seres queridos.

Son tan graves los secuestros políticos como los cometidos para extorsionar, y TODOS los colombianos que padecen ese flagelo deben recibir la solidaridad y el compromiso de la Nación para alzar la voz y exigir su liberación inmediata y sin contraprestaciones.

Mientras UN solo colombiano esté secuestrado, TODOS los colombianos estaremos secuestrados, pues solo será cuestión de tiempo para que ese flagelo se acerque y toque las puertas de nuestros amigos, de nuestras familias o de nuestra propia casa.

El canje humanitario, si se puede llamar así, debería ser por TODOS los secuestrados y no solo por aquellos que fueron plagiados con la intención de chantajear al Estado mediante presiones políticas internas y externas, muchos de los cuales tienen familias poderosas que hacen ruido mediático para satisfacer intereses particulares (¡cómo cuestionarlo!) y de los violentos.

La libertad es un derecho que tenemos TODOS los colombianos y resulta repugnante que solo se alce la voz para reclamar el intercambio de un poco más del 2% del total de secuestrados en Colombia.

Por TODOS los secuestrados en Colombia: libertad inmediata y sin condiciones.

miércoles, 7 de marzo de 2007

Víctimas a negociar con victimarios

Por Jaime Restrepo. Director Sistema Atrabilioso

Impotencia. En esta palabra se puede resumir la decisión del presidente Uribe de autorizar a los familiares de los secuestrados políticos, para que adelanten contactos con las FARC.
La decisión es la admisión pública de la imposibilidad del Estado para lograr la liberación de ese grupo de secuestrados por la vía negociada. Y no es para menos. De hecho, las FARC tienen un pliego de exigencias que resulta IMPOSIBLE de cumplir para cualquier gobierno.
Comenzando por el despeje de dos municipios del Valle (Florida y Pradera), situación que resulta inconveniente para la estrategia militar y antidrogas, para los habitantes de esa zona del país y también para los ciudadanos que residen en Cali y Palmira.
Pero, en aras de hacer un ejercicio complaciente con las exigencias de los terroristas, supongamos que el Gobierno decide el despeje: ¿qué se va a negociar? Pues el intercambio de más de 500 terroristas por menos de 60 colombianos, pues lo hemos dicho hasta el cansancio, LAS FARC NO HABLAN DE LOS CERCA DE 3 MIL SECUESTRADOS, sino de los que fueron plagiados por interés político.
Lo grave, además, es que en la lista de “canjeables” están alias ‘Sonia’ (condenada a 30 años de prisión en EE.UU. por narcotráfico) y alias ‘Simón Trinidad’, que espera en una celda (su espacio natural) un nuevo juicio en el país del norte.
Esos dos son un obstáculo infranqueable, pues nadie se imagina a Estados Unidos autorizando el despegue de un avión con destino a Colombia, en el que los dos terroristas viajen cómodamente.
A las FARC no les importa pedir imposibles, pues la intención de los secuestros políticos es tener un instrumento de presión contra el Estado (es decir contra usted y contra mi) para lograr sus propósitos y oxigenarse políticamente.
Entonces, mandar a la boca del lobo a los familiares de los secuestrados político, puede ser una decisión que funcionará en el corto plazo, pero a futuro esos familiares se convertirán en un factor de presión de enormes dimensiones, manipulados por las FARC que los utilizarán como mecanismo para difundir sus arengas y chantajeados con el trato que les darán a los secuestrados en caso de que los familiares no digan lo que a los terroristas les convenga.
Además, NINGÚN familiar tendrá la posibilidad de ofrecer algo a cambio, ni tiene la facultad de determinar una zona de despeje, ni de exigirle al gobierno de los Estados Unidos que devuelvan a los “muchachos injustamente procesados” en ese país.
¿Qué se pretende en teoría? Qué los familiares vean, de primera mano, la intransigencia de las FARC, la indiferencia de los terroristas frente al futuro de los secuestrados y la utopía que significa una negociación de chantaje humanitario.
Sin embargo, lo cierto es que ellos saben todo esto, pero la amenaza de lo que puedan sufrir los secuestrados si los familiares se rebelan ante la intención de las FARC, cambia el discurso, desvía y sesga las posiciones mediáticas y solo se logra que sean cajas de resonancia para las arengas de las FARC.
Es lógico que los familiares de los secuestrados hagan lo que los victimarios decidan, pues justamente por eso están en cautiverio sus seres queridos y para eso las FARC secuestran: para obtener dividendos (políticos y económicos), pero el Gobierno no puede perder de vista que les está poniendo a las FARC en la mano, las herramientas de tortura y de presión que servirán para difundir sus siniestros mensajes.
A esto se suma que el mensaje de fondo del Estado es sumamente crítico: no fuimos capaces y dejamos a los secuestrados y a las familias que son víctimas secundarias, en manos de sus victimarios y, por ahí derecho, al país escuchando los clamores, súplicas y discursos sesgados de las FARC y de los que presionan el acuerdo humanitario (como las FARC) por oportunismo político.
Así no funciona el asunto.

martes, 27 de febrero de 2007

Una visión del secuestro en Colombia

NOTA DEL DIRECTOR: El viernes pasado recibí este artículo de Lesvia Fuentes que resulta interesante para ver algunos puntos de vista sobre el flagelo del secuestro en Colombia.

