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viernes, 31 de agosto de 2007

La capitalización de ECOPETROL

Por: Miguel Yances Peña. Columnista de El Universal de Cartagena.
myances@msn.com

El pasado lunes 27 de agosto se inició una nueva etapa en la vida de Ecopetrol: la capitalización de la empresa con recursos de los ciudadanos mediante la emisión de acciones. El proceso promovido desde la presidencia de la República, ha sido dirigido por Javier Gutiérrez, quien ya hizo antes, y con éxito, algo similar en Interconexión Eléctrica S.A. (ISA).

Lo que para algunos –digámoslo: la oposición- es un mal negocio, una privatización más -en esta ocasión de la primera empresa del país- para otros democratizarla es una necesidad que permitiría desligarla del presupuesto nacional y sustraerla de la monitoria del FMI, con el fin de abrirle la posibilidad de endeudarse y emprender nuevos proyectos.

Cómo siempre escasea el pragmatismo, y se tercian en la pelea posiciones ideológicas preconcebidas, y dogmáticas. Los beneficios o perjuicios de la movida económica, antes que anticiparlos recurriendo a la ideología de cada grupo de opinión, habría que esperarlos como resultado de las nuevas actividades en que incursione la compañía, como la exploración, perforación y explotación de nuevos yacimientos de hidrocarburos tanto en el país, como más allá de las fronteras.

Si esos proyectos son exitosos todos ganan, sino la empresa no se va a acabar, pero habrá ganado en experiencia. La idea es convertirla en otra Petrobras, una muestra más de que la globalización va en serio, y de que ésta consiste no solo en abrir nuestros mercados –eso también es importante para abaratar la vida-, sino en buscar afanosamente nuevos mercados en el exterior para nuestros productos y nuestras mejores empresas.

Las expectativas son que una vez convertida en corporación, el flujo de ingresos de la nación aumente al crecer las utilidades, y que los inversionistas obtengan algo más que su costo de oportunidad, tanto en valorización como en dividendos.

Aunque las inversiones en que se comprometerá Ecopetrol –sola o en asocio con otras mas experimentadas- son de alto riesgo (puede no encontrarse nuevos yacimientos) el suscrito y muchos nacionales, al igual que en otras oportunidades, le estamos dando al gobierno un voto de confianza.

El valor de la acción, 1.400 pesos; el mínimo permitido, mil acciones; y la financiación a 12 meses sin intereses del 85% de lo adquirido, le dará a la oferta –sin duda alguna- una gran acogida, y a la acción una gran bursatilidad, lo que asegura su valoración en la bolsa de valores. Por otro lado, la baja rentabilidad de los ahorros colocados en otro tipo de papeles, y el riesgo natural de los negocios, la hacen aún más atractiva.

También es una nueva oportunidad de enseñar a los colombianos en que consiste el nuevo capitalismo: el mundo de las corporaciones.

El riesgo para quienes adquieran las acciones, como ya lo demostramos en una columna anterior, es prácticamente nulo, pues en el peor de los casos los adquirientes estarían recibiendo el 20% de los dividendos del ejercicio, que no tienen porque desaparecer por el simple hecho de hacer una emisión, pero que sería entendible que disminuyeran –hablando siempre en el peor de los casos- ya que le empresa tendrá que recurrir a endeudamiento, y por lo tanto a compromisos financieros.

Vendría a bien que los trabajadores pudieran disponer de parte de sus prestaciones sociales anticipadamente (primas e intereses de cesantías por ejemplo) para convertirnos, como lo quiere el gobierno, en un país de empresarios. Por su lado el gobierno deberá garantizar –asumiendo el riego si fuera necesario- las consecuencias de un indebido manejo corporativo. Por ahora, la figura de Javier Gutiérrez es prenda de garantía, pero ¿mas adelante?