jueves, 12 de febrero de 2009

Alerta: una hecatombe irreversible

El país ha incursionado en un debate peligroso y amenazante para el futuro del país: el del referendo para conseguir la segunda reelección del Presidente.

Ahora presenciamos un espectáculo deplorable en el que los colombianos que creemos en las políticas planteadas y ejecutadas por Álvaro Uribe, pero vemos la peligrosidad de la iniciativa no solo en la mecánica sino también en el contenido, somos descalificados y hasta tildados de insensatos, lo que abre un escenario divisionista y abona el terreno para los aliados de las Farc en su búsqueda del poder.

Como están las cosas, el debate resulta estéril pues los hechos, y no el deseo, demuestran que estamos muy lejos de la aprobación de la reelección.

Son por lo menos cinco situaciones que tienen que funcionar para que se pueda llegar al referendo reeleccionista. El primero es que el Congreso cambie la pregunta y apruebe que sea reformulada para una posible reelección para el 2010 y no para el 2014, como fue erradamente planteada por los promotores del referendo.

Posteriormente se tendrá que dar la aprobación de la convocatoria y esto, si las cosas salen bien, solo se conseguirá a principios de julio. Luego, el referendo tendrá que pasar por la revisión del Procurador General de la Nación, quien tiene dos meses para pronunciarse.

De igual forma, la Corte Constitucional tendrá entre dos y ocho meses para emitir un concepto sobre el referendo y los promotores aspiran a que el organismo judicial cambie la filosofía y desconozca el fallo que aprobó la primera reelección. Esto podría demorarse hasta mediados de diciembre, si las cosas salen bien.

Sin embargo si toda la mecánica anterior funciona y sale tal y como lo pretenden, la búsqueda de la aprobación de la segunda reelección coincidirá con las campañas para el Congreso y para la Presidencia. Entonces el ciudadano será sometido a una carga tan alta de mensajes cruzados, que terminará por confundirse y, los psicólogos saben de qué hablo, ante semejante ruido, un porcentaje importante decidirá apartarse del tema y abstenerse.

Esa abstención es sumamente grave si se tiene en cuenta que la aprobación del referendo requiere más de 7 millones de votos (según el censo electoral de 2008) y que justo en enero de 2010, muchos electores carecerán de un documento válido para votar, gracias al vencimiento de las cédulas de ciudadanía.

Es respetable el optimismo de los promotores del referendo, pero el triunfalismo es la antesala de las peores derrotas: ¿Qué pasa si es rechazado el referendo? El panorama en ese escenario es catastrófico. Mientras el referendo esté sobre el tapete, ninguna candidatura uribista despegará.

De igual forma, el referendo consumirá, además de enormes recursos financieros, buena parte de la energía política del Presidente y del verdadero uribismo. Al ser derrotada la iniciativa, el uribismo quedaría sin capacidad de maniobra para rectificar el rumbo y apoyar a un candidato de sus entrañas quien de todas maneras será percibido como un advenedizo que fue escogido a última hora para superar la emergencia.

Como si fuera poco, ese candidato tendría que cargar con el lastre de la derrota en el referendo que será vendida por la oposición como un triunfo contra Uribe y sus políticas. Claro que todo puede ser peor: el aspirante uribista solo tendría en la práctica, dos meses para enfrentar a por lo menos dos candidatos de la oposición que tendrán un activo de medio año de campaña.

Esto significa que el uribismo no tendrá una opción real de conquistar la Presidencia y por cuenta del referendo se le estará entregando el poder a la oposición amiga del intercambio “humanitario”, del despeje y de la claudicación del Estado a favor de las Farc.

Los hechos, y sobre todo el camino tortuoso y lleno de incertidumbre, demuestran que el referendo depende de muchas variables sobre las cuales no existe un control real y efectivo. Es más: dicho mecanismo de consulta está sometido al azar y eso no parece responsable ni con el país, ni con el proyecto político del Presidente.

Por Jaime Restrepo. Director de Atrabilioso.

miércoles, 11 de febrero de 2009

Orwell en Colombia

El escritor británico George Orwell ha quedado como un clásico de la literatura y del análisis político del siglo XX por su atención al lenguaje y a las implicaciones de éste en la conducta de la sociedad. Su novela 1984, una ácida caricatura del régimen soviético, ha quedado como el retrato perfecto del totalitarismo y de la corrupción del lenguaje que permitió la dominación de la casta burocrática.

Aludir a un tema como ese en un blog colombiano parece algo que no va a interesar mucho a los lectores: lo predominante es la búsqueda de confirmación de las propias certezas y la pereza en fijarse en algo como el lenguaje. Pero sin salir de las rutinas mentales será imposible entender lo que ocurre, por ejemplo lo que hay en la cabeza de los terroristas o de quienes los apoyan. Todavía está en minoría quien diga que las guerrillas en Colombia son expresión de la cultura tradicional: quien más quien menos, todos encuentran culpables de todo tipo, entre los que el más socorrido y lamentable es el del narcotráfico, fenómeno que empezó a ser importante varias décadas después del surgimiento de las guerrillas y es más bien consecuencia de la ideología revolucionaria.

Tan en minoría como quien intenta explicar que las creencias supersticiosas de la mayoría de los colombianos son sobre todo rasgos del atraso. La superstición es un buen ejemplo, las nociones reemplazan en la mente los fetiches a los que se encendían velitas o los productos mágicos que despertaban la pasión por uno en otra persona. Buen ejemplo de eso es “revolucionario”. ¿Qué es “revolucionario”? Uno puede encontrarse como hablando a una asamblea de sordos si explica que “revolución” en términos políticos es sinónimo de “violencia”, y por lo general una cosa funesta para la gente a la que se pretende redimir.

Nada: el primitivo encontró que a la revolución y a lo revolucionario se podría adscribir todo lo deseable (como los racistas atribuyen a los negros todas las condiciones despreciables), y a partir de ahí encuentra lo revolucionario como amigo y lo contrarrevolucionario como enemigo, con lo que cualquier examen de las cosas es imposible. Mejor dicho, la persuasión es posible, siempre y cuando se use la retórica que encaja en la mente del primitivo. Para conseguir lo que uno quiere de él, adorna con adjetivos como “revolucionario” la pretensión.

Atender al lenguaje es importante porque no puede haber sociedades sin lenguaje. Y el lenguaje es tradición literaria, no surge de sí mismo sino del comercio de muchas generaciones humanas. El lenguaje corriente, sobre todo gracias a los medios, está lleno de figuras literarias que la gente no detecta y que son útiles a la persuasión, exactamente como el lenguaje falseado de los nazis y comunistas servía para llevar a los verdugos correspondientes a crueldades peores que las de los niños sicarios de la izquierda democrática en Colombia.

A mí me parece del máximo interés analizar el lenguaje de los amigos del terrorismo porque necesitamos entender lo que bulle en su cabeza. Ese lenguaje corrompido es obra de literatos más o menos hábiles y opera en esas mentes porque la cultura literaria del país es ínfima y la disposición a obtener recursos copiosos sin esfuerzo muy grande: lo mismo que se supone que motiva el tráfico de drogas está en la base del sindicalismo estatal. El maestro, el abogado de la Procuraduría, el profesor universitario, el médico del antiguo ICSS, el empleado judicial, el de la antigua Telecom o de Ecopetrol y de muchas otras entidades públicas resultaba a un tiempo favorecido por privilegios inconcebibles para los demás colombianos y a salvo de toda evaluación gracias a su adhesión a la causa “revolucionaria”.

¡Y además contaba con el halago, aparte de estar en el estrato 5 o 6 sin grandes esfuerzos, resultaba de la clase de personas justas y generosas que despreciaban a los yanquis y el neoliberalismo! Claro que sólo en la medida en que lo ignorara todo sobre economía, historia y aun literatura. Pero las exigencias del medio eran modestas, y la izquierda le ofrecía sus autores y sus obras, de modo que tampoco era (es) difícil sentirse de una élite intelectual.

Buen ejemplo de ese lenguaje es la palabra paz. ¿Qué es la paz? Cada vez que renunciamos a mirar el diccionario por la seguridad de que sabemos lo que es algo, estamos cayendo en sobreentendidos que nos impiden entender las cosas. ¿Cómo es que hay un grupo de intelectuales y personalidades que se llaman “Colombianos por la Paz”? Ciertamente, la mayoría de ellos esperan ascender socialmente gracias a las guerrillas y aun obtener rentas, pero ¿a qué aluden cuando hablan de paz?

Sin remedio hay que volver a hablar de literatura. De retórica. Sabemos que están a favor de las guerrillas y consideramos su lenguaje un recurso falaz. Pero ¿cómo esperan que alguien les crea? La verdad es que tienen partidarios, y esos partidarios les creen.

¿Cómo así que les creen? Basta con leer los comentarios de los estudiantes y empleados estatales en los foros de la prensa para comprobar que son muchos los que apoyan a esa gente. No la mayoría de los ciudadanos, ni muchísimo menos, pero la mayoría puede verse arrastrada por diversas perversiones del lenguaje y apoyando políticas que podrían perjudicarla. ¿Qué ocurrió con el “Mandato Ciudadano por la Paz” de 1997? Sus gestores lo convirtieron en un elemento de presión a favor de la negociación con las guerrillas, lo que reforzó la determinación de Pastrana de negociar las leyes y el poder con los terroristas. Del mismo modo, los amigos de la guerrilla intentaron convertir la movilización del año pasado en contra de las FARC en presión por el “intercambio humanitario”. No lo consiguieron, pero la obsesión por el secuestro, un síntoma de la guerra como las bombas o las minas o la extorsión, llevó a una nueva manipulación: la misma organización convocante terminó acompañando el show de las liberaciones de la semana pasada. ¿Qué es la paz? ¿Por qué esa panda de bellacos asumen encantados el nombre de “Colombianos por la Paz” que les asignan las FARC, organización a la que suelen hacer propaganda por diversos medios? (Por ejemplo, se puede oír lo que dice Jorge Enrique Botero de alias Raúl Reyes.) ¿A quién pretenden engañar?

Se llama sinécdoque y es una figura retórica que se usa continuamente, por ejemplo en expresiones como “la mano que mece la cuna”. En el contexto de la propaganda de El Espectador, la palabra paz sirve para aludir a “negociaciones de paz”. Los intelectuales a los que lidera Piedad Córdoba son los “colombianos por las negociaciones de paz”.

Y eso es muy interesante porque a fin de cuentas esos personajes cuentan con el apoyo expreso o tácito de toda la oposición política. ¿Cómo es que la mayoría de los periodistas e intelectuales, amén de muchos políticos, acompañan ese curioso desplazamiento de sentido? Porque esas negociaciones de paz les interesan. Los votantes de Samuel Moreno, al que Gustavo Petro le pregunta si está asociado con las FARC, sienten que es bueno que haya quien le reclame a las FARC dejar de secuestrar porque eso no les conviene y aleja una negociación política.

