Por Jaime Restrepo. Director Sistema Atrabilioso
Muchos están dando alaridos por el incremento en el avalúo catastral de casi un millón de predios en Bogotá. Ese avalúo es la base para liquidar el impuesto predial de cada propiedad.
Escuchaba a una propietaria furiosa porque el avalúo de su apartamento pasó de 126 a 150 millones de pesos. Según la ciudadana, ese incremento es inaudito. Sin embargo, a la hora de vender ese mismo apartamento, seguramente la señora no bajará el valor de su propiedad de 200 millones de pesos, por lo que se hace evidente que el avalúo catastral sigue bien distante del comercial y por lo tanto, hay una disciplina generalizada de evadir impuestos.
Y así se presentan muchos casos de propietarios que están disgustados por el incremento en los tributos, en especial, porque el avalúo se acerca al 80% del precio comercial del inmueble.
Es decir, a muchos bogotanos les parece perfectamente válida la evasión de impuestos, pues lo cierto es que si una propiedad tiene un valor comercial, eso se debería ver reflejado en el pago de tributos para el Distrito o para la Nación, pues generalmente para la transacción de una propiedad se utiliza el avalúo catastral y pocas veces se reporta el precio real de adquisición del inmueble.
Los ciudadanos quieren que los gobiernos hagan milagros sin pagar sus impuestos y eso solo se da en el mundo de los sueños. Un gobierno necesita dinero para trabajar y los proyectos que emprende, escogidos por la mayoría en las elecciones, buscan beneficiar tanto a los ciudadanos como a sus bienes.
Así las cosas, la decisión del Alcalde Luis Eduardo Garzón de revisar los avalúos catastrales de casi un millón de predios es no solo válida sino importante para sostener el crecimiento de la ciudad y realizar el respectivo mantenimiento de lo que ya está funcionando.
Sin embargo, parece que la intención del Alcalde fue, según palabras del Contralor Distrital, improvisada y desembocó en un detrimento para el erario capitalino.
Pues bien: la actualización catastral no fue realizada en su totalidad por la entidad encargada (Catastro Distrital). Resulta que, ante la incapacidad de la entidad (incapacidad que rechaza la Contraloría), decidieron contratar con varias empresas privadas la actualización de 452.564 predios.
Sobre el tema, un completo informe de la Contraloría Distrital señala que la Licitación fue finalmente adjudicada al Consorcio Actualización Catastral 2006, por un valor total de $3.459.510.000 (incluido IVA). A la fecha se han cancelado en virtud de los dos contratos el 90%, equivalente a $3.113.059.000
Pero ese Consorcio incurrió en suplantación de personas, modificó la información elaborada por los reconocedores, sin su consentimiento, para ser entregada a otro personal que culminaba dichas labores, situación ésta que evidencia la falta de controles en el cambio de información inicialmente reportada por este personal al proceso de reconocimiento predial. Así mismo, el Consorcio usurpó el nombre de varios ciudadanos que aparecieron como responsables de sectores de revisión, cuando NUNCA tuvieron vinculación alguna con los contratistas ni mucho menos tuvieron conocimiento de los procedimientos.
Se calcula que hay elementos fraudulentos en la revisión del avalúo catastral de 107.687 predios. Dice la Contraloría que “Se evidencian indicios de delitos y un posible fraude por presunta Falsedad personal en cuanto a la supervisión y el reconocimiento predial efectuado a más de 100 mil predios que equivalen al 23% del total de predios a cargo del Consorcio Actualización 2006.
Además la Contraloría señala que el Consorcio no contrató gente idónea para realizar las tareas, situación que pone en duda la probidad y confiabilidad del levantamiento catastral de aproximadamente 176.459 predios.
El informe resume estas irregularidades señalando que “estos hechos ponen de presente no solamente situaciones de presunto fraude tipificadas en el Código Penal, sino también involucran serios indicios de corrupción que pueden estar dándose en la Unidad Administrativa de Catastro Distrital, en la que podrían estar seriamente implicados funcionarios vinculados a esa entidad”.
