Por: Miguel Yances Peña. Columnista de El Universal de Cartagena. myances@msn.com
La ametralladora en que se ha convertido la lengua de Petro, -a eso se refieren quienes lo tildan de guerrillero vestido de civil, y no a su pasado, ni a la interpretación que hace, para posar de victima- finalmente disparó balas de salva.
Como sucede a veces en el arte del amedrantamiento y el chantaje, la amenaza del debate, le servía mas a Petro que el debate mismo, pues ahora quedó sin armas con que intimidar, con lo cual debería también quedarse sin guerra, su guerra, porque del otro lado nadie le dispara, como no sea en defensa propia.
Y no solo disparó a mansalva, también fue torpe y errático al atacar a un posible aliado de la oposición (Ramón Elejalde) y a todo un pueblo (el antioqueño) que le colocó buena parte de los votos en las elecciones parlamentarias. Y como también sucede a veces, las balas que son de salva cuando golpean a los enemigos, terminan siendo mortales cuando se devuelven como bumerang contra uno mismo. Las heridas en carne propia solo se verán en las próximas elecciones.
Si eso se puede afirmar a nivel domestico, todo parece indicar que a nivel internacional ha logrado maltratar la imagen del gobierno y la de los colombianos; y están por verse los efectos reales, sobre la ayuda económica y el TLC.
Las particularidades o detalles, sirven para sustentar las ideas en los debates, pero en este caso, fueron el fin en si mismo, e igual que en la película “La pasión”, en la que su director Mel Gibson se recrea con sadismo en los episodios de sangre, el Senador parecía disfrutar con cada episodio de matanzas que describía, hasta que aburrió.
Tomar decisiones implica analizar alternativas, de manera que el fracaso de una en especial, debería conducir a la convicción de que otra era mas adecuada que la elegida. Y una de las formas de evaluar una política, por ejemplo la de paz, además de juzgar sus resultados concretos, es volver atrás e imaginar qué hubiera sucedido si la política en cuestión no se hubiera aplicado; y aun mejor, mirar si alguna otra de las alternativas que se analizaron en su momento, hubiera producido mejores resultados.
Entonces que nos diga Petro, si el estado colombiano de unos años atrás, sin las Convivir, y las AUC –y eso también es parte de la verdad que reclama, y de la honestidad que merecemos- podría haber logrado la pacificación de regiones enteras. O que nos diga, qué otra opción había disponible antes de que los gringos intervinieran con equipos, adiestramiento y los recursos del Plan Colombia.
No sabemos a qué precio pues gran parte de esas matanzas que denuncia el senador, fueron guerra entre bandoleros o grupos de narcotraficantes peleándose territorios y no de simples e ingenuos campesinos, pero el país está mejor.
El “digan la verdad” de Petro (qué pobre conclusión para un debate tan publicitado) tendría que involucrar no solo la de quienes han administrado la violencia desde 1948, o aun mas atrás, sino la verdad sobre el modelo de desarrollo y de propiedad privada sobre los medios de producción (incluida la tierra y el capital) que quieren implantar en el país.
No podemos creer que lo que buscan sea solamente burocracia; o que estén alimentados por el odio personal; para que haya tanta agresión verbal tiene que haber algo más. Que digan, por qué condenan los actos de violencia que nos condujeron al clima de paz que se respira hoy, y no se pronuncia contra los que los grupos armados ilegales siguen realizando; ni contra los secuestrados.
Atacando al gobierno, y a la política de paz, lo que logran es fortalecer a quienes insisten en mantenerse en la acción violenta, sin ningún propósito aparente, diferente al de amedrentar a todo un país, o buscar mejores beneficios en un proceso de negociación.
La ametralladora en que se ha convertido la lengua de Petro, -a eso se refieren quienes lo tildan de guerrillero vestido de civil, y no a su pasado, ni a la interpretación que hace, para posar de victima- finalmente disparó balas de salva.
Como sucede a veces en el arte del amedrantamiento y el chantaje, la amenaza del debate, le servía mas a Petro que el debate mismo, pues ahora quedó sin armas con que intimidar, con lo cual debería también quedarse sin guerra, su guerra, porque del otro lado nadie le dispara, como no sea en defensa propia.
Y no solo disparó a mansalva, también fue torpe y errático al atacar a un posible aliado de la oposición (Ramón Elejalde) y a todo un pueblo (el antioqueño) que le colocó buena parte de los votos en las elecciones parlamentarias. Y como también sucede a veces, las balas que son de salva cuando golpean a los enemigos, terminan siendo mortales cuando se devuelven como bumerang contra uno mismo. Las heridas en carne propia solo se verán en las próximas elecciones.
Si eso se puede afirmar a nivel domestico, todo parece indicar que a nivel internacional ha logrado maltratar la imagen del gobierno y la de los colombianos; y están por verse los efectos reales, sobre la ayuda económica y el TLC.
Las particularidades o detalles, sirven para sustentar las ideas en los debates, pero en este caso, fueron el fin en si mismo, e igual que en la película “La pasión”, en la que su director Mel Gibson se recrea con sadismo en los episodios de sangre, el Senador parecía disfrutar con cada episodio de matanzas que describía, hasta que aburrió.
Tomar decisiones implica analizar alternativas, de manera que el fracaso de una en especial, debería conducir a la convicción de que otra era mas adecuada que la elegida. Y una de las formas de evaluar una política, por ejemplo la de paz, además de juzgar sus resultados concretos, es volver atrás e imaginar qué hubiera sucedido si la política en cuestión no se hubiera aplicado; y aun mejor, mirar si alguna otra de las alternativas que se analizaron en su momento, hubiera producido mejores resultados.
Entonces que nos diga Petro, si el estado colombiano de unos años atrás, sin las Convivir, y las AUC –y eso también es parte de la verdad que reclama, y de la honestidad que merecemos- podría haber logrado la pacificación de regiones enteras. O que nos diga, qué otra opción había disponible antes de que los gringos intervinieran con equipos, adiestramiento y los recursos del Plan Colombia.
No sabemos a qué precio pues gran parte de esas matanzas que denuncia el senador, fueron guerra entre bandoleros o grupos de narcotraficantes peleándose territorios y no de simples e ingenuos campesinos, pero el país está mejor.
El “digan la verdad” de Petro (qué pobre conclusión para un debate tan publicitado) tendría que involucrar no solo la de quienes han administrado la violencia desde 1948, o aun mas atrás, sino la verdad sobre el modelo de desarrollo y de propiedad privada sobre los medios de producción (incluida la tierra y el capital) que quieren implantar en el país.
No podemos creer que lo que buscan sea solamente burocracia; o que estén alimentados por el odio personal; para que haya tanta agresión verbal tiene que haber algo más. Que digan, por qué condenan los actos de violencia que nos condujeron al clima de paz que se respira hoy, y no se pronuncia contra los que los grupos armados ilegales siguen realizando; ni contra los secuestrados.
Atacando al gobierno, y a la política de paz, lo que logran es fortalecer a quienes insisten en mantenerse en la acción violenta, sin ningún propósito aparente, diferente al de amedrentar a todo un país, o buscar mejores beneficios en un proceso de negociación.