Ese anhelo de negociación lleva siempre a la cuestión que más incomoda a la gente que no está con la guerrilla: la de si ésta tiene apoyos políticos significativos en la sociedad. En mi opinión no hay ningún error más funesto que negar esos apoyos, que se evidencian en toda esa actitud. Los que esperan que finalmente a las FARC se las premie en el sentido de que el país se haga más socialista y se favorezca más a los proveedores de educación y salud y demás son varios millones de personas.

A las cuales la paz sin negociación, la paz derivada simplemente de que los que hacen la guerra desisten, no les interesa. No les gusta. ¿Puede haber paz sin justicia?, se preguntan. Uno puede suponer que de la negociación con unos criminales totalitarios no va a resultar ninguna justicia, pero ¿qué es la justicia? Ya el ejemplo de los países vecinos ha mostrado hasta qué punto hay vastos sectores de la población que se sienten agraviados por la vieja cleptocracia y esperan reemplazarla: ésa es la “justicia” para ellos.

Y cuando “paz” es “negociaciones de paz” nos encontramos con que esas negociaciones son el oxígeno que necesitan los terroristas totalitarios para recuperarse y emprender nuevas acciones criminales, como ha ocurrido en la última semana. Lo cual nos lleva de nuevo a Orwell y a la corrupción del lenguaje.

Uno de los lemas del Estado totalitario que describe en 1984 es “La paz es la guerra”. Los colombianos por la paz son los colombianos por la guerra, y el problema es que frente a una minoría inteligente y organizada, directamente heredera de los grupos que siempre han dominado el país, sólo hay una masa desorientada que cree que las FARC son una rebelión de bandidos rústicos con ideas pasadas de moda.

martes, 10 de febrero de 2009

Las liberaciones

En el proceso cognitivo es un grave error pretender analizar los hechos desligados del contexto, y de su conexión histórica

En ese error caen, voluntaria o involuntariamente, perversa o ingenuamente, quienes entienden la liberación de secuestrados por las FARC, como un acto humanitario que las enaltece, y no como un “bien depurado” mecanismo político para llamar la atención de los medios y del público, y hacer que los liberados, con poca información sobre las acciones del gobierno en procura de su libertad, o adoctrinados, lo cuestionen; y de paso crear el escenario propicio para que los mismos columnistas, oportunista u opositores de siempre, la arrematan nuevamente contra las políticas del Estado.

El gobierno está cometiendo un crimen por omisión al negarse a un intercambio humanitario, (…) volvería a poner más trancas a la eventualidad de uno, dice un columnista en El TIEMPO; ¡qué información mas irresponsable e injusta!

La memoria me traicionaría si pretendiera enumerar todas las acciones del gobierno en procura de la libertad de los secuestrados (algunas con resultados, otras aún no) pero en términos generales, las mas recientes liberaciones hay que entenderlas –ni siquiera como una acción de los facilitadores- si no como el resultado de una política de Estado coherente, que combina la presión militar; el seguimiento al flujo de dinero que los financia; el aislamiento físico y político; la presión ciudadana y de gobiernos extranjeros; la inversión en el campo; el gasto social; el ofrecimiento de recompensas; los programas de reinserción; y la reparación de las victimas; entre muchas otras, que ni el mas perverso de los opositores honestamente puede negar.

Como tampoco podrán negar que es el gobierno quien ha asumido la posición mas flexible, y el que mas alternativas ha ideado y ofrecido; y las FARC, las que mas oportunidades ha despreciado, o utilizado para fortalecerse.

Que el gobierno no ha hecho “nada” (“suficiente” corrigió después uno de los liberados) porque no ha logrado la libertad de todos los secuestrados; sin comprender la génesis de su propia liberación, y sin reconocer que los logros alcanzados indican que se está en la ruta correcta y que en lugar de corregir, hay que enfatizar.

Y finalmente, el otro, la manida frase: hay que negociar el intercambio humanitario; desconociendo, primero, que no se puede negociar irresponsablemente, y segundo, que para negociar se requiere la voluntad de dos.

Realmente hay que ser muy ingenuo para creer que la guerrilla va a preferir la opción de tomarse el Estado y lograr cambios impopulares por la vía democrática (es una contradicción). Lo primero que se acabaría si lo logran, es la democracia y las libertades de las que hace uso la oposición, porque las reformas socialistas, por antinaturales, hay que sostenerlas con dictaduras. La consecuencia es predecible: no la paz, sino otro movimiento armado pero de derecha.

La verdad es que la liberación, ese acto en apariencia desinteresado, humanitario, altruista, es un arma para desprestigiar al gobierno, y ganar imagen nacional e intencional: la misma infiltración de periodistas, y el escándalo que armaron por sobrevuelos mas allá de la distancia critica acordada, lo demuestra. Por eso los hechos no se pueden analizar aislados, sino en su contexto y en su relación histórica, y las decisiones no se pueden tomar sin comprender sus implicaciones futuras.


Por Miguel Yances Peña. Columnista de El Universal de Cartagena.

lunes, 9 de febrero de 2009

La fase mediática de las liberaciones

No había que esperar mucho tiempo para comenzar a encontrarse con elogiosas columnas sobre las declaraciones de Alan Jara. Esto no era difícil de predecir, pues el plan contempla el sacarle el mayor kilometraje posible a las palabras del recién liberado, puestas en su boca durante un largo vuelo que lo llevó de la selva a la libertad.

El primero que se lanzó al agua fue Oscar Collazos. En su columna asegura que ”el Gobierno está cometiendo un "crimen por omisión" al negarse a un intercambio humanitario.” 

¿Será cierto que el Gobierno se niega a un intercambio humanitario? Veamos: durante los 6 años de Uribe se han producido dos liberaciones unilaterales de guerrilleros condenados, incluyendo al terrorista alias ‘Rodrigo Granda’, quien goza de la libertad y de la impunidad que le consiguió, entre otros, el gobierno francés. 

¿Cuándo ha dicho el Gobierno que no está dispuesto a un intercambio humanitario? Lo que el Presidente ha repetido hasta el cansancio es que condiciona las NEGOCIACIONES (que navegarían en la incertidumbre) a que los guerrilleros no vuelvan a sus andanzas y que la zona de despeje que piden las Farc, esté alejada de cascos urbanos y tengan poca densidad demográfica. 

Lo que condena Collazos no es la falta de voluntad del gobierno Uribe: es la fortaleza para no claudicar a los caprichos del terrorismo y someter a miles de colombianos a las arbitrariedades de las Farc, por cuenta de una presunta liberación de algunos secuestrados.

Dice el columnista que “el gobierno Uribe, por su parte, volvería a poner más trancas a la eventualidad de un intercambio humanitario.” Uno se pregunta: ¿Quién está poniendo trancas a dicha eventualidad? ¿Acaso no son las Farc las que exigen la liberación de ‘Sonia’ y ‘Simón Trinidad’? Pero esto carece de importancia para el propagandista de la izquierda “democrática”: lo que hacen los suyos está repleto de buenas intenciones y por lo tanto no hay otro camino, según él, que hacer las concesiones sin musitar palabra. A los suyos hay que hacerles caso y cumplirles las órdenes, y el que se oponga sufrirá la persecución mediática y política, será señalado con calumnias y en general ocupará el deshonroso puesto de enemigo de la paz. 

Otro aspecto importante es que Collazos persevera en la mezcla de intercambio “humanitario” con el tema de la paz. Dice que “la paz sólo es concebida por Uribe como la última estación de un viaje, posterior a la derrota del adversario.” 

Evidentemente para Collazos la paz sólo es posible si Colombia claudica a favor de los intereses mezquinos del grupo al que él representa. Para el columnista, la última estación del viaje está por los lados de la llegada al poder de las Farc (la única intención del movimiento terrorista) y no se conformarán con nada menos… al fin y al cabo, para eso tienen su aparato mediático muy bien aceitado, que da alaridos cada vez que ven más lejana la posibilidad de acceder al poder.

Claro que siempre se puede dar una dosis mayor de cinismo: Collazos advierte de “la pretensión uribista de acabar con la guerrilla a plomo y gastos de guerra exorbitantes, salpimentado todo con las mentiras de la propaganda.” 

¿Mentiras de la propaganda? ¿Acaso se referirá a la cacareada paz como consecuencia del intercambio “humanitario”? ¿O de repente hablará de las trabas del Gobierno al tal intercambio? ¿Estaría pensando Collazos en el despeje de Pradera y Florida como sinónimo de la liberación de “todos” los secuestrados?

De golpe, Collazos Oscar está refiriéndose a la madre de las mentiras de la propaganda que él y los suyos no se cansan de difundir: que “el intercambio humanitario no disminuye la legitimidad del Estado”. Lo que olvidan los propagandistas acogidos a la doctrina Münzenberg es que el Estado puede perder la legitimidad al abrir las puertas a un tenebroso círculo vicioso en el que la guerrilla secuestra sin parar para lograr, posteriormente, intercambios “humanitarios” de colombianos inocentes por peligrosos terroristas capturados y procesados judicialmente por el Estado. ¿Acaso la legitimidad no se pierde al desestimar la penalización de los crímenes? 

Ni más ni menos, con las mentiras de Collazos y su combo, Colombia entraría al desgastante proceso en el que ingresó Israel: sacar de la cárcel, de vez en cuando, a asesinos depravados a cambio de la libertad de soldados secuestrados (en el mejor de los casos) o de cadáveres de israelíes plagiados por las huestes terroristas del fundamentalismo pro-palestino. 

Así las cosas, una de las mentiras propagandísticas de la izquierda “democrática” es que el intercambio traerá la paz… si acaso la paz de la que disfrutan el mayor Guevara o el subintendente Peña, pero esa sería la señal para el inicio de una oleada de secuestros sin precedentes en la que todos, usted y yo incluidos, quedaríamos condenados a la amenaza constante de ser secuestrados y, si bien nos va, ser incluidos en una lista de canjeables. 

Por Jaime Restrepo. Director de Atrabilioso.

viernes, 6 de febrero de 2009

Ofensiva contra las Fuerzas Armadas latinoamericanas

Dentro del marco del Foro Social Mundial, que se realizó en Brasil en enero de 2009, se llevó a cabo el V Foro Mundial de Jueces, cuyo objetivo fue discutir los “crímenes contra la humanidad” cometidos durante las dictaduras en Argentina, Brasil, Chile y Uruguay. Paralelamente, abogados vinculados al Partido de los Trabajadores anunciaron que tratarán de derogar la Ley de Amnistía brasileña de 1979, para así poder juzgar a los militares que combatieron los grupos izquierdistas.

Ciertamente, algunos militares cometieron excesos e, incluso, crímenes; pero el objetivo de estas acciones no es hacer justicia, sino cobrar venganza y acabar con las instituciones castrenses. Porque si buscasen justicia, también enjuiciarían a los terroristas de izquierda, que cometieron delitos de lesa humanidad, al colocar bombas, realizar atentados y asesinar víctimas inocentes.

