Por Jaime Restrepo. Director del Sistema Atrabilioso.
Como el apóstol Tomás: ver para creer. Hasta el momento las celebraciones por la supuesta muerte del narcoterrorista Tomás Medina Caracas han tratado de ocultar situaciones que deberían ser abordadas sin apasionamientos.
La primera de ellas es que no hay cadáver para constatar la caída de uno de los terroristas más importantes para la estructura operativa de las FARC. Hay que recordar que en el país, los que mueren sin que se vean sus cadáveres se convierten en mitos para amedrentar.
Es que incluso viendo los despojos, muchos colombianos se resisten a creer que esos seres despreciables hayan sido finalmente alcanzados por la justicia elemental que señala que el que a hierro mata, a hierro muere: El país entero vio los cuerpos sin vida de Gonzalo Rodríguez Gacha y de Pablo Escobar y todavía es frecuente escuchar a algunos incrédulos que niegan sus muertes y les dan vida a través de la imaginación.
Otro punto para reflexionar tiene que ver con las contradicciones: el Comandante de las Fuerzas Militares, el General Freddy Padilla de León informó que los militares involucrados en la operación vieron a varios guerrilleros arrastrando tres cadáveres.
Esa declaración deja un enorme interrogante: ¿Si estaban en combate por qué razón no abrieron fuego? En la visión militar, 23 dados de baja representan un éxito mayor que 14 y por lo tanto no se entienden los motivos misericordiosos que tuvieron esas unidades para no abrir fuego pues finalmente los éxitos militares siempre se han medido por el número de bajas.
Pero lo más delicado de esa declaración es que hay contradicciones serias pues Padilla de León dice que los vieron, pero la información del ministro de Defensa señala que “la certeza de que el insurgente murió se basa en comunicaciones interceptadas a miembros de las FARC que hablan de que el jefe nos dejó”. Al fin qué ¿Los vieron o captaron las comunicaciones del frente 44 del movimiento terrorista?
Sin embargo, es innegable que el gobierno Uribe necesitaba un positivo de esta naturaleza para afianzar su Plan Consolidación y este asunto quedará como un enorme interrogante, pues difícilmente se encontrará el cadáver de alias ‘El Negro Acacio’ para constatar el éxito de esa operación.
Eso si: el ministro Santos tiene razón cuando afirma que “no cree que haya cadáver porque, al igual que sucedió con alias J.J., para ellos es una humillación mostrar el cuerpo. La gente que estaba por fuera del anillo de seguridad se llevó el del Negro Acacio, el de su radio-operador y su jefe de escoltas”.
Pero sin el cuerpo, la duda permanecerá por varios meses en la mente de los colombianos, tanto como el amañado asesinato de Carlos Castaño.
No obstante, y por desgracia, el tiempo demostrará si efectivamente el gran capo de las FARC (porque era un narcotraficante consumado) murió en las selvas del Vichada.
De ser cierta la información, las FARC han perdido al hombre que sabía manejar los hilos del narcotráfico y poseía los contactos y los conocimientos profundos en cuanto al negocio criminal. Además, por cuenta de Medina Caracas, las FARC fortalecieron su aparato financiero y se enfocaron en el lucrativo negocio.
Sin el ‘Negro Acacio’, el movimiento terrorista perdió también al que era prácticamente su máximo jefe de finanzas. A lo anterior se suman las toneladas de cocaína y pasta de coca que las FARC tienen represadas en el sur del país y por las cuales necesitan a toda costa el despeje de Pradera y Florida en el Valle del Cauca.
Sumando estas dos situaciones, las FARC se verán enfrentadas a la asfixia financiera por lo cual es presumible que intensifiquen la presión para el despeje de los dos municipios vallecaucanos, pues los narcoterroristas necesitarán, con muchísima más premura, abrir el corredor al Pacífico. No sería raro que fusilaran a más secuestrados para conseguir sus fines.
Así mismo, la muerte de Medina Caracas desembocará en el incremento de acciones terroristas (bombas, voladura de infraestructura, etc.) que buscarán difundir la idea de que las FARC siguen siendo fuertes y que los golpes del Estado contra sus estructuras han sido simples situaciones de guerra.
Lo peor, sin embargo, es que con los golpes a las estructuras de narcotráfico de las FARC posiblemente se vean abocadas a fortalecer la otra fuente de financiación: el secuestro, aunque esa decisión, desesperada en la actual coyuntura, los enfrentaría a un escenario complejo en el que medirían fuerzas directamente con los avances de la Seguridad Democrática. Adicionalmente, sin zonas de despeje, las acciones de secuestro terminarían por golpear sus estructuras urbanas y quedar peor ante la comunidad internacional.
De paso, políticamente, el intensificar las acciones criminales terroristas y de secuestro les reportaría pérdidas irreparables, pues dejarían al paracaidista en un dilema entre imagen e impotencia frente a sus pretensiones de liderazgo en el contexto latinoamericano. Y eso indudablemente afectaría a los favoritos políticos de las FARC.
Así las cosas, por desgracia para Colombia, la confirmación de la muerte del ‘Negro Acacio’ la veremos con dolor, destrucción, víctimas y muerte en el futuro inmediato.
