Por Jaime Restrepo. Director Sistema Atrabilioso
Cuando se habla del acuerdo para el intercambio humanitario, pareciera que muchos no entienden, o mejor no quieren entender, las implicaciones de esa expresión.
Viéndolo con detenimiento el acuerdo significa poner en la misma sintonía al Estado legítimo colombiano con las FARC, es decir, obligar al gobierno de turno (cualquiera que sea) a doblegarse hasta poderse ubicar en el mismo nivel de los terroristas para convertirlos en interlocutores.
Esto explica, de alguna manera, los motivos que han tenido el Polo Democrático Alternativo y las FARC para tratar de ensuciar el nombre del país, pues así pueden dejar la impresión de que el acuerdo sería algo como un pacto entre delincuentes: las FARC y la nación colombiana representada en el gobierno de turno. Además, esa asimilación pasa por alto un detalle fundamental: El actual gobierno representa a 7 millones de colombianos y muchos de esos votos, la gran mayoría, son de personas respetuosas de la ley y sin ningún fin distinto a trabajar con honradez y esfuerzo para conseguir un futuro mejor.
De otro lado, el término intercambio ubica a los secuestrados como simple mercancía para el trueque, autorizando el ominoso tratamiento y lo que es peor, premiando la acción criminal de los terroristas secuestradores, no con el castigo que la ley y la sociedad exigimos, sino con la reincorporación de combatientes a la acción terrorista. De paso, el intercambio implica para las FARC que les premien el delito con el despeje de una zona del país que quedaría a su merced.
Ahora, ¿qué tiene de humanitario con más de 40 millones de colombianos que las FARC sean premiadas con el regreso de asesinos y secuestradores a sus filas? ¿Qué tiene de humanitario que los habitantes de dos municipios del país, Pradera y Florida en el Valle, sean expuestos a la acción criminal de las FARC?¿Es humanitario obligar a miles a padecer y a convivir con terroristas por solo 46 personas? ¿Acaso es humanitario poner por encima los intereses de 46 personas por encima de miles?
Como al Polo le gusta tanto hablar de equidad, pues enlacémonos con esa idea frente a los secuestrados. No es equitativo que el Polo, Piedad Córdoba, Hugo Chávez, los norteamericanos y Sarkozy hagan semejante “esfuerzo” para la liberación de 46 colombianos, pues solo este año, según las cifras de Fondelibertad, las FARC han secuestrado a 50 colombianos.
Esos que exigen el acuerdo para el intercambio humanitario son la evidencia de la mayor inequidad y del mayor cinismo que se pueda imaginar: ¿son más 46 que 50? Ampliemos la pregunta: ¿son más 46 que 3.134 secuestrados que hoy por hoy permanecen en cautiverio en Colombia?
Así las cosas, lo de humanitario es una farsa, pues 3.088 secuestrados no son cobijados con las actitudes “humanitarias” de los agitadores a favor de las FARC: de esos, solo en 2007, 50 colombianos están padeciendo la acción criminal sin que nadie se acuerde de ellos. ¿Es humanitario y equitativo con esos colombianos, y con sus familias, que se ejerzan presiones contra el Estado para favorecer a solo 46 personas? ¿Y de los otros quién se acuerda? Nadie. Y la razón es sencilla: son colombianos del común, gente que no tiene vitrina en los medios de comunicación y que carece de canales de interlocución con gobiernos de otros países o no resultan interesantes para las próximas elecciones en los Estados Unidos.
Otra de las mentiras que a fuerza de repetirla muchos la han comprado como verdad es que el acuerdo para el intercambio humanitario es “un paso importante hacia la pacificación de Colombia”. Uno se pregunta: ¿cómo va a influir la liberación de centenares de delincuentes en la paz del país? Parece que les falta añadir que es la paz de los sepulcros la que se puede alcanzar con el tal intercambio, pues en nada beneficia al país el hecho de liberar expertos en explosivos, secuestradores diestros, armadores de minas antipersona y simples asesinos con fusil, salvo si se considera que recrudecer las acciones terroristas y darles oxígeno ,militar y terrorista a las FARC es algo beneficioso para Colombia.
Tampoco resulta importante para la pacificación la inequidad de dejar en el monte a 3.088 colombianos los cuales en su cautiverio padecen la certeza de que sus familias se enfrentan a la indolencia del Polo, del Estado, de Piedad y de Chávez, entre otros. Es más: resulta todo un presagio la sola posición futura de los hijos de los colombianos secuestrados por las FARC.
¿Acaso Colombia olvidó los motivos iniciales que tuvieron los Castaño Gil para iniciar el derramamiento de sangre? ¿Acaso a Uribe no lo acusan de paramilitar basándose en el asesinato, por parte de las FARC, de su padre? Algunos de esos niños, los que yo denomino los hijos del secuestro, crecerán con suficiente sed de venganza contra las FARC y contra el país que les dio la espalda. Entonces, esos abandonados por la indiferencia relacionada con su baja cotización en el mercado mediático y político, serán los abanderados de una nueva escalada de sangre, destrucción y dolor: ¿Esa es la pacificación que buscan afanosamente el Polo Democrático Alternativo y los esbirros del acuerdo humanitario?
Así las cosas, la única posibilidad real que tiene la Nación es exigir la liberación INMEDIATA Y SIN CONDICIONES (ni despejes, ni simones ni sonias, ni intermediarios propagandistas) de todos los secuestrados. Esa sería la única contribución para emprender el camino de la pacificación: que el país entero les exija a las FARC la liberación sin acuerdo distinto a señalar día, hora y lugar de entrega de los cautivos… lo demás es propaganda nacional e internacional a favor de las FARC y en contra de Colombia.
