miércoles, 20 de agosto de 2008

Un discurso que puede hacer mucho daño

Quizá lo más difícil en política sea encontrar un discurso coherente en el que la mayoría de la gente identifique sus anhelos o refleje sus temores. Por esa razón, no deja de ser paradójico que en su peor momento la oposición esté encontrando un discurso que tiene que ver con la economía.

Las últimas encuestas muestran a una población colombiana preocupada por el acontecer económico, y a ese sentimiento se le debe sumar la preocupación que ha surgido en varios sectores de la academia, de que a la economía colombiana le llegue la
enfermedad holandesa por culpa de descubrimientos que se vislumbran en hidrocarburos y minería. Muchos de los argumentos para sospechar de una eventual dependencia económica del petróleo o de la minería o en el peor de los casos de ambos, tienen que ver con que la inversión extranjera directa podría superar fácilmente este año los doce mil millones de dólares y más del 60 por ciento de dicha inversión irá dirigida a esos dos rubros. Infundados o no, con los temores se puede hacer política; y si hábilmente se manosea una llaga a la que nadie le para bolas, la ventaja que se puede tomar es inmensa.

El gobierno Uribe, que ha sido el que mejor ha manejado la era de la información, parece subestimar a una clase media cada vez mejor informada por el creciente cubrimiento de televisión por cable e internet. A raíz de ello, para muchos el tema venezolano ya no es desconocido y no es descabellado pensar que se pueda hacer política pintando un futuro apocalíptico donde el petróleo o los minerales aparezcan como monstruos que no sólo se comen la economía colombiana sino también a toda la sociedad entera, mejor dicho, se puede hablar fácilmente de la “venezolanización” de Colombia. Todo un discurso comestible en un país donde el actual presidente venezolano con su arrogancia y modelo de sociedad es odiado casi por todos.

Lo más curioso de todo esto es que los argumentos de quienes quieran explotar políticamente la inminente llegada de la fiebre holandesa sean tan contradictorios como ineficaces. No se puede proponer cerrar las compuertas de escape cuando el agua esta inundando al barco, como lo están haciendo las cabezas opositoras, entre las que brilla con luz propia la de Cesar Gaviria. La teoría de los opositores se basa en que para evitar que el país caiga en la enfermedad holandesa se debe acabar con el régimen de zonas francas y cualquier otro estimulo a la inversión, cuando en realidad se debe incentivar otras actividades económicas diferentes a la de hidrocarburos y minera para mantener una balanza equilibrada entre esos sectores y el resto de los que componen el PIB del país.

Lo que proponen los opositores es tan descabellado que en vez de evitar la llamada enfermedad holandesa u otros problemas derivados de contar con una economía de monocultivo será crearla o acelerar su aparición, pues aunque Colombia no encuentre grandes yacimientos, los otros sectores económicos resultaran tan poco atractivos para la inversión que cualquier Cerrejón o Cusiana en declive los podrán superar fácilmente. Pero en país de ciegos el tuerto es rey, y si la gente del gobierno no dice que para evitar la “venezolanización” de Colombia es con más apertura de mercados, con más estímulos tributarios, con estabilidad en las reglas del juego a largo plazo, se aparece un demagogo y nos hace el gol cuando mejor jugábamos el partido.

Por Wilfredo Moreno. Columnista de Atrabilioso.

martes, 19 de agosto de 2008

Enjuiciar a quienes tenían vínculos con Raúl Reyes

Es necesario formar una Comisión Internacional de la Verdad, integrada por personalidades iberoamericanas, para denunciar y juzgar a aquellos que hayan prestado o presten ayuda a la organización narcoterrorista colombiana.

El 1 de marzo de 2008, las Fuerzas Militares de Colombia realizaron la histórica Operación Fénix, en la que se dio de baja al segundo hombre de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), alias Raúl Reyes.

Durante la operación, se decomisaron tres computadoras, dos discos duros externos y tres llaves USB (ocho elementos en total), pertenecientes a las FARC, que contenían 609,6 gigabytes de datos: 37.872 documentos escritos, 452 hojas de cálculo, 210.888 imágenes, 22.481 páginas web, 7.989 direcciones de correo electrónico y 10.537 archivos de sonido y video.

Tres días más tarde, las autoridades colombianas solicitaron asesoría técnica a la Interpol, para determinar si alguno de los archivos contenidos en los ocho elementos había sido creado, modificado o eliminado a posteriori.

El 15 de mayo, el secretario general de la Interpol, Ronald K. Noble, sostuvo en Bogotá que las computadoras pertenecían a las FARC y que la información contenida en ellas no había sido alterada.

Del informe se desprende que los datos contenidos en los ocho elementos decomisados son válidos jurídicamente, y que por tanto podrían usarse para enjuiciar a los cómplices nacionales e internacionales de las FARC, que aparecen allí registrados. Sin embargo --aparte de publicar algunos correos de Raúl Reyes en los medios de comunicación-- poco o nada se ha hecho para enjuiciar y encarcelar a los aliados de una de las organizaciones narcoterroristas más dañinas y peligrosas del mundo.

¿Cómo explicar semejante incongruencia? Así: quienes aparecen vinculados a las FARC son presidentes en ejercicio, ministros, senadores, diputados, gobernadores y dirigentes políticos de toda Iberoamérica.

Los cómplices de las FARC se escudan en su condición política para evadir su responsabilidad personal. Caso emblemático es el de Hugo Chávez, que utiliza la presidencia de Venezuela para enviar tropas a la frontera, romper relaciones con Colombia, hacer que otras naciones hagan lo mismo, y crearle una crisis económica al vecino país, saboteando el dinámico comercio bilateral.

Solo una Comisión de la Verdad, conformada por personalidades iberoamericanas de reconocida trayectoria, tendrá el poder político y la fuerza moral para investigar, denunciar y promover el enjuiciamiento de los aliados de las FARC.
Conformación.
La Comisión Internacional de la Verdad puede estar constituida por tres niveles:
* Un grupo de notables iberoamericanos, que podría incorporar a personalidades europeas y estadounidenses. Sus integrantes serían ex presidentes, magistrados, juristas, periodistas, escritores, dirigentes políticos, criminalistas, intelectuales, artistas y profesores universitarios. Entre ellos escogerían una Directiva.
* Un reducido equipo multinacional de profesionales --a dedicación exclusiva-- que ofrezca apoyo técnico, comunicacional y secretarial.
* Un amplio movimiento iberoamericano, asociado políticamente a la Comisión --conformado entre otros por partidos políticos, gremios y asociaciones civiles-- cuya función sea la de crear conciencia en la ciudadanía y, posteriormente, organizar acciones para forzar a los aliados de las FARC a acatar las acciones judiciales en su contra.
El plan de trabajo contemplaría:
* Obtener de las autoridades colombianas una copia fiel y exacta de la información contenida en los ocho elementos decomisados durante la Operación Fénix.
* Seleccionar los casos más relevantes, apuntando primero hacia los aliados más importantes de las FARC.
* Redactar e introducir las acusaciones correspondientes ante los tribunales nacionales e internacionales, incluyendo la Corte Internacional de La Haya.
* La Directiva deberá viajar --país por país-- a presentar las conclusiones de su investigación a los poderes públicos, a las instituciones más representativas y a los medios de comunicación, señalando por nombre y apellido a los ciudadanos que aparecen vinculados a las FARC, sin importar cuán alto sea su cargo.
* En caso de que los individuos señalados decidan abusar de su poder político para evadir la justicia, se debe organizar en cada nación acciones generalizadas de protesta --pacíficas y democráticas-- a fin de obligar a los imputados a someterse a la Ley.
Consecuencias previsibles:
Es de esperarse que quienes aparecen registrados en el computador de Raúl Reyes hagan todo lo posible para impedir los avances de la Comisión Internacional de la Verdad.

Pero si la Comisión logra sus primeros objetivos, de acusar a los implicados, entonces éstos pasarán a otra etapa, que consiste en desatar la violencia y la represión para conservar sus cargos.
De hombres como Chávez, el ecuatoriano Rafael Correa y el nicaragüense Daniel Ortega --por mencionar sólo a tres de los implicados por el computador de Reyes-- puede esperarse cualquier cosa, desde dar un autogolpe hasta provocar una guerra fronteriza.
Cabe preguntarse: ¿Acaso no es temerario enfrentar a una mafia tan poderosa? Mientras más tarde se le enfrente, más daño ocasionará.
Dado que no tratamos con criminales comunes, sino con dirigentes políticos e incluso jefes de Estado, es previsible que su enjuiciamiento y posterior castigo origine abruptas caídas de gobiernos y severos cambios políticos; para lo cual hay que prepararse, diseñando mecanismos para llenar el vacío político, dentro del marco establecido por las leyes de cada nación.

Por Alejandro Peña Esclusa. Columnista de Atrabilioso.

lunes, 18 de agosto de 2008

¿Seguiremos con un muerto semanal?

Mientras los hinchas de la mayoría de equipos colombianos se eliminan sistemáticamente antes, durante y después de los partidos, las soluciones que se plantean no abordan el lado oscuro de las conocidas barras bravas.

Algunos dirigentes de esas agrupaciones de aficionados dicen que, para expulsar la violencia de los estadios, los miembros de las barras necesitan trabajo, ocupación del tiempo libre y mejores perspectivas de futuro. Esa es una rotunda mentira. ¿Qué tiene que ver la ocupación laboral con matar a alguien por una bandera? Nada. Por el contrario: si esos personajes tuvieran un poco más de financiación, entonces podrían perseguir mucho mejor a sus equipos de fútbol por todo el país y llevar consigo el espíritu violento que los caracteriza.

Eso de buscar la génesis de cualquier tipo de violencia en los problemas sociales, que además son reducidos en el caso de estas barras, a estudio y trabajo, es desviar la atención frente a la gravedad de los hechos, pues asumir que una persona que no tiene trabajo -y puede pagar viajes y boletas para los partidos de fútbol- va a abandonar sus ímpetus violentos por trabajar, parece una necedad.

¿Será que la influencia que están teniendo algunos emisarios de la mara Salvatrucha en muchos de los miembros de las barras bravas, se soluciona con trabajo y estudio? No. El hecho cierto es que esas barras están siendo infiltradas por personas que pertenecen a una de las peores amenazas del siglo XXI: las pandillas que se han convertido en verdaderas multinacionales del crimen, apoyadas por los carteles mexicanos del narcotráfico. Su influencia se exterioriza, por ejemplo, en la forma de los grafitis, en la organización de los enfrentamientos en las ciudades (no en los estadios) y en la aplicación de la ecuación según la cual a mayor violencia, mayor importancia dentro del grupo.

Si un miembro de una barra brava consigue trabajo, ¿va a dejar de asistir al estadio? ¿Dedicará su tiempo y dinero a descansar o a seguir a su equipo? El fanatismo y la relación grupal lo presionarán para que siga en la barra y siempre estará dispuesto a romperse la cara a golpes con otro –en el mejor de los casos- o a dar la vida por la bandera de su equipo… y el que está dispuesto a dar la vida, está dispuesto a quitarla.