Los guerrilleros de los años 60, 70 y 80, que fueron derrotados militarmente, ostentan actualmente altos cargos de gobierno en catorce países latinoamericanos, cuyos presidentes pertenecen al Foro de Sao Paulo. Y desde el gobierno, están persiguiendo injustamente a sus enemigos de antaño.

El Foro de Sao Paulo aplica tres métodos distintos para destruir las instituciones militares: En Bolivia, Ecuador y Venezuela, las transforman, cambiándoles la identidad, sustituyendo la doctrina tradicional por nuevos conceptos emanados del Socialismo del Siglo XXI. El caso más emblemático es el de Venezuela, donde obligan a los militares a gritar “Patria, Socialismo o Muerte”. El objetivo final es convertir a estas Fuerzas Armadas en guardias pretorianas al servicio de los regímenes socialistas.

En Argentina, Brasil, Chile y Uruguay, enjuician a los militares que combatieron la subversión armada, derogando las leyes de amnistía y obediencia debida, y aplicando retroactivamente los efectos de dicha derogación. En la mayoría de los casos, se trata de juicios políticos, precedidos de una propaganda feroz, donde no se presentan pruebas, ni argumentos válidos.

En Colombia y El Salvador, donde los mandatarios no pertenecen al Foro de Sao Paulo, las ONGs de izquierda, financiadas desde el exterior, hacen de las suyas, acusando injustamente a héroes militares, para minar la moral de la Institución. La teoría de los “falsos positivos”, inventada por la izquierda, está haciendo estragos en Colombia, al convertir a muchos terroristas y narcotraficantes, en víctimas indefensas del sector castrense.

La destrucción o transformación de las Fuerzas Armadas latinoamericanas tiene dos objetivos: primero, hacer de nuestro continente una región donde la guerrilla, el terrorismo, el narcotráfico y el fundamentalismo islámico, puedan avanzar y fortalecerse sin resistencia alguna; y segundo, asegurar que individuos como Hugo Chávez, Evo Morales, Rafael Correa y Daniel Ortega, puedan acabar con la democracia y permanecer en el poder indefinidamente.

Por: Alejandro Peña Esclusa. Columnista de Atrabilioso y Presidente de Unoamérica.

jueves, 5 de febrero de 2009

Mentiras sobre la paz

¿Qué tiene que ver la paz con la liberación unilateral de algunos secuestrados? Resulta extraña, y conveniente desde las perspectivas política y propagandística, que cuando se habla del intercambio “humanitario” atraviesen sin pudor el tema de la paz.

Nadie ha querido explicar cómo un tema lleva al otro: si bien es cierto que las liberaciones unilaterales llevan tranquilidad a un grupo de familias, eso no se puede confundir con la paz para Colombia.

Más o menos el concepto que pretenden vender es el siguiente: si el Gobierno cede a las pretensiones de las Farc, despeje incluido e inamovible, entonces se darán las liberaciones de todos los secuestrados y eso hará que la paz sea un hecho.

Pero esa premisa rebosa de patrañas: si se despeja una zona del territorio nacional, nadie garantiza que las Farc devuelvan a los secuestrados. Por el contrario: los terroristas siempre han dicho que quieren el despeje para sentarse a dialogar y jamás han garantizado que, como consecuencia del despeje, se den las liberaciones.

La segunda mentira es que liberarán a todos los secuestrados. Las Farc no admiten que secuestran por dinero y en tal sentido, todos aquellos colombianos, cerca de mil, que están padeciendo el secuestro con fines extorsivos, seguirán en manos de los criminales mientras las familias no paguen el rescate.

Entonces, de los secuestrados que se habla es de aquellos que los terroristas han denominado canjeables y que hoy por hoy son militares y policías con algún rango en sus respectivas instituciones. A ellos las Farc los pretende canjear por una cantidad de terroristas encarcelados, incluyendo a ‘Simón Trinidad’ y a ‘Sonia’, quienes disfrutan de la bien merecida “hospitalidad” de las cárceles estadounidenses.

En la liberación de terroristas hay dos obstáculos que parecen insuperables: que aquellos que salgan de las cárceles no vuelvan a las Farc y el problema de los dos condenados en EE.UU. sobre los cuales el gobierno colombiano no tiene ninguna capacidad de decisión.

La tercera mentira es que la paz será inevitable si se dan las condiciones anteriores. Al contrario: el escenario que haría estallar a Colombia como un polvorín sería un nuevo despeje para diálogos infructuosos que le dieran un nuevo aire al terrorismo.

Un escenario de fortalecimiento de las Farc, y de sus abusos y crímenes, haría resurgir grupos de autodefensa y las bandas emergentes retomarían la abominable senda del terrorismo de las AUC. Incluso, con las Farc revitalizadas, el paramilitarismo sería inevitable y las consecuencias mucho más graves de las que hemos ido descubriendo a lo largo de estos años.

Además, las familias de los cientos de secuestrados con fines extorsivos que tienen las Farc en su poder, tendrían serios motivos para obstaculizar las supuestas negociaciones y esa discriminación, esa exclusión promovida por la guerrilla y secundada por los áulicos del terrorismo, abriría inmensas heridas en buena parte de la sociedad colombiana.

El país no puede sucumbir conmovido ante el espectáculo politiquero de las liberaciones de los secuestrados y caer en la trampa de abrirle espacios y suministrarle un tanque de oxígeno a las Farc y a los que desde la civilidad, promueven el proyecto político totalitario.

En la práctica, solo hay tres opciones para los secuestrados: el rescate, las liberaciones unilaterales o la fuga. La otra opción, la del mayor Julián Ernesto Guevara, es la que utilizan los favorecedores de las Farc como una amenaza contra el país: o claudican o se mueren.

De igual forma, tampoco se puede admitir que los totalitarios difundan falacias como la paz como consecuencia del intercambio “humanitario”. ¿Es que acaso un canje abre siquiera las puertas de una negociación para la rendición de las Farc? ¿Acaso el país y el mundo van a admitir la impunidad por los miles de crímenes de lesa humanidad que han cometido los integrantes del terrorismo?

Si las Farc, y sus áulicos, quisieran de verdad la paz, se someterían a la ley de Justicia y paz, entregarían a los secuestrados (A TODOS) y en el proceso negociarían su participación en política.

Ciertamente en los meses venideros, las Farc y sus esbirros acelerarán a fondo para tratar de avanzar en una caótica búsqueda de condiciones convenientes que les permitan huir de la Corte Penal Internacional, y para eso se valdrán de la debilidad y del temor tanto de la ciudadanía como de los secuestrados que decidan poner en libertad.

Aterra ver la capacidad de intimidación de las Farc contra los secuestrados. Alan Jara, por ejemplo, se llamó a sí mismo prisionero de guerra y no ahorró elogios para los terroristas. Daba lástima ver a ese pobre hombre repitiendo el libreto que le dieron las Farc (¿o la Colombiana por la paz del turbante?) para hacernos creer que son poderosos, que a él lo cuidaron los guerrilleros en los bombardeos y ataques del Ejército, y que las Farc no están debilitadas.

Curiosamente es el mismo libreto que los uniformados liberados dijeron que tenían que repetir ante los “honorables” miembros de la prensa colombiana… Alan Jara no lo sabía, pero el país ya conocía las líneas del libreto y también que esas palabras eran producto de la coacción y del miedo.

Ojalá se recupere Alan Jara… ojalá y en unas semanas sea capaz de decir la verdad y se cure del síndrome de Estocolmo.

Por Jaime Restrepo. Director de Atrabilioso.

miércoles, 4 de febrero de 2009

¿Se desinfló el “No más FARC”?

Hoy se cumple un año de la histórica jornada en que millones de personas salimos en todo el mundo a exigir el cese de la violencia de la banda asesina. Y es una buena ocasión para reflexionar sobre lo que ha ocurrido desde entonces.

En primer lugar, la determinación de la sociedad de condenar sin paliativos los crímenes de ese grupo terrorista reforzó la moral de las fuerzas responsables de la seguridad de los ciudadanos. Eso sin duda tuvo alguna influencia en el acierto de la Operación Jaque y en muchos otros logros obtenidos por las fuerzas militares.

Pero una cosa es la voluntad de millones de personas razonables y otra la determinación de quienes han vivido siempre pensando en la forma de apoderarse de las riendas del Estado mediante la violencia: la prensa, cuyos dueños son a fin de cuentas los primeros empresarios del terrorismo, fingió apoyar la marcha cuando no había remedio, al tiempo que no vacilaba en intentar convertirla en la segunda parte de las marchas de 1997 por el diálogo. Tímidamente asomaban las sugerencias de que el objetivo de la marcha era el “intercambio humanitario”. Pero la gente no estaba para medias tintas y la prensa no tuvo más remedio que dar cuenta del hecho.

El bando fariano reaccionó rápido, con la obvia colaboración de la prensa, convocando marchas de desagravio con las que se pretendía equiparar a la tropa de la izquierda democrática con las instituciones legítimas. El resultado no fue el mismo, pero a fin de cuentas las fuerzas que maquinan a favor del terrorismo son ingentes y llevan casi un siglo conspirando para tomar el poder.

Tras el triunfo de la Operación Jaque pareció que los terroristas y sus patrones estaban desanimados, pero pronto encontraron el filón del Caso Tasmania y muchos otros para deslegitimar al gobierno que tanto daño les había hecho. El fracaso del trámite del TLC en el Congreso estadounidense, el triunfo demócrata en las elecciones en ese país y los desgraciados episodios de los asesinatos de inocentes para presentar resultados favorecieron el resurgir de la esperanza de los socios del terrorismo.

Se dice que Hugo Chávez obra con lógica de militar, que no renuncia a tomar la fortaleza tras un primer fracaso, sino que lo vuelve a intentar. La reelección indefinida ya fue rechazada por los venezolanos en 1999 y también en 2007. Le da igual, vuelve a proponerla hasta que la aprueben. Eso mismo ponen en práctica sus seguidores colombianos. Después de que el show de la liberación de Emmanuel fracasara, la senadora Piedad Córdoba volvió a ser protagonista de otro espectáculo de liberación de secuestrados, el cual sigue teniendo lugar estos días.

Desde el principio era evidente que se trataba de una operación propagandística para legitimar y alentar a los terroristas en busca de una recuperación que abriera el camino a la negociación política y echara por tierra el clamor de hace un año. Pero el respaldo de “la academia”, de la prensa y de los sectores políticos de oposición fue unánime. Aparte de las denuncias del presidente sobre el carácter de celada de la operación, no he leído ninguna denuncia ni crítica.

