Tenía que abrir la boca el asesor presidencial José Obdulio Gaviria para pronunciarse sobre la muerte de alias ‘Tirofijo’: “Lo importante es que las FARC son cosa del pasado… ya no existen”. Un funcionario responsable, sobre todo uno que tiene tanta visibilidad e influencia, no puede conducir a semejante equivocación a la ciudadanía.
La afirmación de José Obdulio demuestra lo mal rodeado que está el Presidente, con un círculo de “artistas” que se atreven a pintar una realidad absurda y desbordadamente optimista.
Un triunfalismo de tanta envergadura es un simple discurso propagandista que a la larga perjudica al Presidente y le brinda munición a la oposición, tan necesitada hoy en día de argumentos para armar alharaca y aparecer en los medios, pues dirán que el triunfalismo obdulista es solo una distracción para ocultar la artimaña de la yidispolítica. Por fortuna para José Obdulio, las FARC se apresuraron a lanzarle un salvavidas confirmando la muerte de 'Tirofijo', silenciando las declaraciones opositoras que ya comenzaban a señalar que el anuncio de la muerte del jefe terrorista era una cortina de humo (no conocen otro término) para ocultar lo de la parapolítica o la yidispolítica.
No obstante, al Presidente le deberían decir la verdad: que las FARC son cosa del presente y del inmediato futuro, pues no solo la conforman los palurdos del monte sino también los que impulsan el proyecto totalitario desde las universidades, sindicatos, colegios y partidos políticos… ¡ah! Y desde el vecindario. Decirle algo distinto es mentirle descaradamente y aislarlo de la realidad nacional.
Que ‘Tirofijo’ esté muerto no significa que las FARC hayan descendido con él al sepulcro, pues las estructuras terroristas, aunque deterioradas, siguen vivas y con capacidad de cometer crímenes contra los colombianos: además de las estructuras en el exterior (sorprendente la parafernalia que armó Telesur en menos de 24 horas para difundir la noticia del mediocre terrorista muerto) las milicias urbanas continúan activas y dos o tres terroristas pueden detonar carros-bomba, comprar secuestrados o seguir practicando el plan pistola (sicarios que disparan contra miembros de las fuerzas de seguridad).
Ciertamente ya no se puede pensar en las FARC como una organización de grandes movilizaciones, pero eso no implica que carezcan de la capacidad terrorista que desde hace muchos años las caracteriza... es que para sembrar el terror no se necesitan centenares de criminales sino unos pocos que estén decididos y que reciban la orden.
Tampoco implica que el grupo terrorista se de por vencido y entre a pactar su rendición, pues hay muchos cabecillas que prefieren morir con su AK-47 en las manos que transar con el Estado algo distinto a la pretendida toma del poder. Y mientras mueren bombardeados o baleados, seguirán intentando demostrar que están en pie de lucha, ejecutando macabros espectáculos de terror o intentando la toma de poblaciones y las emboscadas contra el Ejército. También buscarán la forma de extorsionar, de seguir con el negocio de la droga y de secuestrar a cualquier colombiano que les de la oportunidad... harán todo lo que puedan hacer para demostrar que las FARC siguen siendo sujeto de negociación.
José Obdulio Gaviria no debería desconocer que los aliados de las FARC no van a perder fácilmente la posibilidad de intimidar a los ciudadanos con las armas y con actos de terror. Puede que en la actual coyuntura los cómodos terroristas de civil decidan aparentar distancia de los palurdos del monte, pero los principales líderes de la embestida totalitaria en Lationamérica no van a resignarse a ver morir a la "emblemática guerrilla” de las FARC que para los románticos es la más antigua de América y para los realistas es solo la más mediocre del mundo.
Perder ese imaginario resultaría costoso para sus pretensiones, pues ya no contarían con la “leyenda” de esos revolucionarios altruistas que luchan contra el sistema, lo que tanto cautiva a los ignorantes “estudiosos” que terminan vinculándose con el grupo terrorista en muchos rincones del planeta.
Sin embargo, lo más grave es que las afirmaciones de Gaviria conducen al error. Los terroristas seguirán al asecho con el agravante de que algunos colombianos crédulos pensarán que como las FARC no existen, entonces ya no son una amenaza y se puede bajar la guardia: un carro sospechoso frente a un centro comercial podría pasar desapercibido; un retén en la carretera ya no será una pesca tenebrosa sino un operativo militar; un oscuro personaje rondando la casa sería un extraviado y no un secuestrador potencial, o un vehículo que nos sigue no estaría haciendo labores de inteligencia sino que curiosamente coincide con nuestro destino.