Otra situación que no se soluciona ni con trabajo ni con estudio, es la del consumo de estupefacientes y de alcohol, cáncer que poco a poco está haciendo metástasis en todos los sectores de la sociedad. Pero concretamente en las barras bravas, estas son usadas comúnmente por la mayor parte de sus integrantes.

Entonces no es un problema de trabajo, ni de posibilidades de estudio, sino de miles de niños y jóvenes que entran a un mundo de fanatismo por un equipo que conduce al pensamiento en masa en el cual el grupo actúa como un solo individuo extasiado por un resultado deportivo, por el consumo de droga o por la animadversión contra otro ser humano simplemente por ser simpatizante de un equipo rival.

Las barras se defienden culpando a las familias en las cuales no se forma en valores y tampoco se les presta atención al punto de que la barra se convierte en la única razón de vivir para muchos de los aficionados que las conforman. Ciertamente la familia, como núcleo esencial de la sociedad, es la que primero contribuye, por acción u omisión, a generar el problema que hoy enfrentamos. Es más: el descuido y la laxitud de muchos padres de familia llevan a los niños y adolescentes a buscar la razón de vivir en la afición a un equipo.

Pero, ¿qué hacen los gobiernos locales para enfrentar el problema? Muy poco. De reunión en reunión, de discurso en discurso, de promesa en promesa, los mandatarios locales le hacen el quite al problema. Un caso concreto: el alcalde de Bogotá, Samuel Moreno, recibió una carta de la barra brava de Santa Fe en la que le solicitaban que evitara la presencia de hinchas del América en el último partido. Moreno, más preocupado por que sus canas salgan bien en la pantalla, hizo caso omiso y hoy se cuenta una víctima más en la larga lista de muertos en la guerra de los aficionados al fútbol.

Enfrentar el problema de las barras bravas debe ser un asunto prioritario para los gobiernos locales de las principales ciudades del país, pues ya se habla de barras que son incontrolables y que tienen puntos de encuentro establecidos en las localidades en las que viven o en las que ejercen control territorial.

El asunto entonces pasa por una legislación seria –así sea con el deplorable Congreso actual- en la que se castigue de verdad a los menores que cada fin de semana riegan su sangre y la de los demás, por un color y una camiseta, pues son los menores de edad los que más contribuyen a la violencia de las barras bravas.

Concretamente la fuerza coercitiva del Estado debe endurecerse para desestimular la violencia, además de abrir espacios sociales y culturales que permitan la canalización del resentimiento y de las frustraciones de los aficionados. Y los clubes de fútbol deben dejar de pasar de agache frente a la crisis y asumir el liderazgo en las gestiones para reducir y erradicar la violencia del fútbol.

Pero con
curitas pantalleros, con falsas promesas, con peticiones que no tienen sentido o no son escuchadas y con negligencia de todas las partes involucradas, el problema seguirá creciendo y se convertirá en una nueva forma de violencia generalizada en todo el país.

Por Jaime Restrepo. Director Sistema Atrabilioso.

viernes, 15 de agosto de 2008

Para leer

Buscando en Internet la versión española de “The age of the turbulence”, el libro de Alan Greenspan que no había logrado encontrar en Colombia (ya llegó), hallé también el último de Barak Obama, “La audacia de la esperanza”, así que me compré los dos.

El de Greenspan, republicano, defensor de la economía de mercado, es un análisis de la economía mundial –y americana- vista por quien estuvo al frente de la Reserva Federal durante mas de un cuarto de siglo, y capoteó la crisis del 11-S, el derrumbe de las punto com, y el escándalo de Enron, Worldcom y Global Crossing, entre otras; y el segundo, el de Obama, demócrata -y para mi sorpresa, también defensor de la economía de mercado- igual análisis, pero desde el punto de vista del político.

Excelente parangón. Se pueden y se deben leer simultáneamente. Dos visiones, iguales en el fondo, aunque distintas en el enfoque.

Ambos están escritos de manera anecdótica, pero el de Greenspan es un libro de texto (didáctico) que hay que leer con algunas bases previas de economía, y mucha concentración; mientras que el de Obama -populista y sin tecnicismos- se lee como una novela.

“… lo que me sorprendió –escribe Obama- es lo modestas que eran las esperanzas de la gente y lo mucho que tenían en común independientemente de su raza, procedencia, religión y clase social. La mayoría creía que cualquiera que estuviera dispuesto a trabajar debería poder encontrar un trabajo con el cual ganarse la vida. Pensaba que la gente no debería tener que declararse en bancarrota por el solo hecho de enfermarse. Pensaba que todos los niños tenían el derecho a recibir una buena educación –que eso no debería quedarse solo en palabras vanas- y que esos mismos niños deberían poder ir a la universidad aunque sus padres no fueran ricos. Querían sentirse seguros, a salvo tanto de delincuentes como de terroristas, querían aire limpio, agua limpia, y poder pasar tiempo con sus hijos. Cuando fueran adultos querían poder jubilarse con dignidad y respeto. Y básicamente eso era todo. No era demasiado”.

Y en otro aparte, “No hace falta ninguna encuesta para saber que la inmensa mayoría de los americanos –sea republicano, demócrata o independiente- están hartos de la zona muerta en que sea ha convertido la política, en la que los intereses que representan a muy pocos tratan de conseguir ventajas, y las minorías ideológica intentan imponer su particular versión de la verdad. Seamos del estado rojo o azul, sentimos en nuestras entrañas la falta de honestidad, rigor y sentido común del debate político y nos disgusta lo que parece una retahíla continua de alternativas falsas o idénticas.”

Especial interés despertará en el lector el prólogo; el capitulo cuatro, en el que analiza el efecto nocivo sobre la política de las fuerzas institucionales -dinero, medios, grupos de interés, y el proceso legislativo- que asfixian hasta al mejor intencionado de los políticos; el capitulo cinco, el capitalismo de mercado y los efectos de la globalización; el ocho, la política exterior norteamericana, y el nueve, la familia vista desde su experiencia personal.

También aproveché y compré, "Mi vida” de Bill Clìnton, un libro de más mil paginas (12 USD), y “Chiquita”, del cubano Antonio Rodríguez, premio Alfaguara 2008 a la mejor novela (13 USD). Multiplique y compare.

Por: Miguel Yances Peña. Columnista de El Universal de Cartagena. Especial para Atrabilioso.
myances@msn.com

jueves, 14 de agosto de 2008

La judicialización de la parapolítica al desnudo

Los últimos acontecimientos relacionados con la para-política destapan el uso de dineros para comprar testigos, la injusticia de la privación de la libertad durante un largo periodo a personas inocentes y el sesgo de la Corte Suprema de Justicia a favor del sector totalitario que la cooptó.

Solo un día después de la
solicitud del Presidente de investigar a los senadores Piedad Córdoba y Gustavo Petro por interferir en procesos judiciales y manipular a testigos, la Corte Suprema de Justicia inició una investigación preliminar contra ambos congresistas considerados como estrellas de la oposición.

¿Cómo se interfiere con la justicia? Hay varias posibilidades: facilitar el ocultamiento de pruebas, promover la descalificación de evidencias favorables a un investigado, influir en la toma de decisiones dentro de un proceso o inducir al error judicial mediante la fabricación de pruebas.

La solicitud del Presidente se dirige a un solo punto: la obstrucción a la justicia mediante la manipulación de testigos. ¿Y cómo se hace eso? Con dinero y vínculos que permitan ofrecer no solo mejorar la situación económica de alguien, sino también el garantizar la integridad del testigo y de su familia para que mienta con tranquilidad.

Es inevitable pensar en los nexos de Gustavo Petro con los Círculos Bolivarianos que funcionan en Colombia: ¿Le quedará muy difícil visitar la casa de su madre en la Sabana de Bogotá y pedirle a su ex compañera Mary Luz Herrán que gestione algunos petrodólares para conseguir algún testigo que implique a otro congresista de la supuesta bancada uribista?

De igual forma es imposible no recordar al portentoso testigo de la para-política, Rafael García, quien no solo parece poseer el don de la ubicuidad, sino que además contó en su momento que tanto Piedad Córdoba como Gustavo Petro le ofrecieron asilo político en Venezuela a cambio de su testimonio. En este mismo sentido también llega la imagen de alias ‘Pitirri’, quien con 40 familiares, goza de prebendas y protección en Canadá y sus testimonios, tan sólidos como las “investigaciones” de Claudia López, han sido puntales de los procesos por la para-política.

Pero la solicitud de Uribe no es un elemento aislado. En las últimas horas el abogado de un senador denunció que la declaración extrajuicio de un testigo dejó en evidencia que se estarían
pagando dineros para que se declare en contra del congresista.

Básicamente al testigo le ofrecieron el pago de cinco millones de pesos mensuales y la ubicación de su familia en el exterior para que hundiera al senador con su testimonio. Es más: ese testigo se prestó para hacer el mismo ofrecimiento a otras personas. ¿De dónde saldrá el dinero para engañar a la justicia? Se me ocurren dos opciones: de la misma fuente que está sosteniendo el
paro camionero o de la petrochequera venezolana.

La primera tendría una motivación vindicativa, es decir, una revancha contra el gobierno Uribe por la extradición de narcotraficantes y por la persecución contra sus ejércitos privados. La segunda estaría motivada en el permanente ataque a la figura que encarna la oposición contra el totalitarismo en Colombia y en Lationamérica: Álvaro Uribe Vélez. Además, esta última también tendría un móvil de vanidad, pues Petro y sus copartidarios quieren salirse con la suya y demostrar a toda costa y cueste lo que cueste, que lo que dijeron era verdad y que se quedaron cortos.

El escándalo de la para-política tiene un componente monstruoso y es la danza de los millones para establecer el tribunal de la Inquisición contra todo aquel que ose llamarse uribista. Aunque algunos de los implicados ciertamente cometieron los delitos que se les imputan, el sesgo judicial llevará a muchos inocentes a la cárcel y eso, tarde o temprano, lo pagará el país.

La cacería de brujas
judicial dejará siempre la duda sobre la verdadera implicación de los que sean condenados en este proceso. El sesgo mostrado es de tal magnitud que ocho meses después de la sonada captura del ex presidente del Congreso Luis Humberto Gómez Gallo, se ordenó su libertad por falta de pruebas. El fondo del asunto: el testigo mintió.

Mientras tanto, en la otra orilla, las pruebas contra Piedad Córdoba se acumulan, sus palabras y gestos están en videos y audios, los correos electrónicos que intercambió con el segundo de las Farc están ahí y la Corte Suprema ni siquiera la llama a rendir cuentas de los hechos.

