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lunes, 29 de octubre de 2007

Democracia

Por Jaime Restrepo. Director Sistema Atrabilioso.

Samuel Moreno Rojas ganó… y de lejos, con una votación histórica de más de 900 mil votos.
El triunfo del candidato del PDA a la alcaldía de Bogotá demuestra, en primer término, que Álvaro Uribe Vélez no tiene la potestad de endosar los votos.

Pese a los discursos que pronunció el Presidente, y que eran indirectas contra Moreno Rojas, los bogotanos optaron por las propuestas del candidato del PDA y dijeron no a la reelección de Enrique Peñalosa Londoño.

Así las cosas, los ciudadanos capitalinos decidieron elegir a quien prometió la construcción del metro, a aquel que se comprometió con una amnistía para los infractores de tránsito y aseguró que no construirá peajes urbanos ni cobrará más impuestos.

De igual forma, uno de los grandes ganadores de esta jornada es Ernesto Samper Pizano, quien logró reencaucharse con el triunfo de Moreno Rojas al lograr voltear muchos votos liberales para apoyar la aspiración del candidato del PDA.

Sin embargo, en estas elecciones pierde el PDA, que en la última semana de desesperación llegó a reconocer que las palabras del Presidente, en las que no mencionó ni un solo nombre, le caían como guante a su candidato a la alcaldía de Bogotá.

Uribe fue claro y reiterativo: el candidato al que apoyan las FARC en sus páginas de Internet, el que no rechaza a los terroristas, el que gaguea al momento de rechazar la compra de votos… para todos era claro que blanco es y gallina lo pone, pero el PDA, especialmente su presidente Carlos Gaviria Díaz, salió a la palestra a descalificar a Uribe y a señalarlo de participar en política.

Lo mismo hizo León Valencia, quien de inmediato se pronunció sobre la indebida participación en política del Presidente, toda vez que, según dijo, había interferido en las elecciones de Bogotá al señalar y descalificar al candidato Samuel Moreno.

Dos pronunciamientos que significan aceptación de las palabras de Uribe frente a Samuel Moreno Rojas. De paso, el PDA acogió también la posición del Presidente sobre “los senadores que no condenan a los terroristas”, refiriéndose obviamente a Jaime Duzán, quien afirmó que el Polo no es ni amigo ni enemigo de las FARC.

Esa fue la decisión de los bogotanos, la decisión de las mayorías, que además lograron reducir en algo la abstención electoral. Lo más grave es que los votantes capitalinos hayan premiado la mediocre gestión del Polo y de Garzón, eligiendo a Samuel Moreno para que siga acabando con Bogotá.

martes, 23 de octubre de 2007

Uribe y Peñalosa.

Por Wilfredo Moreno. Columnista invitado al Sistema Atrabilioso.

Si a alguien se le ocurriera escribir un libro sobre los grandes protagonistas de la política colombiana en esta época, la lista la tendrían que encabezar necesariamente Álvaro Uribe y Enrique Peñalosa, dos personajes con virtudes suficientes para escribir páginas de oro en la historia del país. Por diferencias de sensibilidad sólo uno de ellos logró sus objetivos.

Alguien afirma que la mejor ventaja que veía en Enrique Peñalosa era la de ser “extranjero” es decir, de haberse criado y educado en los países más civilizados del mundo y al mismo tiempo poseer la capacidad para adaptar esa civilidad al país. Un extranjerismo que se convertiría en espada de doble filo para sus aspiraciones.

Peñalosa fue un forastero dentro del circo que es la política colombiana, carecía de tacto, nunca supo cuándo debía comportarse como un gladiador para defenderse ni cuándo debía pasar de agache para confundirse entre sus enemigos, nunca creyó necesario tener aliados y cuando vio la necesidad de buscarlos dio pasos hacia el vacío. Es más, nunca supo quiénes estaban con él ni quiénes querían destruirlo. Y lo peor de todo, ni siquiera supo por qué.

A diferencia de Peñalosa, Uribe se formó dentro de la política colombiana, siempre militando dentro de las toldas del otrora grandioso Partido Liberal y desde esa plataforma dio todos los pasos que creyó necesarios para su carrera. Siempre contó con alianzas que le resultaron efectivas para aguantar cualquier embestida de sus enemigos políticos y mediáticos.