El espectáculo de esta semana es el de la mayor infamia: los esclavistas se permiten regalar unos esclavos a sus promotores a cambio de un gran protagonismo en la prensa que a fin de cuentas siempre los ha respaldado. La gente asiste impotente a la exhibición de poder y chantaje de unos sectores sociales y políticos que a fin de cuentas representan el poder tradicional en la sociedad. Aparte de ciudadanos aislados y del gobierno, no hay ninguna condena de la infamia de ese espectáculo.

Los mismos promotores de las marchas de hace un año están dedicados a favorecer el espectáculo con la maratón de firmas de apoyo a los secuestrados. Quien visite la página
http://colombiasoyyo.org/ se enterará de que esas firmas son a favor de “la libertad y la reconciliación”, binomio que no deja de producir espanto y asco.

¿Es que alguien se podría proclamar contra la libertad? Ésta no requiere que la deseemos, sino que estemos dispuestos a hacer frente a quienes la coartan, que denunciemos el secuestro y la existencia de bandas de asesinos que pretenden anularla como la mayor amenaza.

Pero ¿cuál reconciliación? Parece que los familiares de la niña del barrio Fátima asesinada por una bicicleta bomba y de varios cientos de miles de personas que han caído por la ambición de una secta criminal y la complicidad de unos cuantos aventureros de las clases altas tuvieran que ir a pedir perdón a sus verdugos por no haber colaborado con ellos. El que cree que las víctimas deben “reconciliarse” con los verdugos es lisa y llanamente un cómplice.

La infamia de estos días forma parte del año electoral y es de algún modo el lanzamiento de una facción política aliada con las FARC que pretende unir al PDA, al “Partido Liberal”, a los visionarios de Mockus y a los pastranistas como alternativa al gobierno. El Gran Acuerdo Nacional requerirá infinidad de asesinatos para convencer a la gente de las ventajas de la paz. Los episodios de las últimas semanas, como los asesinatos de Roberto Payán, del Blockbuster de Bogotá o de Cali, son sólo el comienzo de esa campaña combinada de mentiras y crímenes.

Esa facción ya ha encontrado el apoyo más o menos expreso de los sectores mencionados, y en la medida en que diciendo que las FARC son “el ejército del pueblo” no conseguirán grandes mayorías, menos cuando el petróleo baja de precio y las posibilidades del mico de proveer recursos para comprar votos se reducen, lo que ocurrirá será que el uribismo resultará favorecido, al rechazar la mayoría de la gente la complicidad de esos sectores con las FARC.

Y eso no es una buena noticia. Viene a significar que el uribismo se vuelve un monopolio de la política, al no tener competencia legítima. Y la calidad de lo que producen los monopolios tiende a decaer. Tanto el peligro de corruptelas como de conductas políticas frívolas, ineptas o espurias se multiplica al no haber críticos que encuentren el respeto de los ciudadanos honrados.

Y a la larga el efecto de todo eso será mucho peor: la adhesión que encontraron los viejos comunistas y dirigentes de sectas totalitarias que firman la correspondencia con las FARC por parte de todos los grupos opositores terminará reforzando el peso de esa facción. Y la hegemonía del uribismo, que persiste en sus errores (como la continuación de la parafiscalidad o de la tributación a la importación de alimentos), hará que los descontentos empiecen a tomar partido por la disidencia o alternativa: por las FARC.

Ojalá que el presidente y quienes lo aconsejan se tomen en serio esa amenaza en el largo plazo y conviertan el alineamiento con las FARC de la oposición en una oportunidad para renovar la política. Primero deberían desistir del referendo y de la segunda reelección y correr el riesgo de lanzar al político mejor situado, Juan Manuel Santos, como candidato presidencial.

Y después desarrollando un programa político y un partido cuyas listas al Congreso en 2010 arrasaran al representar el rechazo al contubernio con los terroristas de las viejas mafias políticas y sociales (no otra cosa son la “academia” y los grupos económicos que controlan la prensa como medio de acceder al favoritismo oficial con sus negocios).

Pero no parece que vaya a haber tal.


Por Jaime Ruiz. Columnista de Atrabilioso.

martes, 3 de febrero de 2009

Paradojas de la intervención

Con la caída de los precios del petróleo y la existencia de una formula reguladora del de la gasolina, tenia que caer el de ésta última arrastrando hacia abajo también todos los cargos con que se la grava. Eso es matemático, exacto.

Sin embargo por una maniobra que le restó credibilidad al gobierno, los precios se mantuvieron altos. Todo lo que se dijo y se hizo para justificarlo, fueron falacias que nadie se creyó (no es posible defender una fórmula de precios cuando le conviene al gobierno, e ignorarla unos días más tarde cuando no) pero impotente ante la soberbia gubernamental, el consumidor terminó aceptándolo.

El hombre al fin y al cabo es un animal de costumbre, y a eso le jugó el gobierno para poder desmontar los subsidios que se producían con la aplicación de la fórmula, que no por matemática y exacta es justa, por un lado, y para recaudar dineros extras, construir infraestructura, o crear un fondo de estabilización, por el otro. Qué paradoja, un fondo para que los precios se mantengan en lo que la humanidad, registró como el “techo”.

El precio de los combustibles impacta negativamente la economía, y en especial el transporte de los bienes materiales y de los individuos y con ello también al turismo, sin lograr, como se esperaba, reducir el número de vehículos en las vías municipales.

El propio gobierno –viceministro de transporte- pidió recientemente reducir el costo de los tiquetes aéreos, lo cual no sólo se consigue con una reducción del precio de los combustibles -al cual es muy sensible- si no, con competencia de aerolíneas también en vuelos nacionales, y una reducción significativa de los impuestos aeroportuarios. En esto deben trabajar de mancera coordinada varios ministerios.

La pregunta insoslayable es ¿dónde es más efectivo el dinero, en manos de la gente que al gastar menos en combustibles lo hace más en bienes de consumo e inversiones, o en manos del gobierno al recaudar mas impuestos? La respuesta dependerá de la ideología de quién la responda: en manos de la gente dinamiza la economía, en manos del gobierno focaliza el gasto.

Pero cualquiera sea, lo cierto es que se hizo trampas; y mas que una crisis del sistema capitalista, o del capital especulativo (cómo si fueran diferentes) lo que estamos viviendo es una crisis de honestidad, de confianza, dinamizada por el marketing y el afán de lucro. Lo que tiene que cambiar entonces no es el sistema, sino el individuo, y ya lo hizo, de ahí la crisis.

Toca pues recuperar la desconfianza propia del animal en la selva, porqué en la medida en que el hombre desarrolla su inteligencia, también sofistica la capacidad del engaño, y en reacción contraria la de no dejarse engañar. El resultado de más desconfianza será inevitablemente mayor preocupación por ganársela, que conduce a mayor honestidad. Meterle más regulación (y Estado) a esto, es simplemente seguir engañando a la humanidad.

De manera que, primero, reescribamos la fórmula de la gasolina para que sea justa, y transmita una señal económica positiva para el mercado; y segundo aceptemos el resultado de su aplicación. La intervención ya arroja la gran paradoja que justificó el titulo de la columna, y es equiparar en la práctica, el precio de la gasolina extra (más elaborada) que no tiene fórmula, con la corriente que si.

Por Miguel Yances Peña. Columnista de El Universal de Cartagena.

lunes, 2 de febrero de 2009

Transacción exitosa

Una vez más, Colombia asiste al espectáculo atroz que montan las Farc y sus aliados para la liberación de los secuestrados que denominan canjeables.

Y como ha ocurrido en ocasiones anteriores, también ha hecho su aparición la actitud pusilánime de la sociedad colombiana, y de los medios de comunicación, que se prestan para difundir hasta el más mínimo detalle de los novelones que estructuran cuidadosamente los secuestradores y sus secuaces, buscando escurrir hasta la última gota de las utilidades políticas que otorgan las acciones “humanitarias” de los terroristas.

Cada familiar emocionado que concede una entrevista, cada arbolito de Navidad que emerge en las casas de los secuestrados -como un testimonio de que el tiempo es del todo irreal para los plagiados y para sus familias- son ganancias mediáticas para los victimarios. Las familias no tienen por qué darse cuenta de lo que ocurre, en especial ante semejante expectativa, pero los medios deberían respetar el espacio de esos colombianos que han padecido el infierno del secuestro y de paso, dejar de ser idiotas útiles al servicio de las Farc y de sus esbirros.

Además, porque en estos procesos “humanitarios” nadie quiere ser señalado como políticamente incorrecto, o correr el riesgo de que las Farc lo exhiban como pretexto para suspender las liberaciones. El que se atreva a decir algo será condenado como enemigo de la “paz” o por lo menos como un insensible que no disfruta de la felicidad que siente un grupo de compatriotas por la libertad.

Durante el fin de semana vimos largos informes en televisión, transmitidos en directo desde la casa de Alan Jara. Su hijo, junto al árbol de Navidad, era la ansiedad personificada y explicaba detalladamente lo que esperaba del reencuentro con su padre. El mensaje para el público era claro: las Farc, en una acción “humanitaria”, van a liberar al político llanero. Sin embargo todos se cuidaron de no mencionar que los mismos “humanitarios” secuestraron a Jara en un vehículo con los emblemas de la ONU y matrícula diplomática, cuando él se desempeñaba como asesor de Naciones Unidas.

Ese pedacito de la historia, el más importante para descartar el cacareado humanitarismo de las Farc, no se menciona, pues nadie debe recordarle al mundo que las Farc son secuestradores que no respetan ninguna norma internacional, como el respeto de los símbolos y del personal acreditado ante la ONU. De paso se podría también recordar que el desprecio de las Farc por el Derecho Internacional Humanitario es de vieja data y que incluso masacraron a 118 personas que intentaban protegerse en una iglesia en Bojayá, Chocó.

Mientras eso ocurre, las Farc y su séquito abordan el asunto como una transacción de mercancía humana por publicidad nacional e internacional. Es simple: si las Farc no quisieran la publicidad, los suyos no harían semejante alboroto, ni armarían la parafernalia para liberar a solo un pequeño grupo de secuestrados.

Es tan elaborado el libreto que no descuidaron ningún detalle: hasta dispusieron de teléfono satelital para que el periodista Jorge Enrique Botero pudiera comunicarse con Telesur y difundir, en vivo y en directo, las declaraciones de un guerrillero que estaba indignado por la persecución del Estado en contra de las Farc. Según el terrorista, con cierto acento venezolano, el Gobierno había perseguido a los delincuentes que se trasladaban con un grupo de secuestrados, camino a la libertad. Lástima para ellos que en la primera declaración, uno de los liberados dijo que no había visto ni bombardeos ni combates en su largo camino a la libertad.

Paralelamente Iván Cepeda salía vociferante, también en Telesur, exigiendo explicaciones al Gobierno por la presunta obstaculización de la operación. ¿Por qué Cepeda no les exige a las Farc, con la misma vehemencia, la liberación de todos los secuestrados sin ninguna condición y sin ningún espectáculo? ¿Por qué no les exige su desmovilización inmediata y que se acojan a Justicia y paz?