Avergüenza que el aparato judicial colombiano prive de la libertad durante tanto tiempo a una persona, sin las pruebas suficientes para tener una sospecha coherente de su implicación en un delito. ¡Como serán de débiles los testigos, de evidentes las mentiras y de grave la ausencia de sustento probatorio, que en menos de un mes, dos implicados en la para-política han recuperado su libertad!
Pero esto no termina aquí: el ex investigador de la Corte Suprema de Justicia, Juan Carlos Díaz Arroyo, indicó en las últimas horas que "en algunos casos las indagaciones se basan sólo en un testimonio" y consideró que en algunos procesos "se ha llegado a hilar "muy delgadito".

Dijo además que ''las investigaciones de los primeros departamentos de la parapolítica fueron excelentes, pero se desmejoró un poco el trabajo por la presión de dar resultados''. Gravísimo: las dudas no son generadas por los investigados ni por sus abogados defensores, sino por los propios investigadores vinculados a la CSJ.

Poco a poco la Corte Suprema se acerca al desenlace inevitable: denuncias por prevaricato y condenas internacionales por violación al debido proceso, como seguramente ocurrirá en uno de los casos que recientemente terminó en condena, pues las pruebas que podía aportar el sindicado a su favor, no fueron tenidas en cuenta por el máximo tribunal. A la Corte Suprema de Justicia no hay que deslegitimarla. Basta con esperar: lo conseguirá ella sola.

Por Jaime Restrepo. Director Sistema Atrabilioso.

miércoles, 13 de agosto de 2008

Colombia e Irak

A medida que se piensa mucho en una cosa se va llegando a generalizaciones que corresponden más a la filosofía que al examen del fenómeno inicial. Pero la filosofía no es algo que interese de por sí a mucha gente, y a menudo se interpreta como una pérdida de tiempo centrada en la persecución de musarañas que nada tienen que ver con la realidad. Buen ejemplo de esa percepción es la historia del individuo huraño que pide consejo a un amigo sobre lo que podría decirle a una chica que le había concedido una cita: “Háblale de comida, señal de que te interesa su persona y no sólo su cuerpo; pregúntale por la familia, muestra de que tus intenciones son serias, y háblale de filosofía, para que sienta que valoras su inteligencia”. El diálogo con la chica fue así: “¿Te gustan los espaguetis?”. “No.” “Tienes un hermano.” “No”. “Y si tuvieras un hermano, ¿le gustarían los espaguetis?”.

No obstante, hay reflexiones filosóficas que pueden resultarnos útiles para entender lo que nos ocurre; por ejemplo, la antigua pretensión del idealismo de que no ocurre nada fuera de nuestra mente. En India esa idea tuvo mucha influencia, de modo que la corriente principal del hinduismo es el “Vedanta de la no dualidad”, doctrina centrada en la negación de que haya un mundo fuera del sujeto que lo observa. En el budismo la famosa sílaba sagrada “Om” se suele traducir como “Tú eres eso”, de nuevo negando la dualidad mundo-sujeto.

Menos “filosóficamente”, ese pensamiento puede servir para que nos demos cuenta de que una conciencia clara de lo que ocurre es casi una vía de solución. O, en otras palabras, que los problemas que creemos ajenos a nosotros están en realidad dentro y son errores de nuestra concepción. En apariencia eso no es así, el ciudadano corriente no tiene ninguna responsabilidad en que haya bandas de asesinos tratando de imponer una tiranía, pues el mundo en el que él apareció ya contenía eso. Pero podríamos pensar: “En 2008 los colombianos salieron por millones a condenar a las FARC y sus crímenes y a exigir la liberación inmediata y sin condiciones de todos los secuestrados. ¿Por qué eso no ocurrió en 2000, cuando había diez veces más secuestros y la amenaza de la banda era más temible?”. Hubo un cambio en la conciencia tan importante como el cambio en la realidad. Pero el cambio en la realidad también fue fruto del formidable cambio de conciencia que presenciamos en 2001.

Hay otro ejemplo que ilustra eso: los daneses que venden camisetas de las FARC y recaudan dinero para apoyar a esa banda. El colombiano corriente los ve como a unos incomprensibles malvados sin detenerse a considerar su situación. Para un escandinavo joven un país como Colombia es encantador, la mayoría de la gente le muestra su aprobación, particularmente la del sexo opuesto, y sus opiniones siempre resultan más valoradas que las locales. Cuando observa la miseria le parece que es el resultado de un sistema de opresión que fácilmente atribuye al gobierno vigente y a la democracia y no a un orden de castas que es precisamente el que defienden las guerrillas (el caso de la persecución política emprendida por la CSJ es paradigmático). Ni hablar de la facilidad con que se atribuye toda esa desgracia a los estadounidenses, la clase de rubios que cuentan con muchas más oportunidades que ellos (salvo la de ser aprobados por los colombianos). ¿Los daneses? ¿Qué piensan los colombianos de la causas de la miseria y del atraso?, ¿y de lo que realmente defienden las guerrillas?, ¿y de los estadounidenses? Los daneses amigos de las FARC sólo reproducen ideas que han prevalecido durante muchas décadas entre los colombianos, al menos entre los que ellos pueden conocer. No son ocurrencias de ellos.

Pero los daneses están muy lejos de poderse identificar con los parientes de un secuestrado, esas personas se convierten en su mente en abstracciones, como lo son en general también para los colombianos urbanos y universitarios (los secuestrados tienden a ser ganaderos, finqueros y empresarios que poco tienen que ver con el mundo relajado de las academias y cafés revolucionarios). La distancia y los vicios morales (vanidad) hacen que el sufrimiento de todas esas personas se desdibuje y se atribuya fácilmente a quienes no quieren rendirse a las pretensiones de los admiradores de los daneses. Pero ¿los daneses?, ¿los universitarios colombianos?

Según se dice, las dos palabras que con más ansiedad quiere la gente oír no son “te quiero”, sino “es benigno”. Es lo que se podría decir de las FARC si se las compara con lo que fue el comunismo triunfante en medio mundo o con lo que fue el régimen de Sadam Husein y la campaña terrorista con la que respondió, aliado con Al-Qaeda, a la deposición del tirano. Benigno: “dicho de una enfermedad, que no reviste gravedad”. Por mucha alharaca que yo haga, no conozco a ningún secuestrado ni a nadie a quien las FARC le hayan matado a un pariente. Sería muy raro que alguien conociera a un iraquí a quien el régimen de Sadam no le hubiera matado a algún pariente. Las personas que murieron a causa de esa tiranía podrían llegar a los dos millones, de los que casi un tercio serían iraníes, caídos en la guerra entre los dos países. Proyectado eso a Colombia y a las FARC, vendría a ser como si los muertos sumaran unos cuatro millones, visto que la población iraquí es como la mitad de la colombiana.

Pero es casi imposible encontrar a un colombiano que no condene la intervención estadounidense que permitió derribar a ese tirano y dar la posibilidad a los iraquíes de elegir a sus gobernantes y disfrutar de derechos básicos. Perdón... ¿Qué he escrito? No quería decir eso: es casi imposible encontrar a un colombiano que no apruebe la campaña de la correspondiente “insurgencia” iraquí contra los iraquíes, que hace de todas las masacres de las FARC un fenómeno benigno. Es más: es raro un colombiano que no lamente el cese de esas masacres. Recuerdo que en la fecha de la invasión se consideraba el apoyo de Uribe una actitud servil justificable por la necesidad de apoyo para combatir a las guerrillas: un juicio de gente que apoyaba al gobierno, no de los amigos del terrorismo.

¿Con qué derecho viene alguien a quejarse de los daneses y su alegre indiferencia respecto al sufrimiento y a lo que piensan y sienten los colombianos, cuando respecto a lo que sufren los iraquíes tiene la misma actitud? Parece que la viuda o el huérfano de Bagdad o Basora fueran distintos al de alguna ciudad colombiana, o que no merecen atención o solidaridad, habida cuenta de que el antiamericanismo eleva socialmente a quien lo profesa. O lo mismo: se atribuye a la intervención, como si la voluntad de los iraquíes de apoyar a su gobierno legítimo, confirmada por una participación electoral que no se ha alcanzado jamás en Colombia, no tuviera que significar nada en comparación con el orgullito de un imbécil del trópico que se siente danés en cuanto exhibe su odio a Bush y en el mundo real, fuera de su mente mezquina y rencorosa, siempre está expuesto a ser víctima de la violencia que esos daneses alientan, ellos sí seguros en su país rico y tranquilo.

Por Jaime Ruiz. Columnista del Sistema Atrabilioso.

martes, 12 de agosto de 2008

La verdad sobre el PT y las FARC

Un escándalo mayúsculo se ha suscitado en Brasil por las revelaciones de la revista CAMBIO, según las cuales miembros del alto gobierno de Lula estarían vinculados a las FARC.

Los propios incriminados –entre ellos el canciller Amorim y el asesor Marco Aurelio García– han puesto el grito en el cielo, alegando que nada tienen que ver con la guerrilla colombiana, y que, por el contrario, fue el Partido de los Trabajadores (PT) el que "apartó a las FARC del Foro de Sao Paulo". Sin embargo, los hechos demuestran que el PT y el propio Lula han mantenido relaciones no sólo con las FARC, sino también con el ELN.

En julio de 1990, el Partido de los Trabajadores –junto con el Partido Comunista de Cuba– convocó a una reunión en la ciudad de Sao Paulo, para discutir qué hacer frente a la caída del muro de Berlín y a la presunta desaparición del comunismo. A la reunión asistieron sesenta y ocho fuerzas políticas pertenecientes a veintidós países latinoamericanos, entre ellos las FARC y el ELN.

Allí decidieron conformar una nueva organización política, de alcance continental, a la cual denominaron el Foro de Sao Paulo (FSP), y de esta manera mantener viva la utopía marxista. Establecieron un mecanismo de comunicación permanente, encuentros anuales, una revista semestral –América Libre– y una junta directiva, denominada Mesa de Trabajo.

Tanto el PT como las FARC han estado –hombro a hombro– en la Mesa de Trabajo del Foro de Sao Paulo, desde su fundación hasta (al menos) marzo de este año; es decir, durante dieciocho años. Mientras que en el Consejo Editorial de América Libre ha habido –desde su primer ejemplar hasta el más reciente– algún vocero del PT y el número uno de las FARC, Manuel Marulanda, alias Tirofijo.

El decomiso del computador de Raúl Reyes, ocurrido en marzo de este año, encendió las alarmas de todos los aliados de las FARC, incluyendo las del PT. Porque en los discos duros quedaba plenamente demostrada no solamente una afinidad ideológica, sino una alianza política y operativa con el narcoterrorismo colombiano. Eso sí que eran palabras mayores.

Así que el PT ordenó una estrategia de desacoplamiento, la cual comenzó en mayo en la ciudad de Montevideo, con una rueda de prensa sostenida por el alto dirigente petista Valter Pomar, quien se desempeñaba como Secretario Ejecutivo del XIV Encuentro del Foro de Sao Paulo.