Por esa razón a Uribe no le incomodo aliarse con ultraconservadores ni con izquierdistas civilistas, uniones que en muchos casos resultaron muy fructíferas, como cuando termino abrazando ideas de Enrique Gómez Hurtado, un godo con mentalidad antiquísima pero que desde siempre había mantenido un discurso fuerte en contra del terrorismo y de la forma en que se lo intentaba complacer.

Tal vez el peor error de Peñalosa no fue tanto su falta de madurez política como su miopía para entender al país de antes de Uribe ni al de después. Álvaro Uribe dedicó parte de su vida a construir un escudo y una espada para defenderse en una guerra que eventualmente surgiría con sus ideas, una guerra respecto de la cual Peñalosa nunca se convenció de que era la misma suya y que a larga terminaría por arrastrarlo contra su voluntad.

El fracaso de Peñalosa se puede atribuir al desconocimiento de la realidad del país y de sus motivaciones, acompañado de una visión que se limitó a buscar la forma de construir un país moderno encima de uno antiguo pero sin lo más importante: una estrategia para contrarrestar los movimientos bruscos y sus efectos colaterales de ese país antiquísimo que se resiste a desaparecer. Eso fue, la colombianidad y la dificultad para adaptarse a ella lo que marcó la diferencia de estos dos titanes de la política colombiana.

miércoles, 10 de octubre de 2007

El basurero de la historia


Por Jaime Ruiz. Columnista del Sistema Atrabilioso.
Pocas metáforas fueron tan recurrentes en la época de auge del comunismo como la del "basurero de la historia", lugar al que iban a parar todos los proyectos desechados y los programas que fracasaban. En buen romance: todo lo que pusiera en cuestión la visión supersticiosa y fanática de los afiliados al "materialismo científico", todo lo que fuera en una dirección diferente. Nadie entenderá nada de la "izquierda democrática" colombiana sin prestar atención a esa teleología, a esa certeza de tener el mapa del tesoro y ejecutar una misión inevitable. La percepción de los demás de que esos actos son "crímenes" o aun, más a menudo, "mentiras para sacar provecho de los crímenes" sólo mueve a risa a esas personas, el único crimen es oponerse a ellos.

Al respecto, basta con ver el desparpajo con que siguen figurando los responsables de borrar un montón de blogs y de inundar los demás con insultos "firmados" como otra persona en una campaña de difamación que los retrata perfectamente como canallas sin escrúpulos. ¡Incluso son candidatos a ganar un premio al mejor blog! De algún modo palabras como "izquierda" surten su efecto mágico y se convierten en patente de corso para delinquir y mostrar la bajeza que los constituye, al igual que los rústicos que hacen la carrera política de los políticos a los que esos intelectuales (!) promueven.

Pero "el basurero de la historia" da mucho de sí. Podría ser la región sudamericana, donde todavía existe un proyecto totalitario idéntico al que floreció en Camboya en los años setenta y en Rusia cuarenta años antes. De hecho, el tipo humano predominante es un fósil increíble de los siglos de esclavitud que no puede asimilar la corriente que predomina en el mundo sino que se aferra a sus antiguos privilegios y jerarquías, constituyendo una anomalía que avergüenza a la especie. Si hace veinte años alguien hubiera oído que un golpista latinoamericano encabezaría una serie de dictaduras aliado con criminales como el presidente iraní y proclamando abiertamente su antisemitismo, se habría echado a reír.

Pero en otro sentido también se puede decir que los comunistas en Colombia experimentan un gran crecimiento desde la época del Caguán en la medida en que cada vez más se vuelven los representantes de las familias políticas caídas en desgracia, con las que antes combatían. Buen ejemplo de eso es la Anapo. En un escrito de Eduardo Pizarro sobre los orígenes de las FARC, se lee la descripción que los comunistas hacían del general Rojas Pinilla: "el delincuente más villano del país, quien conquistó su titulo a base de asesinatos y masacres".

