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viernes, 16 de marzo de 2007

Más sentido de pertenencia

Por: Miguel Yances Peña. Columnista de El Universal de Cartagena.
myances@msn.com

Buenos comentarios generó mi columna de la semana anterior, aunque también agresiones verbales transmitidas por teléfono y a viva voz desde la calle. A los primeros les agradezco, y excuso a la segunda que habrá entendido que las buenas maneras, los argumentos y las ideas, son mejores armas que el amedrentamiento, al menos en mi caso.

En aquella ocasión comenté la mala socialización –aunque ajustada a la ley- de las reformas que planea hacer el Club Náutico, y presenté algunos criterios y preocupaciones con el fin de adecuarlo a las condiciones del espacio y las exigencias del sector y la vecindad, que podrían llevar a la necesidad de un replanteamiento -para eso es la socialización- del proyecto original.

La airada reacción era de esperarse, porque en torno al tema del espacio público, suele suceder que se enfrentan el interés general con el particular. No obstante no tendría que ser así, pues ciertas actividades comerciales, le dan mejor uso, que la misma comunidad: un restaurante a la orilla de la bahía, en una plaza del sector amurallado, o sobre las murallas, por ejemplo, pueden ser elementos que enriquecen el paisaje y brindan –igual que una marina- la oportunidad de experimentar sensaciones placenteras que de otro modo no se tendrían

Se trata entonces de entender, que aunque la comunidad no proteste por miedo, por desconocimiento de sus derechos, o porque no tiene los medios para hacerlo, puede exigir a quienes han obtenido el privilegio de explotar comercialmente esos espacio, respeto a la tranquilidad -lo cuál es muy fácil, si se regularan efectivamente los horarios, y los niveles de sonido- y buenos modales en el trato con la comunidad.

El tema de las marinas, los yates y los veleros; y las regatas y los torneos de pesca que ellos organizan, permiten el ejercicio de un sano deporte y ofrecen un hermoso espectáculo para quienes viven en sus alrededores, pero eso no es suficiente contraprestación; tampoco los derechos que se pagan para obtener la concesión, ni los impuestos, pues estos normalmente se los come la burocracia, o se invierten en otros menesteres. La gente espera recibir también beneficios colectivos, al menos, mientras haya tantas falencias urbanas en la vecindad, como paseos peatonales deteriorados, ausencia de vegetación, o parques y jardines mal cuidados.

Se equivocan entonces los empresarios que montan negocios de alto impacto y no negocian unas condiciones mínimas con la comunidad afectada, esa comunidad los toleraría y hasta los defendería ante cualquier intento de quitarles la concesión, si así lo hicieran.

Con la participación directa de empresas como la SPRC, el Restaurante Club de Pesca y las Marinas (todas, concesionarias de espacio público) pero en general, con el de todas las empresas e instituciones establecidas, incluidas las constructoras, se le puede cambiarle la cara al barrio.

Para crear responsabilidades directas, el mecanismo podría ser el del apadrinamiento de paseos peatonales, parques y jardines, en los que se les permita colocar publicidad que armonice con el entorno, para que exista el estimulo y para que la comunidad identifique al benefactor y lo califique con sus comentarios. En el corto plazo eso se reflejará en clientización, y finalmente en los estados financieros.

Realmente no fue mi intención hace una semana, cazar peleas personales ni alimentar viejos odios que tienen que desaparecer; solo pretendí presentar ideas que nos aseguren el rescate y mantenimiento del Paseo Peatonal, y de los parques, para convertir el barrio de Manga en un lugar más bonito y más amable para nosotros, y también para las marinas y sus intrépidos visitantes.

Así espero también, que se entienda la presente.