Nada más alejado de la realidad. Aunque ciertamente la superficie de la situación volverá a la apariencia de calma, el fondo, ese que generó la crisis, sigue intacto: El apoyo internacional a las FARC y el plan expansionista de Hugo Chávez Frías.
Los hechos hablan por si mismos: La Cumbre de Río comenzó con las descalificaciones y las arengas de Rafael Correa en contra de su homólogo colombiano. Posteriormente Uribe defendió su posición y después de ofrecer disculpas, presentó sus argumentos y enfrentó las agresiones de dos de los miembros del triángulo siniestro. La jornada de la mañana fue candente y presagiaba un oscuro final.
Pero todo cambió en la tarde. Muchos observaron admirados que de repente amainaron los ánimos y comenzaron a surgir algunas propuestas para solucionar la crisis. ¿Y por qué ocurrió ese milagro? Por obra y gracia de Hugo Chávez Frías, quien guardó silencio en la mañana y en la tarde intervino con chistes y cantos, muy al estilo del arlequín de Miraflores. Fue la posición de Chávez, premeditada para lograr que su nombre no figure en una investigación de la Corte Penal Internacional, la que consiguió calmar los ánimos que él mismo había incendiado.
Chávez ya había dado los primeros indicios de su preocupación ante la amenaza del mandatario colombiano, pues además de las risitas socarronas y de las burlas estúpidas sobre las bases para la formulación de la denuncia ante la CPI, había anunciado la necesidad de “enfriar el tema con Colombia”, para obtener el “olvido” de su complicidad irrestricta con las FARC.
Es más: La agresividad de Correa, a pesar de seguir prácticamente intacta con respecto a Uribe, también se vió en sus encuentros finales con Hugo Chávez, pues quedó en evidencia que el paracaidista utilizó al presidente ecuatoriano, exaltó los ánimos y luego llegó a cantar y a ejercer de mal comediante, así la presidenta de Argentina riera a carcajadas con cada ocurrencia del mandatario venezolano. Hay que reconocerlo: Chávez tiene el poder suficiente para desestabilizar la zona y en una de sus tantas salidas, incendiar la región.
Si bien las formas se moderarán, los elementos de fondo están intactos: Chávez sigue adquiriendo armamento, reconociendo a las FARC como “insurgentes”, albergando a varios de los cabecillas terroristas, moviendo sus marionetas y financiando su plan expansionista.
Del otro lado, al sur de Colombia, las cosas no son distintas: Rafael Correa continúa sus alianzas con Chávez y los campamentos de las FARC siguen cómodamente instalados en su país, sin darle la menor importancia a esa gravísima violación de la soberanía. Es más: Correa y sus militares deberían explicarles a los ecuatorianos porqué estaba asentado en su territorio el campamento del número dos de las FARC, en donde atendía cómodamente a decenas de invitados de diferentes nacionalidades y calañas: Desde estudiantes mexicanos y chilenos, hasta miembros de ETA.
Es bueno indicar que pese a que Correa acusó a Uribe de mentiroso, los hechos señalan que ha sido el presidente ecuatoriano quien ha mentido descaradamente: Mi gobierno no tendrá contactos con las FARC sin autorización de Colombia, el campamento era de paso, bombardearon desde espacio aéreo ecuatoriano y mi gobierno no tenía conocimiento de la permanencia de ‘Raúl Reyes’ en territorio ecuatoriano… toda una colección de mentiras, gravísimas mentiras, que Correa deberá explicar en Quito.
Puede que después de los abrazos de Santo Domingo, la forma cambie… que de repente Uribe no sea un mafioso paramilitar, que de golpe no sea un mentiroso compulsivo, ni el líder del terrorismo de Estado. Puede que ‘Iván Ríos’ no reciba un minuto de silencio, o que Daniel Ortega no vuelva a llamar hermano a ‘Tirofijo’, pero eso es cuestión de formalidades, porque debajo de la superficie sigue el plan de Chávez y de las FARC, acolitado por fervientes seguidores que en nuestro propio país siguen las instrucciones y preparan el terreno para la operación orquestada desde el eje Caracas – La Habana.