Al mismo tiempo, su política era descrita como: "falsa pacificación, política de chantaje y de engaño". Pero ahora el candidato de ese partido a la Alcaldía de Bogotá es un nieto del general, un político cuyo único "mérito" es ese parentesco y la red de lealtades que desde el poder alcanzó a crear su madre.

No es una situación excepcional, también la familia López tiende a la alianza con los comunistas y con las guerrillas toda vez que la transmisión dinástica no alcanzó para la tercera generación y hay que conservar todo el poder que se pueda. La insistencia del difunto ex presidente en el "intercambio humanitario", la cínica adhesión al terrorismo de la revista Semana, la historia de la persecución del ELN que habría conducido a su destrucción de no ser por la intervención del entonces presidente, etc., son episodios que hacen pensar sin vacilar en algún interés en la alianza con los comunistas. ¡Pero es que ya al comienzo del Frente Nacional el Suplente de López como candidato del MRL era el dirigente comunista Juan de la Cruz Varela!

El Partido Comunista surgió en los años veinte como parte del fantasma que recorrió el mundo tras el triunfo bolchevique de 1917. Unos años después serían Mussolini y Hitler quienes desatarían fervores en toda la periferia (lo cual por ejemplo tiene mucho que ver con el ascenso de Perón y su cabaretera). El caso es que los comunistas eran una minoría de intelectuales que consiguieron un apoyo ínfimo en sectores obreros pero gracias a la guerra civil de los años cuarenta pudieron crear una base efectiva en zonas rurales. Sólo que nunca contaron con votos ni respaldos mayoritarios.

Pero en cambio sí hubo una masa disponible para un levantamiento social, la que se manifestó en los años cuarenta detrás de Gaitán y a principios de los años sesenta con el MRL, a mediados con Camilo Torres y al final de esa década con la Anapo. Todos esos protochavistas son hoy cadáveres políticos caídos en el basurero de la historia, es decir, en la izquierda democrática.

En la adhesión más o menos velada al pertinaz programa del Partido Comunista.

En realidad lo mismo ocurre con el samperismo y con el pastranismo, movimientos o corrientes cuya única base programática es la manipulación de redes que ordeñan al Estado y que no podrían sobrevivir sin combinar la adhesión al programa del Partido Comunista y las viejas maquinarias bipartidistas. El apoyo de Samper y Serpa al candidato del PDA es característico, lo mismo que la adhesión de toda la camarilla de Andrés Pastrana al mismo discurso. ¿Alguien se figura que un personaje tan apreciado por las FARC como éste escriba en la edición del sábado 6 de octubre en El Nuevo Siglo perlas como ésta:

“NO sólo a las directivas nacionales y distritales del Partido Conservador, sino a todos los conservadores para que no permitamos que en Bogotá continúe su carrera desenfrenada al abismo, porque todos sabemos que sólo contamos con dos concejales y un representante a la Cámara, cosa que demuestra el fracaso de las elecciones pasadas.”

¿Qué es el Partido Conservador? ¿Alguien lee las declaraciones de G. Ricardo, Camilo Gómez, etc.? ¿Alguien leía al actual candidato conservador a la Alcaldía de Bogotá (hijo naturalmente de otro amigo de Tirofijo) cuando escribía en El Espectador?:

“El enfoque del problema está errado. La guerra en Colombia tiene un origen social y la solución debe ser política. Mientras no se acepte lo evidente, no se podrá llegar a ningún lado. Sólo habrá más muertos de lado y lado, todos colombianos. Mientras el Presidente desde Washington sigue dando órdenes a través de las cámaras de televisión”.

Esa facción del antiguo conservatismo está sin la menor duda con las FARC, y creo que no hace falta insistir en algo que queda claro, la capacidad mágica del poder narcoterrorista para prometer longevidad a los cadáveres siempre y cuando colaboren.