Aquellos que presumen de encabezar los buenos oficios salieron sin inmutarse ante los medios para hablar del “ejército del pueblo” que liberaría a un puñado de secuestrados políticos, pero se cuidaron de no mencionar que ese mismo disque ejército del pueblo es un grupo de asesinos, secuestradores y torturadores que tendrán que responder, con sus inspiradores en primera fila, por los crímenes de lesa humanidad que han cometido a lo largo de su historia.

Sin embargo, el colmo del cinismo es que se llame gesto “humanitario” el hecho de que las Farc liberen a un grupo de secuestrados que NUNCA debió ser sometido a semejante vejamen. Pero claro, la propaganda tiene que incluir frases de alto impacto que traten de borrar de la memoria, el daño irreparable que las Farc le han hecho a la sociedad colombiana y en especial, a miles de familias que todavía tienen que padecer el secuestro de algún ser querido que, dicho sea de paso, no es noticia porque no tiene apellidos rimbombantes o porque es un secuestrado con fines extorsivos. De esos, como es obvio, se habla poquito y en voz baja, como para no incomodar ni a los criminales ni a sus esbirros.

El dichoso gesto humanitario es un simple trueque de libertad por publicidad en el que se les otorga el triunfo a las Farc y se abre la vitrina mediática para aquellos que cobran dividendos políticos en su anhelo de revivir la experiencia de El Caguán.

AL CIERRE: La senadora del partido Liberal Piedad Córdoba anunció que le comunicaron, cuatro días atrás, que uno de los secuestrados estuvo en riesgo de morir en medio de un operativo militar. ¡Que no nos engañe Teodora! Pero que además nos cuente, con esa altanería que la caracteriza, cómo es posible que mantenga tan buenos contactos con las Farc y se entere, casi en tiempo real, de lo que ocurre en los campos de batalla: eso parece más la comunicación entre superior y subalternos, que entre mediador y bando en conflicto.

Por Jaime Restrepo. Director de Atrabilioso.

viernes, 30 de enero de 2009

Venezuela: ¿Centro mundial del terrorismo?

La decisión del gobierno venezolano de expulsar al embajador de Israel y alinearse con Hamas, marca un cambio de fase en el proceso revolucionario. En mi opinión, no se trata de un capricho repentino, sino de un plan previamente concebido, que busca obtener el apoyo del fundamentalismo islámico para los difíciles tiempos que se le avecinan.

Con el desplome del precio del petróleo, el gobierno venezolano prevé una crisis de pagos, una inflación galopante y un severo desabastecimiento. Además, para tratar de palear la crisis, se verá obligado a cargar al ciudadano común con impuestos, lo cual incrementará el descontento popular. Como consecuencia, a mediados de 2009 se crearán las condiciones para una explosión social y una crisis de gobernabilidad.

Chávez está consciente de esa situación y querrá atornillarse en el poder mediante la represión; pero como no confía en los militares -y como las milicias no están lo suficientemente preparadas- el gobierno necesita otra fuerza de choque capaz de contener el descontento popular.

Dado que las FARC -aliadas incondicionales del gobierno venezolano- están siendo desmanteladas por el gobierno de Álvaro Uribe, y dado que la Revolución Cubana está herida de muerte, Chávez recurre al fundamentalismo islámico para proteger su revolución. De allí su alineamiento con Hamas, el Hezbollah, y demás grupos terroristas, a la vez que rompe relaciones con Israel.

Como en todo acuerdo, hay una contrapartida. Los movimientos terroristas que defiendan la revolución con el uso de las armas, encontrarán en Venezuela un territorio libre para resguardarse, hacer negocios, comprar armas, desplazarse por todo el continente, y planificar acciones contra sus enemigos en otras naciones.

Hago un llamado a los sectores democráticos del país y a lo que queda de las instituciones nacionales, para que -todos juntos- impidamos semejante locura, que incendiaría en llamas no sólo a Venezuela, sino a todo el continente americano.

El chantaje del FMLN

Durante la reciente campaña electoral salvadoreña, el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) recurrió a todo tipo de estratagemas e, incluso, al chantaje, para forzar a las instituciones y al pueblo a concederles mayoría absoluta. Sin embargo, el plan no funcionó.

Desde hace meses, el FMLN proclamó a los cuatros vientos que contaba con 20 puntos de ventaja sobre el partido de gobierno, Alianza Republicana Nacionalista (ARENA). Para fundamentar su tesis, el FMLN se basó en encuestas realizadas por sectores afines, de tendencia izquierdista.

Seguidamente, los integrantes del FMLN -incluido su candidato presidencial, Mauricio Funes- dedicaron buena parte de la campaña a denunciar que habría fraude. Dos días antes de las elecciones -que se realizaron el pasado 18 de enero- Funes trató de presionar a los observadores internacionales, alegando que el fraude estaba montado.

Con esta estrategia, el FMLN pretendía forzar a los salvadoreños a votar por sus candidatos, bajo amenaza de que si no les reconocían el triunfo, se desataría la violencia. Afortunadamente, los salvadoreños no cayeron en la trampa, y votaron siguiendo los dictados de su conciencia.

Ciertamente, el FMLN obtuvo mayoría de votos, más por el desgaste de 20 años de gobierno de ARENA que por sus propuestas. Pero solo alcanzó una pequeña mayoría relativa y no superioridad absoluta, como pronosticaban las encuestas.

En el Congreso, ARENA y el FMLN mantienen casi el mismo número de diputados. ARENA sigue controlando más alcaldías que el FMLN y además recuperó la “joya de la corona“, San Salvador. Lo novedoso es que el Partido de la Concertación Nacional (PCN) aumentó su caudal de votos y, por ende, incrementó su número de diputados. Los votos sumados de ARENA y el PCN superan con creces a los del FMLN.

A pesar de que su estrategia no funcionó, Funes pretende seguir chantajeando a los salvadoreños, para forzarlos a votar por su opción en las elecciones presidenciales del próximo 15 de marzo. En declaraciones dadas al canal 33 el pasado 20 de enero, Funes pidió “que se frene esa campaña sucia, por parte de Fuerza Solidaria”.

Funes se refiere a los spots publicitarios del capítulo salvadoreño de Fuerza Solidaria, en los que se revelan los vínculos de los comunistas salvadoreños con Hugo Chávez. En realidad no se trata de una “campaña sucia”, como alega Funes, sino de hechos reales, plenamente comprobables.

Chávez financia casi toda la campaña electoral del FMLN, a través de los acuerdos preferenciales de ALBA Petróleos con las alcaldías controladas por los comunistas. De ganar las elecciones, el FMLN estará tan hipotecado con Chávez, como lo están Evo Morales, Rafael Correa y Daniel Ortega. Esta es una realidad inocultable que todos los salvadoreños deberán sopesar a la hora de votar el 15 de marzo.

Por: Alejandro Peña Esclusa. Columnista de Atrabilioso.

jueves, 29 de enero de 2009

La samuelada

Se acuñó un nuevo colombianismo: la samuelada como sinónimo de alcaldada. Esto, porque después de un año de completa ineficiencia, el alcalde de Bogotá, Samuel Moreno, decidió “estrenar” mandato con una serie de medidas restrictivas para el tránsito en la capital.

Las medidas tomadas por el alcalde Moreno buscan mejorar la movilidad de los bogotanos, ampliando el pico y placa, para que la gente no utilice sus vehículos dos días a la semana, pues resultaría insoportable salir a eso de las 5 de la mañana de la casa, para llegar antes de las 6 a la oficina y quedarse allí hasta las 8 de la noche.

Con la decisión, dicen los funcionarios, salen de circulación cerca de 530 mil vehículos por día. Es decir, son por lo menos, 530 mil ciudadanos que se ven afectados en su movilidad y que dependerán del “eficiente” transporte público para trasladarse de un lugar a otro.

Uno se pregunta: ¿Qué estudios soportan la decisión de Samuel Moreno? Lo dicho por el Secretario de Movilidad es alarmante: “hicieron unas encuestas en las que el 71% de los consultados estaban de acuerdo con la medida”. Si al anterior “alcalde” se le ocurrió nombrar a una comunicadora como encargada de la movilidad capitalina, no sorprende que ahora Moreno tome decisiones basado en encuestas, sobre todo en un campo que requiere un alto nivel de especialización y profesionalismo para tomar decisiones.

¿Qué impacto van a tener las medidas en las finanzas distritales y en los ingresos de los ciudadanos? Ahora mismo pienso en los miles de padres de familia que, por comodidad o cuestiones económicas, llevan y traen a sus hijos del colegio. Pues bien: por orden del Alcalde, esos padres tendrán que contratar el servicio de ruta escolar, cuyas tarifas son altísimas y además sirven para que los colegios se roben, literalmente, un mes de servicio que no prestan.

¿Acaso la medida midió el impacto en la gente que tiene que trabajar visitando clientes, repartiendo sus productos o recorriendo puntos de venta? Es de suponer que a ellos les recetarán Transmilenio o taxi, elevando el tiempo de desplazamiento y, por supuesto, incrementando los costos destinados al transporte.

Algunos ciudadanos, los que tienen con qué, pensarán en comprar otro vehículo para suplir la necesidad de transporte. Sin embargo, eso solo beneficiará el mercado del usado o de repente, los concesionarios de vehículos podrán incrementar sus ventas en aquellos nichos de mercado que tienen el dinero para comprar otro carro nuevo. Es más: el Secretario de Movilidad dijo que a ellos no querían perjudicarlos, por lo que descartó una rotación especial en los números de pico y placa… ¿cómo va a agraviar el Polo a los más pudientes? ¡Ni de vainas!

La decisión del Alcalde muestra que busca beneficiar al transporte público y no a la ciudadanía en general. Los buses y busetas tendrán una restricción, pero no en horas pico, pues las latas de sardinas (carrocerías acomodadas en chasises de camión) tendrán que servir para el desplazamiento de los ciudadanos. Y, como no, los taxistas harán su agosto, todo por cuenta del enorme servicio que le prestaron a Samuel, difundiendo rumores contra Peñalosa en la campaña pasada.

Tomar una decisión de semejante calibre, y en medio de la incertidumbre económica que plantea este año, huele a improvisación. Posiblemente lo único que no fue improvisado fue la rueda de prensa de Samuel Moreno, anunciando las medidas… aunque el Alcalde demostró que también tiene dificultades para leer en público, pues hubiera leído mejor un niño de preescolar que el flamante mandatario capitalino.

En general, las medidas sobre movilidad que tomó la administración de Bogotá son facilistas y no enfrentan el problema real: el transporte público. Si a los bogotanos se les ofreciera un transporte público óptimo, puntual y eficiente, seguramente dejarían sus vehículos en la casa (con o sin restricción) e incluso el gobierno distrital podría promover la cultura de no usar el carro con temas ambientales como contribuir a evitar la contaminación por dejar el vehículo en casa.