Como el apóstol Tomás: ver para creer. Hasta el momento las celebraciones por la supuesta muerte del narcoterrorista Tomás Medina Caracas han tratado de ocultar situaciones que deberían ser abordadas sin apasionamientos.
La primera de ellas es que no hay cadáver para constatar la caída de uno de los terroristas más importantes para la estructura operativa de las FARC. Hay que recordar que en el país, los que mueren sin que se vean sus cadáveres se convierten en mitos para amedrentar.
Es que incluso viendo los despojos, muchos colombianos se resisten a creer que esos seres despreciables hayan sido finalmente alcanzados por la justicia elemental que señala que el que a hierro mata, a hierro muere: El país entero vio los cuerpos sin vida de Gonzalo Rodríguez Gacha y de Pablo Escobar y todavía es frecuente escuchar a algunos incrédulos que niegan sus muertes y les dan vida a través de la imaginación.
Otro punto para reflexionar tiene que ver con las contradicciones: el Comandante de las Fuerzas Militares, el General Freddy Padilla de León informó que los militares involucrados en la operación vieron a varios guerrilleros arrastrando tres cadáveres.
Esa declaración deja un enorme interrogante: ¿Si estaban en combate por qué razón no abrieron fuego? En la visión militar, 23 dados de baja representan un éxito mayor que 14 y por lo tanto no se entienden los motivos misericordiosos que tuvieron esas unidades para no abrir fuego pues finalmente los éxitos militares siempre se han medido por el número de bajas.
Pero lo más delicado de esa declaración es que hay contradicciones serias pues Padilla de León dice que los vieron, pero la información del ministro de Defensa señala que “la certeza de que el insurgente murió se basa en comunicaciones interceptadas a miembros de las FARC que hablan de que el jefe nos dejó”. Al fin qué ¿Los vieron o captaron las comunicaciones del frente 44 del movimiento terrorista?
Sin embargo, es innegable que el gobierno Uribe necesitaba un positivo de esta naturaleza para afianzar su Plan Consolidación y este asunto quedará como un enorme interrogante, pues difícilmente se encontrará el cadáver de alias ‘El Negro Acacio’ para constatar el éxito de esa operación.
Eso si: el ministro Santos tiene razón cuando afirma que “no cree que haya cadáver porque, al igual que sucedió con alias J.J., para ellos es una humillación mostrar el cuerpo. La gente que estaba por fuera del anillo de seguridad se llevó el del Negro Acacio, el de su radio-operador y su jefe de escoltas”.
Pero sin el cuerpo, la duda permanecerá por varios meses en la mente de los colombianos, tanto como el amañado asesinato de Carlos Castaño.
No obstante, y por desgracia, el tiempo demostrará si efectivamente el gran capo de las FARC (porque era un narcotraficante consumado) murió en las selvas del Vichada.
De ser cierta la información, las FARC han perdido al hombre que sabía manejar los hilos del narcotráfico y poseía los contactos y los conocimientos profundos en cuanto al negocio criminal. Además, por cuenta de Medina Caracas, las FARC fortalecieron su aparato financiero y se enfocaron en el lucrativo negocio.
Sin el ‘Negro Acacio’, el movimiento terrorista perdió también al que era prácticamente su máximo jefe de finanzas. A lo anterior se suman las toneladas de cocaína y pasta de coca que las FARC tienen represadas en el sur del país y por las cuales necesitan a toda costa el despeje de Pradera y Florida en el Valle del Cauca.
Sumando estas dos situaciones, las FARC se verán enfrentadas a la asfixia financiera por lo cual es presumible que intensifiquen la presión para el despeje de los dos municipios vallecaucanos, pues los narcoterroristas necesitarán, con muchísima más premura, abrir el corredor al Pacífico. No sería raro que fusilaran a más secuestrados para conseguir sus fines.
Así mismo, la muerte de Medina Caracas desembocará en el incremento de acciones terroristas (bombas, voladura de infraestructura, etc.) que buscarán difundir la idea de que las FARC siguen siendo fuertes y que los golpes del Estado contra sus estructuras han sido simples situaciones de guerra.
Lo peor, sin embargo, es que con los golpes a las estructuras de narcotráfico de las FARC posiblemente se vean abocadas a fortalecer la otra fuente de financiación: el secuestro, aunque esa decisión, desesperada en la actual coyuntura, los enfrentaría a un escenario complejo en el que medirían fuerzas directamente con los avances de la Seguridad Democrática. Adicionalmente, sin zonas de despeje, las acciones de secuestro terminarían por golpear sus estructuras urbanas y quedar peor ante la comunidad internacional.
De paso, políticamente, el intensificar las acciones criminales terroristas y de secuestro les reportaría pérdidas irreparables, pues dejarían al paracaidista en un dilema entre imagen e impotencia frente a sus pretensiones de liderazgo en el contexto latinoamericano. Y eso indudablemente afectaría a los favoritos políticos de las FARC.
Así las cosas, por desgracia para Colombia, la confirmación de la muerte del ‘Negro Acacio’ la veremos con dolor, destrucción, víctimas y muerte en el futuro inmediato.