Y ni hablar de la mayor fortaleza de las FARC, sus aliados políticos, cuyas declaraciones, embestidas, estrategias y permanentes ataques serán tomados como el normal desarrollo de la democracia y no como el complemento de un plan totalitario del que las FARC son solo la parte violenta visible.
Es el colmo de la falta de seriedad de José Obdulio, quien pasa por alto temas fundamentales como el coletazo terrorista que es el último estertor de ese tipo de grupos cuando están a punto de derrumbarse… lo vivieron Perú, Italia y en buena medida el Reino Unido, pues en el desespero de la inminente debacle, los grupos terroristas cometen las últimas acciones de intimidación para tratar de demostrar que están vivos y con capacidad para dañar. Muchos de esos coletazos, por simple inoperancia e ingenuidad de los estados, han permitido el resurgimiento de los terroristas, con más sevicia en sus acciones.
Al país no se le puede mentir de una manera tan descarada pues además, a partir de esa premisa, cualquier acción terrorista que cometan las FARC desde ahora, será un relanzamiento del grupo criminal con gravísimas consecuencias en costo de vidas y en ganancias políticas para los aliados del terrorismo.
AL CIERRE: Dice el ministerio de Defensa que ‘Tirofijo’ murió por un paro cardiaco o por un bombardeo… no puedo menos que desear que haya sido como resultado de un bombardeo, con miles de heridas en su achacoso cuerpo y con todo el dolor posible. Solo aspiro a que haya recibido una dosis minúscula de su propia medicina, esa que aplicó con tanto dolor, con tanta sangre y con tanto sufrimiento a lo largo y ancho del país.
Si murió de viejo, es la culminación de la vida patética de un tipo mezquino y mediocre: ‘Tirofijo’ es sinónimo de fracaso agravado, pues en el despeñadero se llevó por delante miles de vidas y buena parte del progreso de Colombia.
Ese mediocre criminal solo quería el poder para ejercerlo sobre un arrume de cadáveres… no logró lo primero, pero hizo muchísimo para conseguir lo segundo.
Por Jaime Restrepo. Director del Sistema Atrabilioso.
La afirmación de José Obdulio demuestra lo mal rodeado que está el Presidente, con un círculo de “artistas” que se atreven a pintar una realidad absurda y desbordadamente optimista.
Un triunfalismo de tanta envergadura es un simple discurso propagandista que a la larga perjudica al Presidente y le brinda munición a la oposición, tan necesitada hoy en día de argumentos para armar alharaca y aparecer en los medios, pues dirán que el triunfalismo obdulista es solo una distracción para ocultar la artimaña de la yidispolítica. Por fortuna para José Obdulio, las FARC se apresuraron a lanzarle un salvavidas confirmando la muerte de 'Tirofijo', silenciando las declaraciones opositoras que ya comenzaban a señalar que el anuncio de la muerte del jefe terrorista era una cortina de humo (no conocen otro término) para ocultar lo de la parapolítica o la yidispolítica.
No obstante, al Presidente le deberían decir la verdad: que las FARC son cosa del presente y del inmediato futuro, pues no solo la conforman los palurdos del monte sino también los que impulsan el proyecto totalitario desde las universidades, sindicatos, colegios y partidos políticos… ¡ah! Y desde el vecindario. Decirle algo distinto es mentirle descaradamente y aislarlo de la realidad nacional.
Que ‘Tirofijo’ esté muerto no significa que las FARC hayan descendido con él al sepulcro, pues las estructuras terroristas, aunque deterioradas, siguen vivas y con capacidad de cometer crímenes contra los colombianos: además de las estructuras en el exterior (sorprendente la parafernalia que armó Telesur en menos de 24 horas para difundir la noticia del mediocre terrorista muerto) las milicias urbanas continúan activas y dos o tres terroristas pueden detonar carros-bomba, comprar secuestrados o seguir practicando el plan pistola (sicarios que disparan contra miembros de las fuerzas de seguridad).
Ciertamente ya no se puede pensar en las FARC como una organización de grandes movilizaciones, pero eso no implica que carezcan de la capacidad terrorista que desde hace muchos años las caracteriza... es que para sembrar el terror no se necesitan centenares de criminales sino unos pocos que estén decididos y que reciban la orden.