Además, Moreno Rojas no podrá exhibir nunca más el asunto de la polución como un problema para la ciudad, pues con la decisión no solo reactiva la compra y uso de carros viejos, sino que impulsa la movilización de buses, busetas y colectivos que son verdaderas chimeneas ambulantes.

Del metro anunciado como el paraíso futuro del transporte capitalino, Samuel Moreno pasó a la restricción del vehículo particular, todo por su
ineptitud y falta de seriedad para gobernar a Bogotá.

Por Jaime Restrepo. Director de Atrabilioso.

miércoles, 28 de enero de 2009

La aritmética de la Primaria

Experiencias compartidas
Como es bien sabido, para poderse uno comunicar con otras personas es necesario que haya experiencias compartidas. De otro modo se corre el riesgo de que los demás no entiendan lo que uno quiere decir. Por eso espero que el lector de esta entrada recuerde lo mismo que yo y no se encuentre ante algo que desconoce y que tiene que imaginarse. ¿Cuántas veces hemos estado delante de alguien que para criticar al gobierno, o “el sistema”, o “el régimen”, exhibe como prueba el hecho de que el salario mínimo no es suficiente para pagar los gastos básicos de una familia o de una persona? Bueno, cada vez que se piensa en la historia reciente de Colombia se piensa en mafias políticas, bandas criminales, negocios gigantescos e ilegales, etc. Yo creo que los procesos mentales de las personas descritas antes son la verdadera tragedia y el reguero de sangre que ha quedado en las últimas décadas sólo es como un síntoma. Como si alguien se sorprendiera de que criaturas tan minúsculas como las bacterias de la lepra destruyeran de tal modo los tejidos de sus víctimas.

Paradojas rentables
Todo lo que tiene que ver con esos discursos, y con el triste corolario, la superación de la pobreza con un decreto que aumente los sueldos de los pobres, está lleno de increíbles paradojas (3. f. Aserción inverosímil o absurda, que se presenta con apariencias de verdadera). Tantas que cuando uno piensa que en Colombia ese discurso es mayoritario en los ámbitos de discusión ya puede describir la vida colombiana, al menos la vida intelectual, como el retrato mismo de la barbarie: la idiotez como compañera increíble de la mala fe. La mentira abyecta y ridícula como recurso de un orden de esclavitud, humillación y despojo.

El amor por los pobres
Es muy extraño (pero visto desde el sentido común todo en Colombia es extraño y se trata de un país inconcebible de tantas cosas extrañas como hay) que los amantes de la justicia que lamentan la insuficiencia del salario mínimo no piensen en la gente que no alcanza a ganarlo: gente con alguna minusvalía o limitación, gente cuya edad ya la excluye de un empleo con el salario mínimo actual. ¡Todos los sufrimientos imaginables se atribuyen al “sistema”, y si aumenta el número de personas que no encuentran empleo porque se sube el salario mínimo más allá de las posibilidades de la economía, tanto mejor, más pruebas de la injusticia social del “sistema”! Los justicieros sólo tienen que mostrarse rebeldes con un “sistema” que no da suficiente, las soluciones son obvias: ¡las contiene la victoria!

El camino del bienestar
Pongamos que el salario mínimo colombiano consista en unos 250 dólares mensuales, y en términos generales lo que se puede comprar con eso es insuficiente para las necesidades de una persona o de una familia. ¿Cuánto sería suficiente? Unos mil dólares ya podrían representar algún bienestar, y cualquier persona sensata aspira a que el ingreso de la mayoría de los colombianos pobres alcance en pocas décadas ese nivel, y lo supere. ¿Están los descontentos habituales pensando en esa clase de crecimiento de la economía? Es lo que se le ocurriría a alguien que no los conociera. ¡Pero son casi unánimemente personas que aspiran a imponer el modelo cubano, personas que reconocen a los grupos políticos de la llamada “izquierda”, grupos que unánimemente proclaman su admiración por un régimen en el que la gente pobre se gana menos de 10 dólares al mes! Tanta rabia porque los 250 dólares no alcanzan, y después resulta que sólo es para tratar de llevar a la gente a ingresos de 10 dólares. ¿Cómo puede llegar alguien a tanta bajeza y falsedad? Es muy fácil de explicar: es en Colombia. La barbarie y el daño moral llegan a tal punto que todos los referentes racionales se pierden: se dice cualquier cosa con tal de... Ya se verá de qué.

I
ntelectuales ateos
Uno detecta todas esas maravillas y se siente terriblemente solo: ¿qué colombianos van a entender que todo eso es absurdo? Las personas que carecen de instrucción bajan la cabeza y reconocen su ignorancia, y las que proclaman eso son las instruidas. ¿Sirve de algo que uno diga que casi todos los que han pasado por una universidad en Colombia dicen eso? Es que ESO es lo que les enseñan. ¿Habrá alguien que se detenga siquiera a pensar si es o no eso lo que les enseñan? Ante la mala fe no vale ninguna argumentación: conozco a varios cientos de personas instruidas en universidades colombianas y TODAS dicen eso. También lo dicen los
columnistas de la prensa y no hay lugar a equívocos: los bienes que aseguran el bienestar emanan de la Constitución. ¡Sólo hay que exigir que se cumpla! Todos estos intelectuales ateos desprecian cualquier cálculo económico, pues basta su buena conciencia y su rango superior a la realidad y a quienes gobiernan para que ellos y sus lectores se sientan bien.

Cuentas sencillas
No hay que complicarse mucho: tener estudios superiores en Colombia comporta olvidar la aritmética de la primaria. Por ejemplo, el
PIB colombiano en 2008 fue de unos 250 millardos de dólares. Unos mil millones de salarios mínimos. Divididos entre 45 millones de habitantes da unos 5.500 dólares. Un trabajador con el salario mínimo obtendría unos 3.500 dólares. Más o menos un 64 % del PIB per cápita. En contraste, el PIB estadounidense es de 14,33 billones, que divididos entre 303 millones de habitantes da cerca de 48.000 dólares anuales. Si se sacara el 64 % y se dividiera entre 14 pagas, daría algo más de 2.100 dólares mensuales. Lo que determina la insuficiencia del salario mínimo colombiano no es su relación con los ingresos de los empresarios, sino la pobreza del país. Sobre eso podría extenderse uno infinitamente: los mitos universitarios son sencillamente grotescos. La venta de Bavaria reportó 9.000 millones de dólares, que repartidos entre todos los colombianos habrían dado 200 dólares para cada uno. ¿Qué es lo que hay para repartir?

El drama de la desigualdad
Las personas instruidas en Colombia son sistemáticamente enemigas de la desigualdad, que les parece la peor tragedia. ¿Realmente preferiría una persona sensata que algún multimillonario no se fuera a Colombia con sus millones porque eso aumentaría la desigualdad? ¿Qué necesitan los pobres, resultar mejor comparados con los más ricos o aumentar sus ingresos? Pero se trataba de paradojas obscenas: se dice, por ejemplo, que el
20% más rico de la población en Colombia obtiene el 61% del ingreso mientras que el 20% más pobre obtiene sólo el 2,5%. ¿A qué grupo pertenecen las personas que viven indignadas con esa desigualdad? Pero ¿alguien recuerda que en Colombia la mitad de los empleados estatales están en el primer decil de ingreso? Los maestros, los abogados de la Procuraduría, los profesionales de la protesta, están entre el 20 % más rico. Propiamente, entre el 10 % más rico. Su clamor contra la desigualdad es contra sí mismos, claro que durante varias décadas su verdadera profesión ha sido la huelga para hacerse subir los sueldos, es decir, para aumentar la ventaja sobre los colombianos pobres, pero eso no los altera: ¿sabe alguien cuántas personas son sencillamente ricas gracias a lo que obtienen clamando contra la injusticia y la desigualdad? Por ejemplo, los magistrados, los funcionarios de agencias gubernamentales especializadas, los autores de informes que pagan generosamente las entidades públicas...

¿Para qué?
La pobreza en Colombia es sobre todo resultado del saqueo inclemente a que han sometido a las arcas públicas los descontentos con el “sistema” gracias al sindicalismo basado en el poder armado, el despilfarro monstruoso de recursos públicos en el incesante adoctrinamiento de asesinos en las universidades públicas, en el pago de prebendas a los beneficiados con la presión de las guerrillas comunistas y sus clientelas (incluso durante el gobierno de Uribe la señora embajadora en España invitó a personajes como Óscar Collazos o María Jimena Duzán a conversar con los intelectuales españoles sobre cómo nos veían a los colombianos). ¿A qué viene pues la obsesión de los beneficiarios de la desigualdad que proclaman que el ingreso es insuficiente? Ellos sólo utilizan esos datos para descalificar al gobierno que ha permitido un crecimiento económico que no se recordaba en varias décadas, una reducción de la pobreza que no se había visto nunca (ver por ejemplo el resumen de la economía colombiana en el World Fact Book, enlazado arriba: “Colombia's sustained growth has helped to reduce poverty by 20% and has cut unemployment by 25% since 2002). Pero ¿por qué tienen tantas ganas de cambiar el gobierno?

Es fácil: porque quieren asegurar su increíble ventaja respecto de los colombianos pobres y sufridos. La queja contra la desigualdad sólo tiene sentido por la voluntad de aumentarla, porque cualquier situación de paz, orden e imperio de la ley amenaza el dominio de esos grupos que viven de la política, de la protesta y en términos generales de la violencia. El cretinismo de sus cuentas sin sentido sólo muestra su absoluta ineptitud: en los países civilizados, la gente deriva sus ingresos del servicio que presta a los demás. En Colombia los poderosos parasitarios dependen del atraco que cometen contra los recursos comunes. Si en sus “universidades” aprendieran algo tal vez no tendrían que vivir de esa despreciable combinación de mentira y violencia.

Por Jaime Ruiz. Columnista de Atrabilioso.

martes, 27 de enero de 2009

Otro recomendado

Después de leer Armas y Urnas, el libro en el que Steven Dudley hace una crónica-análisis excelente sobre la génesis de la violencia política en Colombia y su desarrollo hasta nuestros días, es conveniente ver el seriado de televisión El Cartel de los Sapos, basado en el libro de Andrés López.

La mini serie de Caracol TV, transmitida en capítulos a través del canal, y disponible hoy en día, sin censura, en las principales tiendas de revistas, libros y videos del país (también internacionalmente) es la crónica de la otra cara de la moneda: la violencia que provoca la guerra contra el tráfico de drogas, y que usa como algunas de sus mas fuertes estrategias, la extradición y la delación.

La producción es impecable: muchos exteriores, panorámicas, excelente fotografía, iluminación, cámaras y colores. La vocalización, uno de los aspectos recurrentemente peor manejados en el cine latinoamericano, en esta producción, a pesar de conservar el lenguaje cifrado, popular y dicharachero propio, es también excelente.