Seguramente esta situación llevará al Alcalde a reversar la medida y la ciudad habrá perdido más de 3 mil millones de pesos, que es el valor del contrato entre el Distrito y el Consorcio.
Es importante anotar que esa empresa, que es un consorcio de dos compañías, no aparece en los registros de la Cámara de Comercio, y de las dos empresas socias, una no existe y la otra no renueva el registro mercantil desde 1994.
¿Cómo se hace un contrato con una empresa que prácticamente no existe? ¿Porqué no se pidió que utilizaran tecnología de punta para el registro de los datos en línea?
El Contralor indica que la decisión fue apresurada y burda, pues la revisión de avalúos, dice él, es un proceso complejo que la actual administración distrital quiso hacer a las patadas en solo seis meses.
Al respecto el informe de la Contraloría Distrital concluye: "un proceso de tanta complejidad(…), que comprende la actualización de aproximadamente el 38% del inventario predial de la ciudad, no puede ser adelantado en tan corto período de tiempo y en las condiciones de contratación que se dieron por parte del Consorcio privado”.
Y remata: “El reconocimiento predial se llevó a cabo justo en el segundo semestre de 2006, y las demoras permanentes en la entrega de información por parte de la firma contratista, dieron lugar a traumatismos en la puesta en vigencia de este proceso para el año fiscal 2007”.
Evidentemente la intención es saludable para la ciudad, pero la operación y la gerencia de una iniciativa de semejante envergadura, fue una chambonada de incalculables repercusiones para los afectados y para la administración distrital.
¿Qué va a pasar con aquellos ciudadanos que ya pagaron su impuesto predial con el nuevo avalúo? Nada. Porque el Distrito es tan “eficiente” en materia de recaudación de impuestos, que hay casos en que se ha pagado dos veces en un mismo año el tributo de un predio en disputa de sucesión, y el Distrito cobra al año siguiente el impuesto normal, desconociendo el doble pago efectuado el año anterior.
Muchos están dando alaridos por el incremento en el avalúo catastral de casi un millón de predios en Bogotá. Ese avalúo es la base para liquidar el impuesto predial de cada propiedad.
Escuchaba a una propietaria furiosa porque el avalúo de su apartamento pasó de 126 a 150 millones de pesos. Según la ciudadana, ese incremento es inaudito. Sin embargo, a la hora de vender ese mismo apartamento, seguramente la señora no bajará el valor de su propiedad de 200 millones de pesos, por lo que se hace evidente que el avalúo catastral sigue bien distante del comercial y por lo tanto, hay una disciplina generalizada de evadir impuestos.
Y así se presentan muchos casos de propietarios que están disgustados por el incremento en los tributos, en especial, porque el avalúo se acerca al 80% del precio comercial del inmueble.
Es decir, a muchos bogotanos les parece perfectamente válida la evasión de impuestos, pues lo cierto es que si una propiedad tiene un valor comercial, eso se debería ver reflejado en el pago de tributos para el Distrito o para la Nación, pues generalmente para la transacción de una propiedad se utiliza el avalúo catastral y pocas veces se reporta el precio real de adquisición del inmueble.
Los ciudadanos quieren que los gobiernos hagan milagros sin pagar sus impuestos y eso solo se da en el mundo de los sueños. Un gobierno necesita dinero para trabajar y los proyectos que emprende, escogidos por la mayoría en las elecciones, buscan beneficiar tanto a los ciudadanos como a sus bienes.
Así las cosas, la decisión del Alcalde Luis Eduardo Garzón de revisar los avalúos catastrales de casi un millón de predios es no solo válida sino importante para sostener el crecimiento de la ciudad y realizar el respectivo mantenimiento de lo que ya está funcionando.
Sin embargo, parece que la intención del Alcalde fue, según palabras del Contralor Distrital, improvisada y desembocó en un detrimento para el erario capitalino.