Cuando se habla del acuerdo para el intercambio humanitario, pareciera que muchos no entienden, o mejor no quieren entender, las implicaciones de esa expresión.
Viéndolo con detenimiento el acuerdo significa poner en la misma sintonía al Estado legítimo colombiano con las FARC, es decir, obligar al gobierno de turno (cualquiera que sea) a doblegarse hasta poderse ubicar en el mismo nivel de los terroristas para convertirlos en interlocutores.
Esto explica, de alguna manera, los motivos que han tenido el Polo Democrático Alternativo y las FARC para tratar de ensuciar el nombre del país, pues así pueden dejar la impresión de que el acuerdo sería algo como un pacto entre delincuentes: las FARC y la nación colombiana representada en el gobierno de turno. Además, esa asimilación pasa por alto un detalle fundamental: El actual gobierno representa a 7 millones de colombianos y muchos de esos votos, la gran mayoría, son de personas respetuosas de la ley y sin ningún fin distinto a trabajar con honradez y esfuerzo para conseguir un futuro mejor.
De otro lado, el término intercambio ubica a los secuestrados como simple mercancía para el trueque, autorizando el ominoso tratamiento y lo que es peor, premiando la acción criminal de los terroristas secuestradores, no con el castigo que la ley y la sociedad exigimos, sino con la reincorporación de combatientes a la acción terrorista. De paso, el intercambio implica para las FARC que les premien el delito con el despeje de una zona del país que quedaría a su merced.
Ahora, ¿qué tiene de humanitario con más de 40 millones de colombianos que las FARC sean premiadas con el regreso de asesinos y secuestradores a sus filas? ¿Qué tiene de humanitario que los habitantes de dos municipios del país, Pradera y Florida en el Valle, sean expuestos a la acción criminal de las FARC?¿Es humanitario obligar a miles a padecer y a convivir con terroristas por solo 46 personas? ¿Acaso es humanitario poner por encima los intereses de 46 personas por encima de miles?
Como al Polo le gusta tanto hablar de equidad, pues enlacémonos con esa idea frente a los secuestrados. No es equitativo que el Polo, Piedad Córdoba, Hugo Chávez, los norteamericanos y Sarkozy hagan semejante “esfuerzo” para la liberación de 46 colombianos, pues solo este año, según las cifras de Fondelibertad, las FARC han secuestrado a 50 colombianos.
Esos que exigen el acuerdo para el intercambio humanitario son la evidencia de la mayor inequidad y del mayor cinismo que se pueda imaginar: ¿son más 46 que 50? Ampliemos la pregunta: ¿son más 46 que 3.134 secuestrados que hoy por hoy permanecen en cautiverio en Colombia?
Así las cosas, lo de humanitario es una farsa, pues 3.088 secuestrados no son cobijados con las actitudes “humanitarias” de los agitadores a favor de las FARC: de esos, solo en 2007, 50 colombianos están padeciendo la acción criminal sin que nadie se acuerde de ellos. ¿Es humanitario y equitativo con esos colombianos, y con sus familias, que se ejerzan presiones contra el Estado para favorecer a solo 46 personas? ¿Y de los otros quién se acuerda? Nadie. Y la razón es sencilla: son colombianos del común, gente que no tiene vitrina en los medios de comunicación y que carece de canales de interlocución con gobiernos de otros países o no resultan interesantes para las próximas elecciones en los Estados Unidos.
Otra de las mentiras que a fuerza de repetirla muchos la han comprado como verdad es que el acuerdo para el intercambio humanitario es “un paso importante hacia la pacificación de Colombia”. Uno se pregunta: ¿cómo va a influir la liberación de centenares de delincuentes en la paz del país? Parece que les falta añadir que es la paz de los sepulcros la que se puede alcanzar con el tal intercambio, pues en nada beneficia al país el hecho de liberar expertos en explosivos, secuestradores diestros, armadores de minas antipersona y simples asesinos con fusil, salvo si se considera que recrudecer las acciones terroristas y darles oxígeno ,militar y terrorista a las FARC es algo beneficioso para Colombia.
Tampoco resulta importante para la pacificación la inequidad de dejar en el monte a 3.088 colombianos los cuales en su cautiverio padecen la certeza de que sus familias se enfrentan a la indolencia del Polo, del Estado, de Piedad y de Chávez, entre otros. Es más: resulta todo un presagio la sola posición futura de los hijos de los colombianos secuestrados por las FARC.
¿Acaso Colombia olvidó los motivos iniciales que tuvieron los Castaño Gil para iniciar el derramamiento de sangre? ¿Acaso a Uribe no lo acusan de paramilitar basándose en el asesinato, por parte de las FARC, de su padre? Algunos de esos niños, los que yo denomino los hijos del secuestro, crecerán con suficiente sed de venganza contra las FARC y contra el país que les dio la espalda. Entonces, esos abandonados por la indiferencia relacionada con su baja cotización en el mercado mediático y político, serán los abanderados de una nueva escalada de sangre, destrucción y dolor: ¿Esa es la pacificación que buscan afanosamente el Polo Democrático Alternativo y los esbirros del acuerdo humanitario?
Así las cosas, la única posibilidad real que tiene la Nación es exigir la liberación INMEDIATA Y SIN CONDICIONES (ni despejes, ni simones ni sonias, ni intermediarios propagandistas) de todos los secuestrados. Esa sería la única contribución para emprender el camino de la pacificación: que el país entero les exija a las FARC la liberación sin acuerdo distinto a señalar día, hora y lugar de entrega de los cautivos… lo demás es propaganda nacional e internacional a favor de las FARC y en contra de Colombia.