El lunar negro es tal vez la musicalización, que en algunos capítulos (especialmente los del DVD No. 2; son 12) ahoga la voz de los actores; pero en general es escasa, y llaman la atención por su belleza musical, algunos acordes de guitarra, que mejoran la transmisión de emociones del documento.

La trama, construida alrededor de una historia de amor en medio de tanta violencia explícita (otro de los desaciertos) y sexo, en el que aparecen plenamente identificados por las circunstancias, y la voz principalmente, varios de los personajes de la vida real (a pesar de haberle cambiado los nombres), se encarga de mantener el interés por los detalles, ante un final que se conoce desde el inicio. Y el final deja abiertas suficientes incógnitas para que el televidente construya sus propias elucubraciones, y el autor y el canal, su próximo libro y miniserie.

Es interesante e importante ver esta producción comercializada en 12 DVD de cuatro capítulos cada uno, con una duración de 50 minutos por capitulo, para un total de 2.400 minutos (40 horas de televisión; 3.250 pesos la hora), porque le permite al mundo tomar conciencia de esta otra guerra (la primera, la política, la narró Steven Dudley, en Armas y Urnas) que padecemos los colombianos.

También para entender, aunque se diga (se previene al público en el inicio) que los hechos que se narran son ciencia ficción, que la corrupción no está en los genes de los colombianos, o de los latinos, si no que se genera alrededor de las condiciones económicas, los hechos, el ejemplo y las políticas públicas nacionales impuestas desde el exterior. Para entender que este no es asunto de individuos, como se creyó con la cacería y muerte de Pablo Escobar, si no un fenómeno del que hay que conocer las leyes que lo hacen posible, y a partir de ese conocimiento (científico) empezar a elaborar políticas que conduzcan de manera acertada, y con el menor daño social posible, a la solución. Este documento fílmico es un aporte valiosísimo.

No será posible acabar la producción y exportación de la coca (la parte de la cadena de la que se culpa al país; la comercialización está en otras manos) mientras exista una demanda adictiva, pero se puede controlar de manera que su impacto social sea mínimo y focalizado.
Por Miguel Yances Peña. Columnista de El Universal de Cartagena.

lunes, 26 de enero de 2009

La obamamanía latinoamericana

“A cambiar la historia”. Así tituló El Espectador, el martes pasado, la información relacionada con la posesión del nuevo presidente de los Estados Unidos.

¿ Barack Obama va a cambiar la historia? Más allá de ser el primer descendiente de afroamericanos en ocupar la Casa Blanca, el nuevo presidente norteamericano no es
Eduard Bernstein (así algunos sectores obamamaniáticos lo quieran ver como su reencarnación) ni mucho menos un revolucionario de esos que dicen cambiar la historia para llegar a paraísos utópicos.

Sería importante establecer el significado de “cambiar la historia”. Lo primero que se debe advertir es que es una expresión neutra y que algunos han cambiado la historia para bien y otros para mal: Hitler cambió la historia de Europa y de los judíos… Napoleón cambió la historia de Francia y Osama Bin Laden hizo lo propio con los Estados Unidos y con el Medio Oriente.

Es más: en una concepción simplista, se podría considerar que todos los gobiernos “cambian la historia” de sus países, y en el caso de los estadounidenses, todos hacen un aporte en esa dirección.

Así las cosas, “cambiar la historia” debe ser un concepto mucho más exigente que el simple desarrollo de hechos que se sumarán a la historia de un país o del mundo, pues bastará cualquier decisión o cualquier acción para ser beneficiado con el título de modificador de la historia.

Por lo visto en los albores de la administración Obama, la historia no cambiará por lo menos para América Latina: Sin darse cuenta, la obamamanía latinoamericana recibió su primer golpe por cuenta del entonces presidente electo al señalar que “Chávez ha sido una fuerza que ha impedido el progreso de la región”. Esas palabras en boca de Bush pasarían desapercibidas, pero pronunciadas por Obama tienen enormes implicaciones que veremos a mediano plazo.

Siguiendo con la obamamanía latinoamericana, hay que decir que el titular y el desarrollo de la información en El Espectador es una interesante descripción de la mentalidad que compone esa manía: En el primer párrafo del artículo ya se encuentra una diferencia sustancial entre los que suponen que alguien va a cambiar la historia y la realidad de Obama. Refiriéndose al nuevo inquilino de la Casa Blanca, el articulista afirma: “Tampoco es el europeo honorífico que flota por las fantasías de franceses izquierdistas.”

Sin embargo, el enunciado es incompleto: Barack Obama no es el europeo honorífico, ni el terrorista vestido de civil, que flota por las fantasías de chavistas y colombianos izquierdistas, de esos que le enviaron cartas de felicitación y que han
apostado por unas pésimas relaciones entre la Casa Blanca y el gobierno colombiano. Hillary Rodham Clinton los debió dejar con un mal sabor en la boca: “Colombia es un aliado estratégico para los Estados Unidos”.

Posteriormente el artículo de El Espectador dice que “la presidencia de Obama les dará esperanza a unos Estados Unidos que (…) comenzaron a dudar de sí mismos”. Ciertamente Obama expone muy bien sus promesas, mucho mejor y con más distinción que los chafarotes latinoamericanos que intentan vender esperanzas y sueños de paraísos futuros. Pero sembrar esperanza no es un cambio histórico y solo el tiempo dirá si Obama será capaz de concretar esas esperanzas en realidades. No obstante, de lograrlo, la historia no registrará la gestión como una ruptura sino, a lo sumo, como una rectificación del rumbo.

De otro lado, se supone que Obama va a cambiar la imagen que actualmente tiene el mundo con respecto a Estados Unidos, cosa relativamente fácil si se tienen en cuenta los últimos años de manejos desastrosos en materia de relaciones exteriores por parte del gobierno Bush. Pero aquí también hay una diferencia: Obama, el real, no va a cambiar significativamente el estatus de gran poder que ostentan los Estados Unidos, lo que dejará intacto el tradicional antiamericanismo de la izquierda “democrática” de nuestro continente.

Una nueva decepción se tomará a los hoy entusiastas miembros de la
obamamanía latinoamericana, quienes esperan que el nuevo Presidente hable bien de las Farc y del intercambio “humanitario”; que se reúna con Chávez para “aprender” todos los secretos de como acabar con una democracia en una década (aunque hay señales inquietantes de sintonía en cuanto al tratamiento a la prensa), que golpee a Álvaro Uribe y se proclame seguidor de los dictados del Foro de Sao Paulo… todo esto junto sí cambiaría la historia de los Estados Unidos, pero ¿alguien apuesta por semejante cúmulo de errores?

El artículo termina así: “Nunca antes una elección estadounidense ha avivado en el resto del mundo una esperanza tan loca y a la vez tan razonable”.

Ojalá la historia se cambiara con esperanzas.
Algunos así lo creen y por eso juran que se puede ordenar la felicidad por decreto, y que Obama ha llegado para instaurar un gobierno revolucionario (algunos ilusos soñarían con añadirle la palabra bolivariano) que anuncia miseria y dificultades para renacer en un paraíso glorioso.

Ingenuidad, torpeza o ignorancia: Barack Obama no llegó a cambiar la historia más allá de la proeza de ser afroamericano y ocupar la Casa Blanca. Pero eso será una anécdota a lo sumo, en medio de los desafíos que tiene que enfrentar desde ya el nuevo presidente norteamericano que sabe que solo la astucia, una buena dosis de frialdad en el análisis de las situaciones, la convicción de que no hay amigos sino intereses y la rapidez de las decisiones serán elementos fundamentales en el éxito de su gestión. Todo lo anterior es una descripción superficial de lo que siempre ha enmarcado las acciones de los diferentes gobiernos estadounidenses.

Obama es un tipo pragmático y no uno de esos idealistas que se reúnen a admirar la “complejidad” intelectual de su maestro Carlos Gaviria Díaz, a cantar algo de Silvio o de Pablo y a beber un canelazo.

Por Jaime Restrepo. Director de Atrabilioso.

viernes, 23 de enero de 2009

“Las Farc necesitan la reelección de Chávez”

Un ex combatiente de las FARC, ahora desmovilizado, concedió una entrevista a UnoAmérica, donde afirma que esa organización narcoguerrillera necesita la reelección de Chávez para sus fines políticos y militares.

Hace tres años, Alonso era combatiente de las FARC y directivo del Partido Comunista Clandestino o PC3, brazo político de la guerrilla. Actualmente, Alonso es miembro de la organización "Manos para la Paz", que agrupa a cientos de disidentes de la guerrilla. El 29 de diciembre pasado, la presidenta de Manos pora la Paz, Liduine Zumpolle, fue declarada objetivo de guerra por parte de las FARC.
Alonso hace un interesante recuento de cómo ingresó a las FARC y cuál es la vida que llevan los guerrilleros, permanentemente amenazados por sus jefes para que cumplan órdenes, so pena de ser fusilados. Seguidamente, Alonso explica las relaciones del gobierno venezolano con las FARC, los errores que comete la oposición, y el papel de Chávez en la guerra política internacional que llevan a cabo las FARC. Algunos apartes de la entrevista:

¿Cómo te incorporaste a las FARC?
Yo estaba militando en el partido Comunista de Colombia, y llegué por invitación de ellos a participar de unos encuentros con las FARC antes de que se creara la zona de despeje en San Vicente del Caguán, un proceso de paz que se iba a iniciar con el gobierno de Andrés Pastrana.

Llegamos a encontrarnos con las FARC, y allí nos hacen la propuesta de que no militáramos directamente en la parte armada, sino que ellos habían creado unas estructuras para este tipo de personas, esas estructuras eran el Movimiento Bolivariano y el Partido Comunista Clandestino.

¿Esas eran estructuras funcionales de las FARC, o expresiones autónomas de la izquierda?
Pues, inicialmente, ninguno tenía certeza de que estaba militando en las FARC, cuando ya nos dimos cuenta era demasiado tarde. Estábamos militando en las FARC y ya era imposible salirse porque habían unos estatutos que implican que cuando uno se retira es fusilado. Entonces, inicialmente, nadie sabía de qué se trataba ni para donde iba, pero en la medida que pasó el tiempo comprendimos que la cuestión era bastante seria y bastante profunda. Durante cuatro años estuve en la parte urbana, haciendo la guerra política, la guerra jurídica y la guerra económica, y en los últimos dos años estuve en el monte.


En la Fuerza Armada Venezolana Hugo Chávez introdujo la ideología política bajo el lema “Patria Socialismo o muerte”. Con lo cual sustituye la premisa de la defensa de las instituciones democráticas por el socialismo a muerte, y por encima del respeto a la vida venezolanos de otra ideología política. ¿Con esta medida, se estará imitando a las FARC cuando justifican la muerte por su ideología, y que hundió a Colombia en décadas de violencia?.
Allí hay un transito importante para analizar del radicalismo de izquierda al fundamentalismo, y ese es el gran meollo teórico pero también práctico. Una cosa es ser radical, es decir ir a la raíz de los problemas para combatirlos y otra es el fundamentalismo. El fundamentalismo adopta una postura ortodoxa invariable frente al cualquier fenómeno, y eso es lo que le ha sucedido a las FARC. Tan alejados de la realidad están que todavía conciben una Colombia de la década de los sesentas, que fue cuando surgieron, y esa imposibilidad de ver los cambios de la dinámica social ha hecho que ellos se cierren a su propio concepto y no se abran a la dinámica social, y quieran imponerle esos mismos criterios de una sociedad de los años sesenta a una sociedad del primer decenio del año 2000.