Pomar anunció con bombos y platillos que las FARC ya no pertenecían al Foro de Sao Paulo. Sin embargo –para su desventura– Daniel Ortega se encargó de desmentirlo dos días más tarde, cuando pronunció un apasionado discurso a favor de Manuel Marulanda, que fue ovacionado de pie por todos los asistentes al Encuentro, incluyendo la delegación del PT.

En resumen, la vinculación entre el PT y las FARC es fácil de demostrar. Se da a través del Foro de Sao Paulo. Hay miles de documentos públicos que lo certifican. El problema es que Lula es nada menos que el Presidente y el PT el partido de gobierno. Por tanto, aunque existan las pruebas, difícilmente haya castigo; porque las propias autoridades querrán impedir o sabotear cualquier juicio.

Solo una Comisión Internacional de la Verdad, compuesta por personalidades de toda América, será capaz de llevar al banquillo de los acusados y de llevar a la cárcel a quienes durante tantos años han sido aliados del narcoterrorismo colombiano.

Inhabilitados en Venezuela deben acogerse al 350
La decisión oficialista de inhabilitar a candidatos opositores es una clara violación a la Constitución y a la Declaración Universal de los Derechos Humanos; porque no solamente se lesiona el derecho de los individuos a ser elegidos, sino –peor aún– el derecho del colectivo a elegir a sus gobernantes.

Las inhabilitaciones ocurren dentro de un marco sumamente grave: la promulgación arbitraria de 26 leyes totalitarias que fueron explícitamente rechazadas por el pueblo en el referendo del 2 de diciembre de 2007.

La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, en su Artículo 350, ordena expresamente a los ciudadanos desconocer "cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticos o menoscabe los derechos humanos".

La asociación civil Fuerza Solidaria propone a los candidatos inhabilitados –y también a los habilitados, por una cuestión de solidaridad– que se acojan al Artículo 350, desconociendo la decisión de inhabilitarlos. Si el Gobierno insiste en mantenerse en su error, entonces también hay que desconocer a las autoridades; tal como lo ordena dicho Artículo.

Los inhabilitados son los llamados a dirigir las acciones de desobediencia por dos motivos. Primero, son los principales agraviados; y segundo, porque como lo prueban las encuestas que ellos mismos han divulgado, son quienes cuentan con el mayor reconocimiento nacional.

Por: Alejandro Peña Esclusa. Columnista del Sistema Atrabilioso.

lunes, 11 de agosto de 2008

¿Cohecho o extorsión?

Yidis Medina, la ex congresista que denunció y aceptó su participación en el delito de cohecho con el cual vendió su voto a favor de la reelección, está sumergida en el berenjenal que ella misma armó y del que difícilmente podrán sacarla aquellos que le prometieron una corta sentencia y purgar la pena en la comodidad de su hogar.

Los datos suministrados por Yidis han sido conocidos de sobra por el país, aunque poco se conoce de la estrategia de la defensa del Gobierno: señalarla por extorsión, decisión que no es despreciable si se tienen en cuenta las pruebas que ha entregado la propia ex congresista.

Básicamente la línea de defensa del Gobierno consiste en demostrar que la ex parlamentaria consiguió extorsionar a funcionarios públicos con un argumento que pocos hubiesen puesto en duda: que ella tenía el poder de hacerlos despedir del cargo.

Con ese argumento Yidis Medina logró comprometer a algunos funcionarios, como notarios y personal del sector social, para que le giraran el pago de la extorsión, pues el chantaje consistía en que de no entregarle dinero, ella haría que perdieran sus puestos. Esa amenaza se reforzaba con el imaginario colectivo gracias al despliegue que le dieron los medios de comunicación y la misma oposición a la señora Medina, quien interpretó esa exposición mediática como un poder enorme para decidir el destino laboral de algunos funcionarios.

Otra táctica evidente dentro de la estrategia del Gobierno es mostrar a Yidis Medina como una persona capaz de conmover y generar lástima y hasta solidaridad en los que la conocían. Según el Presidente, esa capacidad de conmover fue la que llevó a Sabas Pretelt de la Vega a recibirla, pues él la tenía en un buen concepto y le parecía absurda la transfiguración de la ex congresista. Es difícil de creer que el ex Ministro haya sido tan ingenuo para considerar a una política conocida en su región como lagarta y con "uñas afiladas" como alguien respetable e incapaz de sacar las garras... esa falta de olfato no encaja en un veterano de mil batallas como Pretelt.

Lo cierto es que Uribe ha salido al ruedo para atacar a Yidis Medina y enfrentar el creciente escándalo de la yidispolítica. En cuanto a la confrontación contra Yidis, Uribe soltó algunos argumentos lógicos: ¿Si la señora Medina pertenece al partido Conservador y la bancada había decidido apoyar la reforma constitucional de la reelección, qué motivó a la ex congresista a vender una decisión que ya tenía tomada?

Es tanto el ruido que han generado los opositores sobre el tema, que los ciudadanos no se han podido detener a pensar en el primer compromiso que Yidis Medina acordó con su partido: el voto a favor de la reelección. Pero más adelante, Medina se reunió con la oposición y firmó un documento en el que se comprometía a votar negativamente la reforma: ¿Qué le ofrecieron a Yidis Medina en esa reunión en la casa de Clara Pinillos, con la presencia de representantes del PDA como Germán Navas Talero, quien dicho sea de paso es cercano al entonces alcalde Luis Eduardo Garzón? ¿Se ha investigado ese posible primer cohecho? ¡Claro! La Corte no lo ha hecho, ni lo hará.

Supongamos que nada se le ofreció y que la convencieron de votar en contra… ¿y el compromiso con el partido por el cual pudo tener una palomita en la Cámara de Representantes?

Lo que evidencia lo anterior es que Yidis no votó a conciencia, como erróneamente dice la Corte Suprema de Justicia en el fallo, sino que analizó las mejores perspectivas, se creyó el cuento de su enorme poder y llegó a la conclusión de que ella podría tener más posibilidades presionando al gobierno nacional que a unos gobiernos locales.

Es más: las posibilidades no eran clientelistas, como se ha dicho hasta el momento. Lo que Yidis Medina buscaba era dinero contante y sonante. Primero pedía que le giraran la platica, respaldando las deudas con pagarés y otros documentos. Eso era posible porque la señora Medina llamaba a algunos funcionarios y les decía que de ella dependía que conservaran el trabajo y, - aquí iba el chantaje-, les informaba que necesitaba dinero para sostener a su familia.

Un elemento constante en el clientelismo es que esa burocracia nombrada a dedo para pagar favores POLÍTICOS tiene como propósito la consecución de votos y la obtención de contratos. Pero eso de hacer nombrar a alguien para que le entregue dinero de su propio bolsillo, genera serios interrogantes.

Dice Yidis que de una notaría de Bogotá le giraron 400 millones de pesos para pagarle a Teodolindo Avendaño. De inmediato algunos han dicho que esa plata proviene del erario público, lo que es una falsedad fruto de la ignorancia, pues las notarías son autosuficientes, tienen que consignar impuestos y parte de sus utilidades al Estado y el excedente (que es enorme en el caso de algunas notarías de Bogotá) le queda al notario. ¿Dónde está el saqueo al erario público?

Es más: se sabe que algunos congresistas han ejercido una práctica ilegal y criminal en la que contratan, en su CÉLULA LEGISLATIVA, a un grupo de personas a las cuales les cobran unas cuotas por el nombramiento.

Pero esto tampoco cuadra en lo de Yidis, pues ella supuestamente presionaba unos nombramientos, incluso de gente que no conocía, y luego esas personas, mansamente, le giraban unos recursos importantes para pagar el nombramiento… parece más el pago de un chantaje para conservar un puesto que un cohecho propiciado desde la Casa de Nariño.

Ya la figura del cohecho aparece para perjudicar a terceros, ganar poco tiempo en la cárcel y de repente recibir una suma importante para paliar las necesidades que Yidis dice tener.

Ella está indignada porque su poder, ese del que se convenció, no era verdadero y apareció frente a Yidis la realidad de que no tenía forma de influir en el gobierno Uribe… ni al teléfono le pasaban y eso rebosó la copa y decidió vengarse del Presidente y de algunos de sus colaboradores, motivada además por la mezquindad de algunos sectores de la oposición y de Daniel Coronell.

Falta ver si la Corte Suprema de Justicia es capaz de discernir los hechos o si su propósito sesgado y tendencioso frente al Presidente, con objetivos claramente determinados, la llevan a cometer otro exabrupto jurídico. Será lo segundo.

Por Jaime Restrepo. Director Sistema Atrabilioso.

viernes, 8 de agosto de 2008

La gran mentira

La inteligente y audaz operación Jaque, terminaron tirándosela el ministro y los altos mandos militares, al buscar protagonismo en los medíos de comunicación.

Lo normal es que la gente sospeche de quien reclama meritos, pues los grandes hombres no suelen ser vanidosos (se trata de un valor y un anti valor respectivamente). Los de más valía suelen ser personas modestas que se mantienen alejados de la parafernalia y los medios: la vanidad les nubla el entendimiento y la razón.

La sola búsqueda de reconocimiento –además de lo tan mal contada- ya daba suficientes indicios sobre la falta de veracidad de la historia, y no creo que hayan sido muchos los que se la creyeron; tenía muchos vacíos. Lo único verosímil fue el resultado, porque la televisión nos lo mostró en vivo y en directo.

Entendimos que habían engañado a los guerrilleros, excelente, pero, ¿por qué intentar engañar, con tan malos resultados, al resto de la humanidad? ¿Para qué mentir cuando hay registros fílmicos que los ponen en evidencia, y para qué filmar algo en lo que nadie va a creer, salvo si contradice la verdad oficial?

Triunfó la estrategia militar, pero falló la estrategia mediática. Por querer parecer transparentes, como si no existieran los secretos de Estado, y como si el solo hecho de editar lo filmado no fuera un atentado contra ese principio, terminaron quedando como embusteros. Hubo tanto énfasis en resaltar que habían sido colombianos los gestores de la idea, y en que no se habían utilizado emblemas de organizaciones internacionales, que se entendió exactamente lo contrario y hoy se duda de todo. Así pasa; cuando se oculta algo con tanta ansiedad, se termina delatándolo.

En esto de las mentiras se requiere ser muy, pero muy inteligente –así que es mejor no decirlas- porque a una pequeña siempre habrá que agregarle otra mayor, hasta que explota la verdad. Y tanta fama de embustero se ha ganado el ministro, que Vlado, el caricaturista, lo representa ingeniosamente con una enorme nariz (parodiando a Pinocho) anudada para que quepa en el recuadro. Bien es sabido que la credibilidad no es un derecho, sino un frágil atributo que se construye a través de los años, y que se puede perder en un segundo.