Una crisis que pudo terminar en un baño de sangre
Muchos han respirado tranquilos porque los tambores de guerra han dejado de sonar. Pero si la actitud del gobierno colombiano hubiese sido igual de agresiva a la de Caracas, Quito y Managua, a esta hora ya estaríamos en guerra. Mientras se realizaba la Cumbre de Río, en la frontera de Colombia y Venezuela ubicada en la Guajira, en Paraguachón concretamente, una patrulla de comandos de la Disip ingresó unos cuantos centímetros a territorio colombiano, después de disparar contra un vehículo que ignoró una orden para detenerse.
La radiopatrulla fue atacada por civiles enardecidos que rompieron sus vidrios y generó, por unos cuantos minutos, un fuerte intercambio verbal entre los ciudadanos colombianos y algunos uniformados de las fuerzas estatales venezolanas.
¿Qué estaríamos viviendo si el paso fronterizo, del lado colombiano, hubiese estado militarizado? El polvorín estaría en llamas y a estas alturas estaríamos midiendo fuerzas en el desangre de una guerra.
Santo Domingo: El final de la crisis
Varias cosas han quedado claras: Evidentemente Colombia no puede violar la soberanía de ningún país, pero también resulta indispensable un rápido acuerdo para la cooperación de Ecuador y Venezuela en la lucha contra lo que podríamos llamar, para que Huguito entienda, factores desestabilizadores armados que cometen acciones terroristas.
Otro asunto importante es que el continente conoció la grave situación de impunidad y complicidad de dos gobiernos con los terroristas. La declaración final de la Cumbre es clara: Los llama criminales, y reconoce que para Colombia las FARC son terroristas. El punto octavo dice lo siguiente:
8. Reiteramos nuestro firme compromiso de combatir las amenazas a la seguridad de todos sus Estados, provenientes de la acción de grupos irregulares o de borganizaciones criminales, en particular de aquellas vinculadas a actividades del narcotráfico. Colombia considera a esas organizaciones criminales como terroristas.En cualquier caso, para Chávez y para Correa resultará difícil seguir justificando a las FARC cuando enfrentan ya un concenso de que las FARC son criminales, pues no tiene presentación que sus gobiernos los acojan y protejan. Además, porque la legislación internacional también es específica en cuanto a la prohibición de hospedar en el territorio a criminales.
De otro lado, Ecuador obtuvo una victoria moral a medias, pues la Cumbre RECHAZÓ la acción colombiana, y siguiendo el mapa trazado por la OEA, no se produjo una condena formal. Sin embargo, Uribe ofreció unas sinuosas excusas que fueron aplaudidas y tomadas como contundentes.
Así mismo, Chávez ganó el reconocimiento tácito como un poder generador de estabilidad o de inestabilidad en la región: Manejó la Cumbre a su antojo y consiguió que Uribe se retractara de la denuncia ante la CPI. Sin embargo, el punto sexto de la declaración final de la Cumbre es una fuerte derrota para el arlequín de Miraflores:
6. Recordamos también los principios, consagrados por el derecho internacional, de respeto a la soberanía, de abstención de la amenaza o el uso de la fuerza y de no injerencia en los asuntos internos de otros Estados, destacando que el artículo 19 de la Carta de la Organización de Estados Americanos prescribe que ''Ningún Estado o Grupo de Estados tiene el derecho de intervenir, directa o indirectamente, y sea cual fuere el motivo, en los asuntos internos o externos de cualquier otro. El principio anterior excluye no solamente la fuerza armada, sino también otra forma de injerencia o de tendencia atentatoria de la personalidad del Estado, de los elementos políticos, económicos, y culturales que lo constituyen.''Es decir: Los mandatarios del Grupo de Río no están dispuestos a soportar que Chávez sigua inmiscuyéndose en las problemáticas de otros estados.
Entre tanto a Uribe le correspondió capotear un temporal, pues estaba solo enfrentando al triángulo siniestro. Aunque defendió sus posiciones con argumentos, se vió a un Presidente disperso que anunciaba una respuesta para un mandatario y en la práctica se dirigía a otro. De igual forma, las expresiones gestuales de algunos dirigentes, como Cristina Fernández, mostraron una profunda antipatía, casi desprecio, por el presidente colombiano.
En el fondo la ganancia real de toda esta crisis es que se cumplió con el objetivo de la operación que desató la ira de Ecuador: El segundo de las FARC está muerto, con lo que además quedó en evidencia la complicidad de algunos gobiernos con el grupo terrorista más antiguo y mediocre del mundo.
Por Jaime Restrepo. Director Sistema Atrabilioso.