Cinco años del secuestro de la ex-candidata presidencial
Historia de Ingrid, historia de los colombianos

Hoy se cumplen 1.825 días del secuestro de Ingrid Betancourt y 49 días desde que el ministro Fernando Araújo Perdomo recorrió los pasos de la libertad tras permanecer 2.223 días en poder de sus captores, ambos casos atribuidos a las llamadas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC.
Los dos comparten una historia común, como lo es también la de aquellos colombianos que corren y corrieron su misma suerte: víctimas de la macabra industria del secuestro.
Igualmente, Betancourt y Araújo Perdomo llevaron la problemática del secuestro en Colombia a los titulares de prensa de los principales medios de comunicación del planeta. La primera es símbolo indiscutible de los colombianos que hoy padecen este flagelo; el segundo representa los anhelos y la esperanza de quienes aún permanecen cautivos y de sus familias.
De 45 años de edad, el plagio de la ex-candidata presidencial Ingrid Betancourt se produjo el 23 de febrero de 2002, cuando miembros de las FARC la interceptaron en el sitio El Líbano, sobre la vía que comunica a los municipios de Montañitas y San Vicente del Caguán. En la zona situada en el sur de Colombia, tres días atrás se habían roto las negociaciones de paz entre la organización extremista y el gobierno de Andrés Pastrana.
Por su parte, el secuestro de Araújo Perdomo –nombrado el lunes anterior como ministro de Relaciones Exteriores por el presidente Álvaro Uribe Vélez– ocurrió el 4 de diciembre de 2000, cuando practicaba deporte en Cartagena, ciudad situada en el norte del país. El pasado 5 de enero recobró su libertad como resultado de una operación que las Fuerzas Militares adelantaron contra el frente de las Farc que lo tenía en su poder.
7.639 historias

Las cifras de secuestro entre 1996 y el 2001 eran alarmantes. Según País Libre, 15.214 colombianos fueron secuestrados en este período, siendo el 2000 el año más crítico con 3.572 casos.
Pero es un hecho que en el último lustro se ha registrado un descenso vertiginoso en la tasa de secuestros en Colombia. El resultado es directamente proporcional a la ejecución de la Política de Defensa y Seguridad Democrática del Gobierno. De 2.558 secuestros reportados en diciembre de 2002 se pasó a 687 a finales del año pasado, lo que equivale a una reducción del 272 por ciento en la comisión del delito.
Sin embargo, en Colombia ocurrieron 7.639 historias similares a las de Ingrid Betancourt o de Fernando Araújo Perdomo entre el 23 de febrero de 2002 y la fecha. Esta fría cifra corresponde a la realidad de los colombianos anónimos que según el Fondo de Desarrollo para la Libertad Personal (Fondelibertad) fueron plagiados en ese tiempo. Hoy, únicamente 833 colombianos permanecen secuestrados, muchos de ellos hace más de cinco años.
De estos 7.639 episodios de secuestro registrados por Fondelibertad desde el día que tuvo lugar el plagio de Betancourt, al menos 2.203 son endosados a estructuras de las FARC. La cifra equivale al 28,84 por ciento de los casos.
La delincuencia común y organizada ocupa el segundo lugar en la participación del ilícito con 1.681 plagios (22,01 por ciento), seguida de cerca por el llamado Ejército de Liberación Nacional (Eln) con 1.377 (18,03 por ciento) en los que las autoridades tienen certeza sobre su autoría. La cuota de los grupos de autodefensa es baja: 489 raptos que corresponden al 6,40 por ciento.
En relación con el género, Fondelibertad registró el secuestro de 5.885 personas de sexo masculino, mientras el número de mujeres fue de 1.754 en este período. La edad de las víctimas es otra variable importante, pues 1.111 niños y niñas –entre un mes de nacidos y 17 años de edad– hacen parte de las cifras oficiales.
Por ubicación geográfica, Antioquia, con 1.083 casos de secuestro en estos últimos cinco años, es el departamento más azotado por el flagelo. El delito del secuestro también ha cobrado un importante número de víctimas en Cesar (542), Bogotá (537), Meta (493), Cundinamarca (481), Tolima (428) y Valle (385), para citar los lugares de mayor incidencia.
Con todo, la situación de los secuestros perpetrados en el último lustro evolucionó positivamente, en buena medida por la acción decidida de los Grupos de Acción Unificada para la Libertad (Gaulas) de las Fuerzas Militares y de la Policía Nacional. En este tiempo, las acciones militares y policiales posibilitaron el rescate de 1.613 secuestrados. Otros 489 recobraron la libertad por la presión de las operaciones militares ejecutadas para su rescate en las áreas donde eran mantenidos por su captores.
Los números también indican que 4.264 secuestrados fueron liberados luego de acceder a las pretensiones de sus plagiarios y 139 se fugaron. En nueve casos obró la intervención de organismos humanitarios.
Pero no todos los raptos tuvieron un final feliz. La estadística señala que 271 personas murieron o fueron asesinadas en cautiverio; la cifra no incluye un listado de 21 víctimas sobre las que se tienen serias sospechas acerca de su deceso.
Hoy, cinco años después de su secuestro, el comité de apoyo a Ingrid Betancourt llevará a cabo actos diversos de solidaridad y para sensibilizar sobre su suerte, en Francia, Colombia y otros países de Europa y América.
Pero nadie hablará en nombre de los 833 colombianos que permanecen en poder de organizaciones como las FARC, el Eln o las bandas organizadas que se lucran del ilícito. Su destino también merece el repudio de la comunidad internacional.