
Son seis nombres que el país no puede olvidar, porque son seis víctimas más que el terrorismo de las FARC ha dejado en su demencial y desesperado ataque a la sociedad colombiana en Buenaventura.
Rodolfo Salazar, de 32 años
Hernán Darío Marín Pérez, de 45 años.
Didier Alexander Ospina.
Fernando Rentaría.
Jinninson Longa Victoria.
Raúl Nelson Guapacha, de 37 años.
El terrorismo es una muestra de cobardía, máxime si se tiene en cuenta que es utilizado para amedrentar a la población civil y obtener el control de una región con un solo instrumento nefasto que es la inoculación del miedo.
Además, es un arma execrable y barata, pues un solo terrorista puede lograr el objetivo, sin gastar muchos recursos y sin combatir ni dar la cara… lo típico de los cobardes cuyos jefes, panzones oligarcas que se esconden en las alcantarillas del vecindario, intentan mover todos los hilos que tienen a su disposición para desestabilizar al país y derrocar al único Presidente que los ha combatido con energía.
De igual forma, para cualquier Estado, el terrorismo es uno de los factores que puede intentar prevenir, pero resulta casi imposible combatirlo porque el cobarde elige modo, tiempo y lugar y con un solo atentado que culmina con éxito, logra su misión de esparcir el terror.

Además del ataque contra una unidad policial en Buenaventura, en Cajamarca, Tolima, los cobardes terroristas dejaron abandonada una bomba en un bus de transporte intermunicipal.
El artefacto hizo explosión a pocos metros de la estación de Policía de la población tolimense. Pero aquí lo importante es llamar la atención de desprecio por la vida de los colombianos: ¿cuántos muertos habría dejado el ataque cobarde si el bus no estuviera desocupado y si lo hubieran parqueado más cerca de la sede policial?
Pero a los terroristas de las FARC no les importa la vida de los colombianos: solo les interesa amedrentarlos para difundir una imagen de fortaleza que ciertamente perdieron hace mucho tiempo.
Más terrorismo
Llamadas telefónicas intimidantes, amenazas y la convicción de la orden de asesinarlo en un atentado terrorista, llevaron al periodista Darío Arizmendi a abandonar el país con su familia.
Llamadas telefónicas intimidantes, amenazas y la convicción de la orden de asesinarlo en un atentado terrorista, llevaron al periodista Darío Arizmendi a abandonar el país con su familia.
El director de noticias de Caracol Radio es uno más de los cientos de periodistas amenazados por los terroristas de las FARC, lo que se constituye en un ataque contra la libertad de expresión que envía un mensaje equívoco a los colombianos.
El propósito
Todos los atentados tienen la intención de desprestigiar la política de seguridad democrática, en especial cuando las amenazas surten el efecto que esperan los terroristas.
Es que una amenaza terrorista es la demostración de la cobardía de un grupo violento al que poco a poco se le han cerrado todos los espacios militares y está cercado y debilitado en sus estructuras.
Además, el esforzado ejercicio de control territorial del Estado, lleva a los terroristas a cometer las acciones más salvajes para intentar desesperadamente mostrarse fuertes y vigentes.
Pero eso es solo un espejismo, una débil imagen que los colombianos no podemos fijar en nuestra cotidianidad.
Lo cierto es que los atentados terroristas son la demostración del éxito de la seguridad democrática, pues aunque suene paradójico, comprueban que están tan arrinconados que solo pueden seguir operando mediante el terror.