En últimas el cómo no era importante, a menos que hubiera recompensas para debilitar la confianza al interior del secretariado, y que se sepa no las hubo. Lo importante fueron los resultados. La gente -aunque muchos no lo crean- tiene capacidad de raciocinio; sabe discernir. Ello explica que hayamos sobrevivido a la cultura del engaño que ha dominado la historia de la humanidad, y que se agudiza en la era del mercado y la información digital.

Cuesta trabajo creer que una operación de alta inteligencia, una vez finalizada tan exitosamente, se haya manejado con tan poca: la única explicación lógica, es que haya sido obra de otros. Y si en los operativos militares se repitiera la misma torpeza que se evidenció en lo mediático, difícilmente se ganará esta guerra. Así que lo mejor sería dejarse de pantalla (la gente odia a los pantalleros, si no lo sabían) y dedicarse a la tarea.

Qué bueno sería que el ministerio tuviera su propio jefe de prensa, o que los comunicados se divulgaran a través del de La Presidencia.

Por: Miguel Yances Peña. Columnista de El Universal de Cartagena. myances@msn.com

jueves, 7 de agosto de 2008

Bolivia, un peto y cinismo

Este domingo el totalitarismo latinoamericano comienza a jugarse el porvenir con el referendo que se realizará en Bolivia. La apuesta de Evo Morales es alta si se tiene en cuenta que varias provincias y la creciente oposición en algunos sectores de la sociedad boliviana, pueden terminar con un triunfo que podría generar una enorme inestabilidad en Bolivia.

El ambiente caldeado y
brotes de violencia en algunas zonas de Bolivia, presagian que la jornada del próximo domingo no será fácil. A continuación, algunos apartes de un artículo escrito por Alejandro Peña Esclusa en el que advierte sobre la posibilidad de un fraude en el referendo del próximo domingo:

El lunes pasado, Evo Morales aseguró que en el referendo del próximo domingo “no se está votando por cambio de personas en diversos cargos, sino por un modelo económico que se ha de aplicar en los próximos 40 ó 50 años”. Para los que vivimos en Venezuela, estas palabras las hemos escuchando antes, pero en boca de Hugo Chávez. Cada vez que en nuestro país hay una elección, Chávez dice que no se está votando por lo que dice la papeleta, sino por una cosmovisión, de corte comunista. Si la votación favorece a Chávez –lo cual ocurre a menudo, porque recurre al fraude–, entonces aprovecha la inercia para imponer medidas que van mucho más allá del asunto sometido a votación. Lo que importa no es la voluntad popular, sino el acto electoral, para luego justificar sus imposiciones. En otras palabras, se materializa un golpe de Estado. Basado en esta experiencia, me atrevo a recomendarles a los bolivianos que se preparen, porque, de perder el referendo, Evo Morales no reconocerá los resultados; y de ganarlo, a partir del próximo lunes comenzará una arremetida feroz contra la democracia. El primer paso será –por supuesto– poner en plena vigencia aquella constitución ilegítima, que fue aprobada entre gallos y media noche, sin presencia de la oposición, pero con presencia de fusiles. La comunidad internacional debe abrir los ojos, porque Evo Morales prepara un golpe de Estado.


El peto
El video difundido por RCN sobre la Operación Jaque demostró que el oficial del Ejército ya llevaba el peto con el emblema del CICR antes de abordar el helicóptero. Así las cosas, el peto formó parte de la operación humanitaria del rescate de los secuestrados y evidentemente fue autorizado por el general Ríos, quien estaba comandando el operativo desde una finca en el Guaviare.

Ya el senador Jaime Duzán pidió la renuncia del Comandante del Ejército, general Mario Montoya y del Ministro de defensa Juan Manuel Santos, pues según él, hicieron mentir al presidente al asegurar que el militar se puso el peto en el helicóptero por estar asustado… como si a Duzán le importara que el presidente quede bien o mal ante propios y extraños.

¿De verdad resultaría sensato, consecuente y tendría presentación que uno de los generales que diseñó la operación Jaque y el Ministro que se jugó buena parte de su prestigio en una operación que es catalogada como una de las más exitosas del mundo, tuvieran que renunciar por no difundir completamente datos operativos de una acción de inteligencia?

Tampoco parece consecuente que alguno de los militares que participaron en la acción y que le ¿vendieron? el video y las fotos a la hija de un general retirado del Ejército, que trabaja como periodista en RCN, ahora sea tratado por el ministro Santos como traidor a la patria y se hable de corrupción de alguno o algunos de los militares que participaron en la misión.

Ellos son héroes. Cumplieron la misión con un éxito total. Permitieron que Colombia celebrara el regreso a la libertad de 15 secuestrados. Guardaron el secreto de la operación y no la pusieron en riesgo. Son demasiados asuntos positivos que no se pueden mancillar con la entrega o venta del video, pues resulta entendible que esos seres humanos sienten tal orgullo por su acción, que quieren dar a conocer su heroica participación en uno de los hechos más importantes en la historia del país. Además hay que admitir que todavía somos bisoños en cuanto al éxito de operaciones militares de gran envergadura, por lo cual, la madurez emocional de quienes participan, sobre todo después de alcanzar el objetivo, los conduce a cometer imprudencias como esta.

La vanidad puede conducir a múltiples errores, pero la difusión del video no modifica en nada el desarrollo de futuras misiones de inteligencia que se sabe de antemano, no volverán a utilizar la misma estrategia o las mismas tácticas. Solo se vio la película de un acto de valor y no se comprometió en nada la seguridad del Estado.

¿Será que el ministro Santos es capaz de llevar a la cárcel al héroe que participó en la operación y que luego vendió o entregó el video por cuestiones de vanidad o de dinero? No hay traición a la patria y tampoco un delito que deje en mala situación al gobierno, pues el resultado es lo importante y este, por más arandelas que le quieran poner, es más que positivo: es un hito en la historia de las acciones antiterroristas en el mundo.

Cinismo
Una de esas frases que se escuchan en las sesiones informales de la plenaria del Congreso. Refiriéndose a la preclusión que ordenó la Fiscalía por el caso Tazmania, Gustavo Petro dijo lo siguiente:

“El gobierno atacó, insultó, fue grosero y acorraló a la Corte Suprema de Justicia… parecía que quisieran volver a quemar a los magistrados...”

¡Qué sinvergüenza! Uno de los cabecillas del M-19 que incendió el Palacio de Justicia, hoy, con cara de inocente, habla de que el gobierno quería repetir el abominable acto terrorista del que él fue uno de sus actores.

Por Jaime Restrepo. Director Sistema Atrabilioso.

miércoles, 6 de agosto de 2008

La derecha que no quieren

En Chile se ha armado cierto revuelo por la aprobación que ha mostrado el líder de la derecha y ex candidato presidencial de Renovación Nacional, Sebastián Piñera del gobierno colombiano. Por tal motivo un economista chileno que da clases en la Universidad de Yale publicó un artículo que se apresuraron a reproducir los propagandistas de los partidos hostiles al de Piñera. Parece una ocasión interesante para comentar las particularidades del gobierno de Uribe.

¿Cuál presidente de América Latina aparece cada semana en largos programas de televisión, visitando algún municipio, respondiendo preguntas de la comunidad, regañando a sus ministros públicamente, destituyendo y deteniendo ilegalmente a funcionarios sin darles oportunidad de responder a las acusaciones que hace el público? ¿Cuál presidente termina asignando sumas importantes del presupuesto mediante estos “shows televisivos”?

No, no se trata del programa Aló Presidente de Hugo Chávez, me refiero a los Consejos Comunitarios de Álvaro Uribe de Colombia.

Por desgracia no se puede pasar por alto el sesgo del personaje. Es decir, aparte de evaluar lo que son los "consejos comunitarios" hay que empezar señalando la caricatura que constituye esa entradilla del artículo: ¿qué significa "importante"? Es la clase de adjetivos que no se puede permitir ningún analista serio: ¿ha asignado Uribe en algún "consejo comunitario" el 10 por ciento del presupuesto? Eso sería "importantísimo", ¿el uno por ciento? No tampoco, puede que ni siquiera el 0,1 por ciento. Quien hace una caricatura tendenciosa de ese estilo siempre puede resultar justificado: ¿acaso el 0,001 por ciento no es una cantidad "importante"? (Ni hablar de la grosera copia de un escrito de otro economista.)

Lo mismo pasa con las demás afirmaciones: ¿cuántos funcionarios han sido destituidos en "consejos comunitarios"? ¿Cómo se entiende que los funcionarios destituidos y detenidos ilegalmente no tengan oportunidad de responder a las acusaciones? En este blog les ofrecemos la ocasión de hacerlo, ¿o estarán incomunicados desde entonces de tal modo que no se puede conocer su opinión? La misma artimaña: el lector chileno no sabe que eso ocurrió una vez ni entiende necesariamente que el funcionario destituido en el show no podía responder en el programa televisivo, cosa por lo demás obvia. Menos se va a imaginar que la "detención" tras desaparecer las cámaras no dependía del presidente.

Muchos lamentan que la política se haya vuelto un espectáculo en el que se usan sin cesar efectos de ese estilo, a otros nos duele más que el comentarismo político haya seguido por el mismo camino. El aspecto más marcadamente populista del gobierno de Uribe se explota deformando la realidad: ¿cuántos son los ministros regañados? Bueno: lo interesante no es la falta de elegancia y objetividad de ese profesor, sino los "consejos comunitarios". Es que la "política-espectáculo" es tan rentable que sólo sociedades más bien maduras y equilibradas pueden contar con que los políticos no la practicarán.

Es difícil no sentir cierto disgusto ante la zafia ligereza que domina todo ese artículo: casualmente se olvida lo que le ha ocurrido a Colombia en las últimas décadas. Los "consejos comunitarios" transmiten la sensación de que hay en Estado que funciona y que atiende las necesidades de la gente. Eso permite sacar provecho en términos de popularidad de la energía del presidente y de su laboriosidad. Pero también vencer la sensación de impotencia de la gente, que incluso con un buen gobernante encerrado en su lejano palacio sentirá que respecto a los abusos funcionariales o a los problemas acuciantes no hay nada que hacer. Bueno, hay algo más sobre eso: en Colombia siempre hay algo que hacer, ¡un paro cívico para demostrarle al gobierno que los de tal o cual región se hacen respetar! ¿Es que nadie lo recuerda ya? Lo que más molesta de los "consejos comunitarios" es que la gente ya no se deja llevar fácilmente a bloquear carreteras para que sus cuitas parezcan llegar al gobierno central.

Sí. El mismo Álvaro Uribe que tanta admiración causó entre Sebastián Piñera y suequipo. “El llamado estilo Uribe me acomoda plenamente” afirmó el empresario luego de su reciente visita a Colombia. “La Alianza puede recoger del mandatario colombiano la implementación de prácticas novedosas y políticas públicas sensatas” agregó un asesor político del presidenciable de RN hace poco en su columna regular de La Tercera.