Ese problema, lo han vivido diferentes modelos de izquierda en América Latina cuando su incapacidad para la toma del poder, o para sostener el poder es tan grande que pasan del radicalismo, que es un postura natural en la izquierda, al fundamentalismo que es el gran error y la gran debacle de la izquierda misma.

Tengo entendido que estuviste en Venezuela como parte de una delegación de las FARC para participar en un encuentro del Congreso Bolivariano de los Pueblos, y que la delegación fue recibida con honores y una parada militar de la Fuerza Armada Venezolana. ¿Cómo explicas esa experiencia contradictoria de acuerdo a tu entramado ideológico de aquel entonces?. Pues se supone que ustedes representaban la subversión armada contra las instituciones del Estado.

La izquierda en América latina se preparó para la lucha por el poder pero nunca se preparó para gobernar. Entonces, la misma dinámica que tuvieron durante el proceso de ascenso quieren imponerla sobre el proceso de gobierno. Conceptos que actualmente para todos son naturales y normales como “democracia” o el “Estado social de derecho” igualmente tienen que ser destruidos. Democracia o el Estado social de derecho no son posibles, no son compatibles con el proyecto porque la preparación se hizo para destruir el Estado social de derecho. Entonces gobernando no se puede fundamentar el Estado social de derecho si no destruirlo.


¿A qué peligro te refieres y a qué sectores?
Es que, en los sectores democráticos se dice que como somos democráticos hay que respetarlo. Porque ¿Cómo nos vamos a contradecir nosotros mismos en que siempre hemos dicho que respetemos las instituciones democráticas asi las haya tomado quien las haya tomado?. Pero no es lo mismo defenderlas cuando alguien se las toma con el fin último de desarrollarlas, que cuando alguien se las toma para destruirlas. Esa digamos es la gran confusión porque mucha gente de principios democráticos tiene y dicen “no ahora yo no puedo atacar la institución de la democracia porque yo siempre la he defendido”.

Cuéntame ¿Qué te pasó después que decidiste salirte de las FARC?
Lo primero que sucede es una persecución inmensa, dos atentados, y por todos los medios posibles ellos ha intentado frenarme en algo que para mí se convirtió en un propósito de vida, y es que más allá de la denuncia sucia y rastrera haciendo señalamientos, yo me he dedicado a develar una conducta histórica y permanente que ha diseñado las FARC.
Desarrollé un trabajo con los presos que le dolió bastante a las FARC, porque le quitamos el sustento de su principal arma de guerra internacional que es el tema del intercambio humanitario, y que valga decirlo, estaba muy bien sustentada y apoyada desde Venezuela.

Cuando la gente habla de intercambio humanitario les parece normal y la única posibilidad de ver a los secuestrados por fuera de las montañas. Pero nadie se ha puesto a pensar en los presos si ellos quieren regresar a las FARC o no. Es más, no les han preguntado si quieren una mediación como la que hizo Chávez.

Nosotros hicimos ese trabajo cárcel por cárcel, preguntando y la opinión de los muchachos presos era que no solamente no querían regresar sino que reexigían a las FARC que, unilateralmente, entregaran a los secuestrados y que no querían una mediación como la de Chávez. Porque muchos de ellos, en su oportunidad, pasaron la frontera, y fueron recibidos e hicieron tratos etcétera… con algunas personas y organizaciones en Venezuela que actúan en complicidad con las FARC. Entonces ellos sabían cual era la orientación y hacia donde estaba dirigido eso.

Así pues, nos opusimos abiertamente a esto, y en este momento las FARC no tienen el sustento en hombres para hablar de intercambio humanitario, que es tal vez el argumento mas importante, y lo que mas les ha dolido ya que les quitamos su principal herramienta en la guerra internacional.

¿Cuál será la estrategia de las FARC para el año 2009?
Va a seguir siendo importante y muy importante el desarrollo de la presión latinoamericana al gobierno colombiano, y por eso siguen siendo importante los esfuerzos del gobierno venezolano, del gobierno ecuatoriano y el gobierno boliviano para presionar al gobierno colombiano.

También son importantes las organizaciones que los acompañan y todo lo que se esta moviendo alrededor de eso, porque dentro de muy poco el tema del intercambio humanitario vuelve a estar en el eje de todo este fenómeno, y además esta el reconocimiento político o beligerancia como una de las dádivas que deben otorgársele a las FARC. Está proyectado que ese reconocimiento se lo darán estos tres países Venezuela, Ecuador y Bolivia que de una u otra manera resultan ser cómplices directos de la actividad de las FARC.

¿Cómo interpretas la enmienda constitucional en Venezuela para votar la reelección indefinida de Chávez, dentro de esta estrategia de las Farc?
El hecho de que se quiera postergar y mantener durante mucho tiempo el proyecto bolivariano no solo en Venezuela, sino como proyecto estratégico para América latina, significa primero para las FARC, una plataforma política permanente; y segundo es indispensable para el afianzamiento de las políticas que ha impulsado Venezuela para el continente. Claro, obviamente, en detrimento de los pueblos latinoamericanos que no conocen la profundidad del tema.

El tema contradice de fondo ideológicamente al mismo Bolívar que decía que es imposible que un gobernante se prolongue en el mandato sin que resulte siempre siendo un tirano. Y resulta que ese modelo castrista que se desarrolló también en Venezuela lo que pretende es eso, la elaboración de la imagen de un tirano que pueda postergarse por mucho tiempo en el poder, pero que tenga la fachada de haber llegado al poder por vía democrática, y por lo tanto, sea en cierta manera legítimo ante la comunidad internacional.

¿Cómo te autodenominas hoy, de izquierda o ya no lo eres?
Yo creo que el tema de las derechas y las izquierdas es una trampa ideológica en la que hemos caído tanto los que se consideran de derecha como los que en algún momento nos consideramos de izquierda. El cuento no es de derecha o izquierdas. El cuanto es de viabilidad de proyectos. El hecho es la pertinencia histórica de cada propuesta, el hecho es de quien en el debate logra convencer con argumentos e investigaciones, y elegir cual es el mejor rumbo para una región. Si no nos desprendemos del vicio de ver todo en derechas o izquierdas vamos a permanecer en ese círculo que, precisamente, ha sido una ganancia para los sectores que se consideran de izquierda, porque mantienen en ese círculo vicioso a todo el mundo dando vueltas mientras avanzan en unas perspectivas diferentes.
Por Alejandro Peña Esclusa. Columnista de Atrabilioso.

jueves, 22 de enero de 2009

Comenzó el año

Este año comencé recordando el ataque que hicieron las Farc contra el Palacio de Nariño el 7 de agosto de 2002. Y lo recordé por la pregunta que leí por ahí sobre los motivos que tenía la gente para relacionar a los que atacan a Uribe con las Farc.

Lo que veo es que, por lo menos, hay una coincidencia en los propósitos (esa que siempre ha existido) aunque unos lo hicieron desde su actividad normal –el terrorismo- y los otros desde el terreno político –en el que se han desenvuelto con facilidad durante los últimos años-.

Mientras las Farc lanzaban cohetes contra la casa de Gobierno, y dejaban decenas de muertos en la calle del Cartucho en Bogotá; los otros empezaban el trabajo propagandístico de las calumnias, los señalamientos y el manejo mediático que les permitiera conseguir adeptos para su causa.

Ahora las Farc, en huida constante y con la única posibilidad del uso del terrorismo contra los colombianos, carecen de la capacidad para emprender osadías como el ataque de uno de los sitios más custodiados del país... y esto, así no les guste a muchos, se debe a la política de Seguridad Democrática.

Mientras tanto los otros, ocupados como siempre en su tarea de paciencia y persistencia, siguen empeñados en criticar lo bueno, lo malo y lo feo en las actuaciones del gobierno Uribe: eso de que nada les gusta es un hecho más que evidente, no porque la iniciativa o la decisión del Gobierno sea descabellada, sino porque ellos necesitan depositar el veneno producto de la animadversión y de la rabia que les da el estar por fuera del poder y padecer un arrinconamiento cada vez mayor.

Pero el año comenzó con más peculiaridades del grupo totalitario: aquella que juraba que no tenía nada que hablar con el “paramilitar-presidente”, rogó durante varios días para que Uribe la recibiera y pudiera cuadrar el espectáculo que piensa montar para la liberación de varios secuestrados, tratando de contar con la colaboración del “asesino que dirige al país”, como lo dijo en México hace casi dos años… para aquella, cualquier incoherencia es posible con tal de tratar de abrirle un cupo a Chávez en el show de las liberaciones unilaterales y “humanitarias” de las Farc, pues el tirano de Miraflores necesita con urgencia esos segundos mediáticos en vísperas del referendo para la reelección indefinida.

Mientras tanto las Farc, descritas por aquella Senadora y por el propio Chávez como un grupo que busca incansablemente la paz, asesinaban a seis civiles con un cilindro-bomba en Roberto Payán, municipio de Nariño.

Esos mismos “pacifistas” secuestraron a 10 colombianos cuando anunciaban con bombos y platillos la liberación de algunos canjeables: seis muertos y 10 secuestrados (que ya fueron rescatados por el Ejército) no inmutaron a los románticos firmantes de las cartas de amor a las Farc... esos no son importantes para los propósitos criminales de los escuderos políticos y judiciales del terrorismo.

¡Y claro! No podía faltar el “Rey del despeje”, Andrés Pastrana Arango, abriendo el 2009 con una de sus acostumbradas pataletas, esta vez por cuenta de un grupo de asesores internacionales contratados por la Cancillería para diagnosticar y estructurar por fin las relaciones internacionales del actual Gobierno. A Pastrana le pareció que eso dejaba sin piso a la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores. La infinita ignorancia del “Rey del despeje” le hace creer que lo que él diga en esa Comisión es de obligatoria aplicación, cuando el mismo nombre indica que las sugerencias de sus miembros pueden o no ser aceptados por el Gobierno.

Lo peor es que ni los suyos lo respaldaron, como ocurrió con Belisario Betancourt, quien señaló que ellos fueron consultados sobre el tema de los asesores internacionales y que varios, incluído el propio Belisario, habían dado un concepto favorable.

Solo falta algún disparate samperista, aunque no debe tardar, pues ya sus áulicos han avanzado bastante en solo 20 días.

Por Jaime Restrepo. Director de Atrabilioso.