Tampoco implica que el grupo terrorista se de por vencido y entre a pactar su rendición, pues hay muchos cabecillas que prefieren morir con su AK-47 en las manos que transar con el Estado algo distinto a la pretendida toma del poder. Y mientras mueren bombardeados o baleados, seguirán intentando demostrar que están en pie de lucha, ejecutando macabros espectáculos de terror o intentando la toma de poblaciones y las emboscadas contra el Ejército. También buscarán la forma de extorsionar, de seguir con el negocio de la droga y de secuestrar a cualquier colombiano que les de la oportunidad... harán todo lo que puedan hacer para demostrar que las FARC siguen siendo sujeto de negociación.
José Obdulio Gaviria no debería desconocer que los aliados de las FARC no van a perder fácilmente la posibilidad de intimidar a los ciudadanos con las armas y con actos de terror. Puede que en la actual coyuntura los cómodos terroristas de civil decidan aparentar distancia de los palurdos del monte, pero los principales líderes de la embestida totalitaria en Lationamérica no van a resignarse a ver morir a la "emblemática guerrilla” de las FARC que para los románticos es la más antigua de América y para los realistas es solo la más mediocre del mundo.
Perder ese imaginario resultaría costoso para sus pretensiones, pues ya no contarían con la “leyenda” de esos revolucionarios altruistas que luchan contra el sistema, lo que tanto cautiva a los ignorantes “estudiosos” que terminan vinculándose con el grupo terrorista en muchos rincones del planeta.
Sin embargo, lo más grave es que las afirmaciones de Gaviria conducen al error. Los terroristas seguirán al asecho con el agravante de que algunos colombianos crédulos pensarán que como las FARC no existen, entonces ya no son una amenaza y se puede bajar la guardia: un carro sospechoso frente a un centro comercial podría pasar desapercibido; un retén en la carretera ya no será una pesca tenebrosa sino un operativo militar; un oscuro personaje rondando la casa sería un extraviado y no un secuestrador potencial, o un vehículo que nos sigue no estaría haciendo labores de inteligencia sino que curiosamente coincide con nuestro destino.
Y ni hablar de la mayor fortaleza de las FARC, sus aliados políticos, cuyas declaraciones, embestidas, estrategias y permanentes ataques serán tomados como el normal desarrollo de la democracia y no como el complemento de un plan totalitario del que las FARC son solo la parte violenta visible.
Es el colmo de la falta de seriedad de José Obdulio, quien pasa por alto temas fundamentales como el coletazo terrorista que es el último estertor de ese tipo de grupos cuando están a punto de derrumbarse… lo vivieron Perú, Italia y en buena medida el Reino Unido, pues en el desespero de la inminente debacle, los grupos terroristas cometen las últimas acciones de intimidación para tratar de demostrar que están vivos y con capacidad para dañar. Muchos de esos coletazos, por simple inoperancia e ingenuidad de los estados, han permitido el resurgimiento de los terroristas, con más sevicia en sus acciones.
Al país no se le puede mentir de una manera tan descarada pues además, a partir de esa premisa, cualquier acción terrorista que cometan las FARC desde ahora, será un relanzamiento del grupo criminal con gravísimas consecuencias en costo de vidas y en ganancias políticas para los aliados del terrorismo.
AL CIERRE: Dice el ministerio de Defensa que ‘Tirofijo’ murió por un paro cardiaco o por un bombardeo… no puedo menos que desear que haya sido como resultado de un bombardeo, con miles de heridas en su achacoso cuerpo y con todo el dolor posible. Solo aspiro a que haya recibido una dosis minúscula de su propia medicina, esa que aplicó con tanto dolor, con tanta sangre y con tanto sufrimiento a lo largo y ancho del país.
Si murió de viejo, es la culminación de la vida patética de un tipo mezquino y mediocre: ‘Tirofijo’ es sinónimo de fracaso agravado, pues en el despeñadero se llevó por delante miles de vidas y buena parte del progreso de Colombia.
Ese mediocre criminal solo quería el poder para ejercerlo sobre un arrume de cadáveres… no logró lo primero, pero hizo muchísimo para conseguir lo segundo.
Por Jaime Restrepo. Director del Sistema Atrabilioso.