Es cierto que las políticas de Uribe para derrotar la guerrilla han sido exitosas. También que la extradición de los líderes del narcotráfico a los Estados Unidos fue elogiada ampliamente, aunque varios analistas argumentan que no tuvo alternativa en vista de indicios crecientes respecto de su relación pasada con paramilitares y narcotraficantes (la distinción entre ambos grupos es tenue en Colombia).

La vulgaridad del recurso lo lleva a uno a preguntarse qué está ocurriendo con las universidades estadounidenses para que contraten a personas de tales calidades: ¿cuál es la "relación pasada" con paramilitares y narcotraficantes del presidente? Algo que "argumentan varios analistas". Impresionante: si hubiera el menor indicio serio, más allá de la propaganda de los amigos de la guerrilla, de tales relaciones, y de tales motivaciones para extraditar a los jefes de las AUC, ya las conocería todo el mundo. Bueno, en rigor es perfectamente posible que el acuerdo entre la CSJ y esos presos se estuviera consumando a fin de que los primeros declararan que recibían órdenes del presidente: no hay ninguna diferencia sustancial entre ambas cúpulas, ni una lindeza como ésa sorprendería a nadie en Colombia.

Sin embargo, en los ámbitos más tradicionales de las políticas públicas, aquellos donde los problemas de Colombia guardan alguna relación con los de Chile, la evaluación del gobierno de Uribe deja bastante que desear. En política social, Uribe ha enfatizado una serie de programas asistencialistas, que intentan remediar mediante transferencias directas la exigua generación de empleo formal en el país cafetero.

Incluso en términos de rigor lingüístico el profesor de Yale deja mucho que desear: los programas asistencialistas no intentan "remediar la exigua generación de empleo" sino sus consecuencias. Lo interesante es la consideración del asistencialismo, sobre todo del programa Familias en Acción. Como bien señaló en una ocasión el presidente Uribe, los críticos más acérrimos de ese programa son los mismos que claman porque el gobierno desatiende "lo social". El reproche por el asistencialismo lo ha llegado a proclamar un analista de la categoría del senador Robledo, para que vean (los comedores comunitarios son sólo el esfuerzo contra el hambre, lo que hace el gobierno es condenable asistencialismo: hay que haberse corrompido engañando a jovencitos durante muchos años para llegar a tanto descaro: perdón, es peor, Engel dice que el programa intenta remediar la exigua generación de empleo, para Robledo es la causa de que sea exigua).

Nuevamente el profesor pasa por alto la realidad colombiana: lo que se podría hacer desde el gobierno para generar empleo es muchísimo, pero las medidas más obvias como suprimir la tributación que depende de la contratación no han figurado en el programa de ningún partido, ni siquiera han merecido el interés de ningún columnista de prensa influyente hasta hace poco. En buen romance eso quiere decir: el que sacrifique el asistencialismo en aras de la creación de empleo obrará rectamente en términos técnicos y aun morales, pero no gobernará en Colombia. Convertir al presidente Uribe en el porfiado ejecutor de políticas populistas vendría a ser como si las lectoras de este blog fueran las arrogantes despreciadoras de Robert Redford, pues lo más probable es que sus novios o maridos desmerecen en apostura al lado del actor.

Ese programa y el asistencialismo en Colombia merecen otros dos comentarios: por una parte, los críticos del gobierno lamentan sin cesar que el crecimiento no vaya acompañado de la necesaria equidad y de que aumente la "pobreza relativa" (un concepto académico genial que no soy el más indicado para explicar): pero esos programas efectivamente la reducen, con lo que la crítica al gobierno es la vieja rutina del "palo porque bogas, palo porque no bogas". Lo otro es esto: Colombia es un exportador de petróleo, gas y carbón, ¿a quién pertenece eso? Si se estima que es a todos los colombianos, esos programas asistencialistas al menos muestran que algo llega de esa riqueza a los más pobres. Sin esos programas no es que hubiera más generación de empleo, ni siquiera cuentas públicas más saneadas, sino un reparto más generoso entre las bases de la izquierda democrática, entre quienes se organizan y luchan, como se vio abrumadoramente durante el gobierno de Ernesto Samper.

Colombia tiene la tasa de desempleo más alta de las siete economías grandes de América Latina y la solución a esta situación pasa por reformas del mercado laboral, no subsidios que tienden a perpetuar situaciones de dependencia. Uribe tampoco ha sido particularmente respetuoso de los contrapesos institucionales: eso de que tener instituciones que funcionen le importa un rábano.

Como ya he señalado, la grosería es el tono predominante de ese artículo: parece que efectivamente el presidente no necesitara a la opinión y pudiera hacer lo que le diera la gana, como reformar el mercado laboral cada vez que se enterara de las claves de generación de empleo (pero sí ha promovido una reforma, con un precio tremendo en términos de propaganda hostil en la prensa). También lo de que los subsidios generan dependencia es un lugar común cuya comprobación no parece muy segura, sobre todo teniendo en cuenta lo exiguos que son y que están ligados a la inserción de los niños en el sistema escolar.

En todo caso, el lugar común de que el presidente no respeta los contrapesos institucionales encontrará una lectura sesgada en Chile: se trata de que a veces critica las actuaciones del banco emisor o de alguna institución semejante: ¿ha impuesto su voluntad sobre esas actuaciones? No, pero en ese nivel de propaganda rastrera se convence al lector desinformado de que eso es así y de que la crítica a alguna entidad ya es una forma de persecución. Lamentable, yo tenía mejor opinión de los analistas chilenos.

Las agencias de gobierno encargadas de evaluar las políticas públicas han sido debilitadas bajo su gestión. Insulta a los jueces, impreca públicamente al consejo del Banco Central y está a punto de
cambiar la Constitución para que ser elegido por tercera vez.
Lo de que "está a punto de cambiar la constitución" es una mentira grotesca: ¿qué es "a punto"? ¿Hay algún proyecto de ley en el legislativo en tal sentido? ¿Está "a punto" de hacerse algo que en todo caso tardaría muchos meses? Yo estoy casi seguro de que esa reforma no se llevará a cabo, pero si alguien creyera que tal cosa ocurrirá eso no autoriza a divulgar mentiras tan toscas. También los chilenos no están a tanto de lo que es la Corte Suprema de Justicia, que se podría describir minuciosamente como una caterva de criminales. ¿Cuáles son las agencias evaluadoras debilitadas? ¿Cuáles son los insultos a los jueces? Ya se verá: este académico es tan zafio que no se resiste a comparar a Uribe con Chávez. ¿Cuántos chilenos están al tanto de la realidad colombiana?

Visité Bogotá, durante una semana, a fines de junio. Dicté varias conferencias, me reuní con destacados políticos y técnicos, incluyendo ex ministros de Estado y un precandidato presidencial. En general, lo que percibí fue una gran frustración con la gestión del presidente Uribe, porque el éxito obtenido en la lucha contra la guerrilla no ha ido acompañado de reformas que contribuyan a un mayor crecimiento futuro y a reducir la pobreza.

Es de verdad inverosímil tanta grosería y tanta estupidez: el rango de los interlocutores del profesor resulta una prueba de las mentiras que cuenta a continuación: ¿hay una gran frustración con Uribe? Sí, entre sus enemigos, que no quieren que tenga éxito. ¿Qué puede probar eso? Hay que ser un poco desaprensivo para argumentar de ese modo. Pero ¿el gobierno se resiste a emprender reformas que contribuyan a un mayor crecimiento futuro? Bueno, el crecimiento colombiano del último sexenio es extraordinario, si se piensa en lo que ocurrió durante el sexenio anterior. ¿No se ha reducido la pobreza? Todas las reformas objetivamente útiles "que contribuyan a un mayor crecimiento futuro y a reducir la pobreza" tienen en contra a la oposición que tiene puestos en el legislativo. ¿O no?

El ingreso promedio de Colombia es la mitad del de Chile, queda todavía mucho por hacer y Uribe ha dejado pasar las posibilidades que dio la bonanza internacional de commodtires para hacer reformas urgentes. Fue por eso que me llamó la atención cuando me enteré por la prensa de la versión que estaban dando Piñera y su equipo sobre Colombia. No cuadraba para nada con lo que me tocó ver.
Impresionante: ¿a qué viene que el ingreso promedio sea la mitad del chileno? A que queda mucho por hacer. El ingreso promedio chileno es menos de la mitad del noruego, queda mucho por hacer. ¿Qué prueba eso contra un gobierno o unas políticas? Pero ¿qué fue lo que le tocó ver a ese prócer en Colombia? La cara de sus interlocutores, ex ministros de Estado, probablemente del gobierno de Samper. ¿Qué prueba lo que a él "le tocó ver"? En el futuro una de las misiones de la escuela pública debería ser enseñar normas mínimas de autorrespeto.

Respecto a las reformas necesarias en términos de racionalidad económica, las posibilidades reales del presidente son muy reducidas: cualquier paso en falso que significara pérdidas de apoyos políticos podría abrir las puertas al caos. La presión de todo tipo de intereses en los medios de comunicación y la hostilidad de las clases poderosas, que anhelan volver a los noventa, impiden siquiera que se planteen esas reformas: la torpe superchería de ese profesor consiste en atribuirle al presidente todos los defectos de la sociedad. Es el juego típico de los demagogos en todos los contextos: ¿qué pasaría si el gobierno en aras de reducir desigualdades eliminara los subsidios a la gasolina o dispusiera una tributación similar a la chilena, por poner un caso? Que se encontraría con un país ingobernable, con huelgas de empleados estatales y descontento de todos los políticos, por no hablar de las llamadas insurreccionales desde la prensa.

Una vez más la derecha chilena se dejaba encandilar por alguna experiencia extranjera sin conocerla mayormente. Ya pasó en diciembre cuando un ex primer ministro de Estonia participó en la Enade, o hace unas semanas cuando se puso de moda exagerar los éxitos recientes de Perú.

Es cierto que Uribe es de los pocos presidentes de derecha en América Latina y que además fue reelecto. También es cierto que ha reducido los impuestos a las empresas, una idea siempre popular en la Alianza. Pero eso no significa que haya hecho un buen gobierno. Uribe es un populista de derecha, así como Chávez es un populista de izquierda.

Alguien que escribe "que Uribe es un populista de derecha como Chávez es un populista de izquierda" no debería escribir en un periódico importante, ni menos dar clases en una universidad. Como mucho, podría trabajar en una empresa de llaves y cerraduras. ¿Qué les parece esa demostración? "Eduardo Engel es un cretino chileno tal como Felipe Zuleta es un cretino colombiano". Con tan genial recurso queda sustentado que Uribe no ha hecho un buen gobierno, de tal modo que la aprobación mayoritaria de los colombianos resulta una prueba de que son idiotas. ¿Cómo podría evaluarse un gobierno para ver si es bueno o malo? ¿Qué tal los indicadores de seguridad ciudadana? ¿O de crecimiento económico? ¿O de reducción de la pobreza? ¿O de ampliación de los cupos escolares? Tal vez Colombia gobernada por un Ángel progresaría más, pero las alternativas reales a Uribe se llaman Horacio Serpa o Carlos Gaviria. Y las políticas deseables requieren algo más que la buena disposición del gobernante: algún apoyo en la sociedad, cosa que en Colombia no se da, salvo últimamente respecto del esfuerzo para contener a los terroristas.