Pues bien: la actualización catastral no fue realizada en su totalidad por la entidad encargada (Catastro Distrital). Resulta que, ante la incapacidad de la entidad (incapacidad que rechaza la Contraloría), decidieron contratar con varias empresas privadas la actualización de 452.564 predios.
Sobre el tema, un completo informe de la Contraloría Distrital señala que la Licitación fue finalmente adjudicada al Consorcio Actualización Catastral 2006, por un valor total de $3.459.510.000 (incluido IVA). A la fecha se han cancelado en virtud de los dos contratos el 90%, equivalente a $3.113.059.000
Pero ese Consorcio incurrió en suplantación de personas, modificó la información elaborada por los reconocedores, sin su consentimiento, para ser entregada a otro personal que culminaba dichas labores, situación ésta que evidencia la falta de controles en el cambio de información inicialmente reportada por este personal al proceso de reconocimiento predial. Así mismo, el Consorcio usurpó el nombre de varios ciudadanos que aparecieron como responsables de sectores de revisión, cuando NUNCA tuvieron vinculación alguna con los contratistas ni mucho menos tuvieron conocimiento de los procedimientos.
Se calcula que hay elementos fraudulentos en la revisión del avalúo catastral de 107.687 predios. Dice la Contraloría que “Se evidencian indicios de delitos y un posible fraude por presunta Falsedad personal en cuanto a la supervisión y el reconocimiento predial efectuado a más de 100 mil predios que equivalen al 23% del total de predios a cargo del Consorcio Actualización 2006.
Además la Contraloría señala que el Consorcio no contrató gente idónea para realizar las tareas, situación que pone en duda la probidad y confiabilidad del levantamiento catastral de aproximadamente 176.459 predios.
El informe resume estas irregularidades señalando que “estos hechos ponen de presente no solamente situaciones de presunto fraude tipificadas en el Código Penal, sino también involucran serios indicios de corrupción que pueden estar dándose en la Unidad Administrativa de Catastro Distrital, en la que podrían estar seriamente implicados funcionarios vinculados a esa entidad”.
Seguramente esta situación llevará al Alcalde a reversar la medida y la ciudad habrá perdido más de 3 mil millones de pesos, que es el valor del contrato entre el Distrito y el Consorcio.
Es importante anotar que esa empresa, que es un consorcio de dos compañías, no aparece en los registros de la Cámara de Comercio, y de las dos empresas socias, una no existe y la otra no renueva el registro mercantil desde 1994.
¿Cómo se hace un contrato con una empresa que prácticamente no existe? ¿Porqué no se pidió que utilizaran tecnología de punta para el registro de los datos en línea?
El Contralor indica que la decisión fue apresurada y burda, pues la revisión de avalúos, dice él, es un proceso complejo que la actual administración distrital quiso hacer a las patadas en solo seis meses.
Al respecto el informe de la Contraloría Distrital concluye: "un proceso de tanta complejidad(…), que comprende la actualización de aproximadamente el 38% del inventario predial de la ciudad, no puede ser adelantado en tan corto período de tiempo y en las condiciones de contratación que se dieron por parte del Consorcio privado”.
Y remata: “El reconocimiento predial se llevó a cabo justo en el segundo semestre de 2006, y las demoras permanentes en la entrega de información por parte de la firma contratista, dieron lugar a traumatismos en la puesta en vigencia de este proceso para el año fiscal 2007”.
Evidentemente la intención es saludable para la ciudad, pero la operación y la gerencia de una iniciativa de semejante envergadura, fue una chambonada de incalculables repercusiones para los afectados y para la administración distrital.
¿Qué va a pasar con aquellos ciudadanos que ya pagaron su impuesto predial con el nuevo avalúo? Nada. Porque el Distrito es tan “eficiente” en materia de recaudación de impuestos, que hay casos en que se ha pagado dos veces en un mismo año el tributo de un predio en disputa de sucesión, y el Distrito cobra al año siguiente el impuesto normal, desconociendo el doble pago efectuado el año anterior.