La tosquedad del recurso de ese señor recuerda mucho la universidad colombiana: si el crecimiento colombiano fuera diez veces el actual, siempre se podría decir que nos merecemos un crecimiento mayor. Si fuera ya abrumador, se diría que no estaba bien repartido. Si estuviera "bien" repartido, habría una queja contra el materialismo que sólo considera el bienestar económico.
Chile no necesita populismos, ni de derecha ni de izquierda. Uno esperaría un poco más de seriedad del presidenciable de RN y su entrono. Esta no es la derecha que queremos.
Yo soy tan bienintencionado que creí que este hombre representaba un discurso centrista o de una derecha alternativa, pero resulta que es una figura próxima a la Concertación (coalición de gobierno formada por socialistas y democristianos). ¿Se figuran qué significa el título de su escrito?: pretende cómo debe ser su adversario, como cuando a la novia de uno le resulta un pretendiente y uno intenta definir los rasgos que debe tener, o como cuando un hincha de un equipo de fútbol aconseja al técnico rival sobre la alineación que le conviene (al hincha). Prodigioso.

martes, 5 de agosto de 2008

La masacre del 11 de abril en Venezuela: todo estaba planificado por el régimen chavista


La masacre del 11 de abril fue planificada
Cargado por ricardonunez

lunes, 4 de agosto de 2008

Por turnos

Para algunos es simple casualidad. Para otros es paranoia. Sin embargo la situación indica que existe un cuidadoso desarrollo de la estrategia mediática y política del totalitarismo contra Colombia.


El chavismo y sus esbirros se turnan las agresiones. Mientras Hugo ‘Cipriano’ Chávez baja el volumen de sus ataques y se muestra “amigable” con el gobierno Uribe, toma la vocería el lacayo Daniel Ortega para otorgarles a sus hermanos de las Farc una especie de estatus de beligerancia de facto, haciendo una revoltura sin precedentes sobre sus razones para mantener como refugiadas a tres terroristas de las Farc.

Habla de “amenazas del gobierno colombiano” y del diferendo limítrofe como justificación para mantener a la Morett y a sus compinches como “princesas” en Nicaragua.

Como
el agua le está llegando al cuello a Ortega, seguramente en los próximos días se dará el relevo de la vocería chavista y la retomará Rafael Correa, quien de repente concederá unas declaraciones indignantes, groseras y agresivas contra Colombia. Esa situación llevará nuevamente al gobierno a protestar y la respuesta airada de Correa será la congelación de las negociaciones que viene adelantando la OEA para restablecer las relaciones entre Colombia y Ecuador.

Y después de Rafael Correa, ya con suficiente tiempo para que se olvide o no sea importante la información incautada en el computador de ‘Raúl Reyes’, Hugo Chávez volverá a sus andanadas, pues ese manso cordero que ahora aparece en los medios
retomará la vía de los ataques para tratar de ganar puntos en las elecciones de diciembre próximo. Como siempre, ante problemas internos lo mejor es buscar un enemigo externo a quien culpar de todas las desgracias que padece una nación. A todo esto siempre se sumará, entusiasta, la desenfocada presidenta de Argentina.

Mientras el
frente internacional chavista aplica la estrategia de relevos, en el campo interno se toman un receso para emprender la tarea con más vigor. En general la oposición colombiana está en “retiros mediáticos” y solo han intentado una moción de censura contra el ministro de Protección Social y han concedido algunas entrevistas aisladas. Pero eso no durará mucho tiempo y pronto retomarán las armas, no sea que el retiro temporal se convierta en aislamiento y por consiguiente, pierdan la visibilidad mediática que tantos votos les ha conseguido en contiendas electorales pasadas.

Lo importante es llamar la atención sobre este accionar, pues no obedece a impulsos independientes y aislados. Por el contrario: hay un propósito concreto de agredir al gobierno colombiano desde un punto específico (ya sea Ecuador, Venezuela, Farc, Nicaragua, Polo Democrático Alternativo) para obligar a Colombia a reaccionar y defenderse de la arremetida. Para tal fin, nuestro país requiere concentrar esfuerzos y energía en la defensa que finalmente parece dar frutos en un momento dado.

Pero es una simple distracción. Mientras un frente de ataque
reduce su fuerza, otro la retoma y el gobierno nacional tiene que enfrentar la agresión en otro punto. Total, el desgaste es enorme y los esfuerzos realmente no funcionan, pues simplemente se dispersan las tareas de defensa colombianas en unos atacantes que solamente son lacayos del expansionismo totalitario del siglo XXI y siguen la estrategia al pie de la letra.

Lo único que se mantiene invariable dentro de la estrategia es el frente mediático, el de los columnistas y medios que ejercen su tarea semanal de desprestigio contra el gobierno. Ese punto de ataque, vigente y permanente, aunque no toma recesos, también ejecuta la táctica del relevo de la vocería para distraer a los lectores o ciudadanos que son bombardeados con la propaganda que difunden: una semana es la Agencia Bolivariana de Prensa la que lanza el ataque. A la siguiente es Prensa Latina que publica la entrevista a algún “distinguido” miembro de la cúpula de las Farc. Luego es Anncol la que toma la vocería y comienza a vomitar todo el veneno posible, el que es inoculado en los enfermos de anncoholismo.

Lo anterior tiene varios propósitos: extender los ataques el mayor tiempo posible y mostrar que, en apariencia, son muchos los que hablan en contra del Presidente, del gobierno y de Colombia en general. Si alguien se pone en los zapatos de uno de esos europeos ingenuos que ven a las Farc como un movimiento por la liberación del país, y llega a sus ojos la propaganda negra que proviene de “varias fuentes” que se proclaman independientes y alternativas, ese europeo va a convencerse de las bondades del grupo terrorista y del proyecto totalitario que respaldan con las armas.

Y, como si fuera poco, el frente virtual actúa incansable, con renovados bríos que les otorga el saberse ganadores diarios de los combates, pues su tarea la cumplen con éxito en los foros y medios de comunicación a los que tienen acceso.

Algunos de los distinguidos miembros del club de los inocentes de las Farc dirán que lo anterior es un discurso paranoico… sin embargo los hechos y la cronología de los acontecimientos demuestran con lujo de detalles que es urgente dejar sentado el precedente de la estrategia de relevos, la historia del paso del testigo entre unos y otros y las intenciones que son evidentes para una creciente mayoría de colombianos y latinoamericanos.

Por Jaime Restrepo. Director Sistema Atrabilioso.

viernes, 1 de agosto de 2008

Unidos

A las personas las unen muchas cosas. Yendo de lo macro a lo micro, la especie, la raza, la nacionalidad, las ideas (observen qué tan alto valor le otorgo), la idiosincrasia, las afinidades, los intereses, los principios éticos y los valores morales que yo englobo en el concepto de comunidad, las victorias (para celebrar) y las desgracias (para soportarlas), los amigos, pero también los enemigos (cuando son comunes), la familia, el enamoramiento, y finalmente el mas fuerte de todos, el amor, que tiene la característica de ser ciego, y hacer posible la preservación de la especie.

De seguro faltarán muchas más, pero la lista es suficiente para enfatizar que son más las cosas que nos unen que las que nos desunen. En esta última categoría solo se me ocurre una: los intereses, y solo cuando son mezquinos.

Por supuesto que habrá quienes opinen que me quedé corto al enumerar las que desunen, y enseguida pensaran en el odio y la intolerancia, sin embargo esos dos sentimientos, como otros, están asociados a la defensa de nuestros intereses, validos o no.

Afortunadamente casi todas las cosas que están pasando en Colombia, conducen a fortalecer los lazos que nos unen: desde los cada vez más frecuentes logros de nuestros literatos, artistas, militares y deportistas, hasta los ataques terroristas de los grupos armados ilegales contra la sociedad; los de la oposición irracional que busca –sin una propuesta seria- desestabilizar el país; y los que en forma de improperios, lanzan los gobernantes de algunos países vecinos.

Paradójicamente unen más esos ataques, que el reconocimiento mundial por estar haciendo las cosas bien. El reconocimiento da valor necesario para seguir avanzando con persistencia, pero los ataques nos dan la fuerza que permite tirar todos al mismo tiempo y en la misma dirección.

Si los actores de la desestabilización nacional se detuvieran un segundo a pensar, con serenidad y objetivamente, encontrarían ahí la explicación al inmenso apoyo que le propician los Colombianos al presidente. Y a partir de esa realidad objetiva, e insoslayable, podrían armar estrategias inteligentes, civilizadas y racionales, en la lucha democrática por el poder político. Ahí les dejo esa reflexión.

Quienes estarían festejando ahora, junto con todo el país, y recibiendo aplausos del mundo entero, serían los captores, si en lugar de esperar el rescate -asumiendo el riesgo de que mueran- hubieran liberado voluntariamente a los secuestrados. La torpeza no les ha permitido ver que están uniendo a todos los colombianos –ricos y pobres- contra ellos, y a favor de quien nos gobierna.

Aun tienen mas secuestrados en su poder, y es relativamente fácil seguir secuestrando. No obstante la lección que han debido aprender, es que la financiación, o negociación, a partir del secuestro no es válida: apunta contra el secuestrador. La ideología, si es que la tienen, no se impone por la fuerza. Apostémosle pues a un país en paz, sin guerrillas, y por ende sin guardaespaldas ni militares.

El bienestar de la humanidad –es el fin que nos une- depende cada día más de la capacidad de generar y distribuir riqueza, y eso lo logra mejor el capitalismo y los mercados. Solo unidos alrededor de esa idea, y dejando las armas, podremos hacer de Colombia un mejor país. Lo demás es populismo.

Por: Miguel Yances Peña. Columnista de El Universal de Cartagena. Especial para Atrabilioso.
myances@msn.com

jueves, 31 de julio de 2008

Coprosociedad colombiana

Atónito. Con el corazón hecho jirones. Con rabia, mucha rabia. Así quedé después de escuchar al terrorista paramilitar Enrique Banquez, alías ‘Juancho Dique’.

El monstruo, uno de los tantos engendrados por la guerra y por los abusos de las Farc,
confesó sin remordimiento alguno que en la masacre de El Salado, departamento de Bolivar, colgaban de los árboles a las víctimas y las degollaban, mientras algunos tocaban algún instrumento musical.

En algún momento el criminal se atrevió a sugerir que las tamboras, gaitas y violines eran interpretados por puro ocio.

Sin embargo lo peor de su declaración estaba por venir. En algún momento un grupo de sus tropas decidió emprender el saqueo de viviendas y comercios del caserío, mientras los demás ejecutaban a sus víctimas. Entonces ‘Juancho Dique’ explicó que airado: “amenacé a mis hombres por estar robando televisores, licuadoras y víveres. Les dije que nosotros no vinimos a eso, que nosotros no vinimos a robar”.

Supongo que ya era aburrido para esas tropas de monstruos el escuchar los gritos de las víctimas, o el clamor de madres, esposas, hijos o padres que impotentes, veían y escuchaban como eran torturados y aniquilados sus seres queridos. Por eso preferían cantar y escuchar música para distraerse mientras se realizaba la atroz masacre.

Pero el fondo del asunto es de una gravedad enorme que por desgracia, dibuja una parte del comportamiento de la sociedad colombiana: para ‘Juancho Dique’ era terrible que sus asesinos se dedicaran al saqueo y por eso los amenazó y les dejó en claro que ellos no estaban ahí para robar… le faltó completar la frase y decir que su asunto en el lugar era matar y derramar la sangre de supuestos colaboradores de las Farc. Incluso colgaron a una niña de 14 años por ser supuestamente la amante de un cabecilla de las Farc.

A ‘Juancho Dique’ le parece que era mucho más grave robar que asesinar, saquear que torturar, pues en esa escala de antivalores que se vive en la guerra, el asesinato es válido, pero no el hurto de propiedad de las víctimas, como si en esa demencia en la que se sumergen los terroristas, quitarle algo a alguien resultara peor que arrebatarle la vida a un ser humano indefenso con una bayoneta o con una motosierra.

Pero viéndolo bien, no se le puede exigir a alguien que actúe diferente a la sociedad. De hecho a Pablo Escobar lo señalan más por el narcotráfico que por las miles de vidas que cobró en su enloquecida guerra contra el Estado.

Y ni hablar de los totalitarios, a quienes les parece mucho más grave que cerca de 30 colombianos sigan padeciendo la aborrecible práctica del secuestro a que cerca de 100 mil colombianos queden en poder de las Farc. A esos les resulta abominable que el gobierno no claudique a favor de unos cuantos que acabarían con la vida, la tranquilidad y la libertad de millones de colombianos.

A esta sociedad le parece mucho más grave la respuesta militar a una acción terrorista como la toma del Palacio de Justicia, que la acción terrorista que fue el origen de la respuesta. Es más: Colombia ve complacida como son juzgados los mandos militares de la época, mientras que aquellos que integraban el comando central del M-19, disfrutan de libertad y amnistía.

Para que una sociedad se cohesione, por lo menos se debe tener una escala de verdaderos valores, de prioridades y de principios que permitan establecer los mecanismos para las relaciones sociales y faciliten la recomposición del tejido social.

Sin embargo, mucho me temo que en la escala de anti-valores seguirá siendo más grave el robo que el homicidio, el acuerdo para liberar a unos terroristas que la vida, seguridad y libertad de millones de colombianos; las nóminas paralelas nombradas a última hora para comprar una elección que una supuesta negociación de un voto en una comisión de la Cámara de Representantes que no le aseguraba nada a nadie. Y claro, seguirá siendo más importante el efecto que la causa, más importante la justificación “altruista” que la judicialización y condena de criminales y terroristas que han usufructuado el poder del as armas para mantener sus parcelas políticas.

El panorama social colombiano es aterrador, no solo por las carencias y necesidades insatisfechas, por los millones de desplazados, sino por la particular escala de “valores” que los violentos y sus aliados han impuesto a una coprosociedad, es decir, de una sociedad de mierda.

Por Jaime Restrepo. Director Sistema Atrabilioso.

miércoles, 30 de julio de 2008

La tiranía del hampa

La primera vez que se me ocurrió describir la realidad colombiana como “Tiranía del hampa” fue durante el gobierno de Andrés Pastrana, cuando los medios presionaban de forma abrumadora para que la sociedad aceptara la imposición de las FARC y para que el poder que esos asesinos adquirían por medio del terror obtuviera reconocimiento y se convirtiera de facto en fuente de derecho: mandaban porque mataban, ésa era la doctrina de El Tiempo, El Espectador, Semana y Cromos, con algunos matices en el caso de Cambio (entonces).

La expansión de las bandas de asesinos que Castaño y Mancuso llegaron a liderar es en buena medida un corolario lógico de esa racionalidad: la búsqueda de la paz llevaba como secreto ingrediente el premio de los crímenes, pero una vez se abría la veda era difícil convencer a esos provincianos de que los crímenes sólo eran legítimos si quienes los ordenaban tenían confianza con el señor Santos Calderón y con el señor García Márquez, o con Antonio Caballero o Alfredo Molano o alguien próximo a Julio Mario Santodomingo. Pero sería muy equivocado llegar a responsabilizar sólo a esas personas: aun estaría legitimado el crimen si quienes lo ordenaban tenían relación con el clero universitario. Los dueños de los medios y el laureado novelista y su séquito sólo eran como una cúpula, como un sínodo de un gremio vasto y arraigado.

La existencia de ese poder como estructura íntima, secreta, de la sociedad colombiana es algo que siempre se niega, tanto como se niega su interés en que se suspenda la democracia en favor de la paz con justicia social o de la solución política negociada del conflicto social y armado o de una segunda oportunidad sobre la tierra para la estirpe maldita. Pero ¿qué podemos decir del acompañamiento que han significado los medios para el gobierno de Uribe Vélez? Recuerdo en esos primeros meses de 2002 la presencia del candidato más popular en El Tiempo, unas ocho veces menos que el candidato abiertamente promovido por el editor general (da lo mismo que fuera Rodrigo Pardo o Roberto Pombo, ambos apoyaban a Garzón), que obtendría, a pesar de eso, ocho veces menos votos. Pero ¿qué ha ocurrido después? ¿Cuántas noticias no han salido armando gran escándalo porque los hermanos del consejero Gaviria pudieran haber sido testaferros de mafiosos? ¿Y el libro de Joseph Contreras? ¿Y el de Virginia Vallejo? ¿Y las ocho mil personas supuestamente asesinadas por el gobierno? ¿Y la atribución al ejército de los atentados de El Nogal, de la Escuela Superior de Guerra y los que se cometieron contra Germán Vargas Lleras?

Hay un orden secreto que impera a pesar de la institucionalidad formal, está formado por relaciones personales —como las que ligan a ciertos magistrados con quien dirigía el DAS en la época en que fue asesinado Álvaro Gómez Hurtado—, por recursos formidables —como los que han acumulado las FARC con decenas de miles de secuestros, cientos de miles de “vacunas” y miles de toneladas de cocaína exportada, por no hablar de los que concentra el despreciable sátrapa venezolano—, por prestigios arraigados —como el del novelista nobelizado o como el que ostenta el tristemente célebre
Karadzic del trópico, antes conocido como “el cobramasacres del frac”—, pero sobre todo por ideología: por las inercias de la esclavitud con la que convivió el país la mayor parte de su historia y que todavía tiene en las FARC regulares practicantes.

Ese orden secreto no encuentra modo de destruir al gobierno, y dado que las columnas incendiarias sólo convencen a los convencidos (a ninguna persona razonable se le ocurriría negar que se vive mejor que en 2000), que las FARC no aciertan más que a quemar busetas, que las urnas se muestran más bien reacias a favorecer a los amigos del terrorismo y que hasta Chávez podría perder las elecciones regionales de final de año, no les queda otro remedio que la conjura judicial.

Esa conjura ha llegado con la “parapolítica” y la “yidispolítica” a extremos de descaro que sólo son concebibles en Colombia y que permiten describir el orden realmente existente como tiranía del hampa. Al presidente del partido de la U lo capturan porque unos delincuentes dicen que se reunió con paramilitares: ¿qué credibilidad tienen esas denuncias? ¿Cuánto habría que pagar a personajes de esa calaña para que declararan mentiras que nadie podría refutar?, ¿una millonésima parte de la bolsa discrecional de Chávez no bastaría? Pero ¿qué demuestra el que el acusado se reuniera con los delincuentes? Pero ¿qué necesidad hay de dictar orden de captura cuando para abrir el sumario a Piedad Córdoba hacen falta cientos de declaraciones de diversas personas.

Todo eso no es nada: ¿quién dicta esos autos? Perfectamente puede ocurrir que la persona que disparó contra José Raquel Mercado forme parte de esa corte, pues ¿cómo es que no se sabe quién lo hizo? La persona que lo hizo, colombianamente, vive clamando por verdad, justicia y reparación. No hay ningún problema, ninguna sorpresa: quien esté cerca del hampa tiránica tiene licencia para matar y respaldo para ejercer de maestro de moral. Buen ejemplo de eso lo constituye el asesino jubilado León Valencia, obviamente amigo del director de El Tiempo:

Porque lo que están haciendo las guerrillas de hoy es servirle en bandeja de plata toda la opinión nacional al presidente Uribe y permitirle que a cuento de la lucha contra las Farc y contra el secuestro esconda o rebaje a un segundo plano problemas graves y dolorosos del país como la 'parapolítica', los diez mil desaparecidos causados por los paramilitares y los cerca de cuatro millones de desplazados que arroja el conflicto.
También le están facilitando que se perpetúe en el poder por mano propia o prestada, que se lleve de calle la separación de poderes y aplaste la oposición. En una palabra: que vulnere a su antojo, de manera profunda, la democracia.


No hay que sorprenderse: los cerca de cuatro millones de desplazados que arroja el conflicto no tienen que ver con las guerrillas, sino que éstas hacen olvidar eso al prestarse a servir al interés del gobierno. No hablemos que los desaparecidos de los paramilitares y la parapolítica sean un problema vigente mientras que combatir a las guerrillas sirve para tapar eso: a fin de cuentas tienen permiso constitucional para desaparecer y desplazar. Y claro, ganar elecciones es vulnerar la democracia. ¿Qué va a ser la democracia sino la imposición de ese psicópata y sus patrones, obtenida a punta de castraciones, torturas y corruptelas con personajes tan dudosos como los que le aseguraron la impunidad y le permiten seguir promoviendo el crimen desde la tribuna periodística? Es Colombia, el secuestro se llama “intercambio humanitario”, los que organizan las masacres se llaman “víctimas”, la persecución más inicua la emprende la “justicia”.

No hay que sorprenderse: el sueño de construir un país democrático tendrá siempre la formidable resistencia de la tiranía del hampa, y muy equivocado está quien crea que basta una mayoría circunstancial de opinión o un liderazgo popular para contrarrestarla. Al menos habría que prestar atención al poder que concentran esas camarillas de asesinos y a la amenaza que representan.

Por Jaime Ruiz. Columnista del Sistema Atrabilioso.