Pero el candidato a la Alcaldía de Bogotá que puede triunfar es Samu El Moreno. Es muy llamativo lo que le contesta a María Isabel Rueda cuando la periodista le pregunta sobre la afinidad del PDA con las FARC:

S.M.R.: Mi posición frente a la lucha armada está absolutamente clara. Cuando el M-19 nace, lo hace bajo el lema: 'Con el pueblo, con las armas y con María Eugenia al poder'. Secuestran a José Raquel Mercado y mi mamá sale públicamente a desautorizarlos. Desde entonces, mi familia y yo condenamos la lucha armada. Jamás me ha temblado la voz para decirlo. Y si las Farc atentan contra la población civil, son terroristas. Y esa es la posición del Polo que se acaba de aprobar.

Lo primero es fascinante: ¿de modo que cuando se robaron la espada de Bolívar ellos no lo condenaron? ¿Y el mismo hecho de levantarse en armas contra las instituciones no les pareció una agresión contra la democracia? Yo sinceramente creo que la Anapo tenía menos que ver con el M-19 de lo que tácitamente reconoce Moreno, que este movimiento fue un intento de un grupo de estudiantes e intelectuales comunistas para explotar el descontento por el presunto fraude de 1970...

Pero ahora conviene convertirlos en anapistas. La Anapo sobre todo congregaba a personas conservadoras que desaprobaban la violencia sectaria del laureanismo y la repartija abusiva que hizo el Frente Nacional, muchas de esas personas habían sido favorecidas por la dictadura, por ejemplo, muchos antiguos militares y policías. ¡Ahora va a resultar que Bateman y Vera Grabe son sus representantes!

En la proclama de que condena la lucha armada hay una serie de elementos más bien grotescos:
1. ¿Condenan (Samu El y su familia) a Bolívar?
2. Condenan los métodos pero ¿y los fines?
3. ¿Cómo se puede condenar la lucha armada y formar parte de un partido que exige el premio de la lucha armada? Claro, es un trabajo sucio, pero alguien tiene que hacerlo. Como esos padres que golpean a los hijos al tiempo que proclaman: "A mí me duele más que a ti".

Pero hay más: ¿por qué esa alusión a la "población civil"? Siempre que se habla de la "población civil" (en el contexto del conflicto colombiano) se está legitimando la agresión contra la "población militar". ¿Qué es más grave desde el punto de vista militar, la masacre de Bojayá o el asesinato en una emboscada de una cantidad comparable de soldados? ¿Qué están haciendo los soldados y policías sino protegiendo a la población civil de ser sometida por las tropas comunistas?

No hay que confundirse: Samu El, como su partido, no piden a las FARC que dejen de existir como fuerza que amenaza el sistema democrático, sino que les reprochan algunos excesos y sobre todo que no cumplan las reglas del juego.

De un juego al que los colombianos deberían decidir si quieren jugar. Del juego en el que hace carrera el PDA y montones de vividores de la guerra como los mencionados personajes de la política tradicional.

Votar por alguien así es aplaudir el asesinato, y las coartadas y pretextos que se encuentren sólo son parte de la afinidad moral que existe entre la mayoría de los colombianos y los simples combatientes que hacen el trabajo sucio en defensa del viejo orden en que estos vampiros, la Anapo, el MRL, el samperismo o el pastranismo siguen mandando y floreciendo.

lunes, 30 de julio de 2007

Lucho Garzón al desnudo

Por Jaime Restrepo. Director Sistema Atrabilioso

¡Quién lo diría! Paralizar una ciudad de siete millones de habitantes es muy fácil: basta con bloquear unas cuantas avenidas, gritar arengas, vociferar contra la policía y tener un alcalde pusilánime.

Lo ocurrido el viernes pasado en Bogotá es la muestra palpable de dos de las grandes fallas del gobierno de Luis Eduardo Garzón: la movilidad y la seguridad.

La noche del viernes 27 de julio fue asesinado el taxista Mario Orlando Velásquez González, de 39 años. Este crimen colmó la paciencia del gremio de la mancha amarilla que decidió protestar por la difícil situación de seguridad que vive la ciudad, lo que ha dejado como resultado la muerte de ocho taxistas y por lo menos treinta conductores asaltados en lo que va corrido del año.

Y como ya es sabido, las protestas de la mancha amarilla se traducen en el cierre de las principales vías de la ciudad, violando los derechos de todos los bogotanos: en esta oportunidad bloquearon los portales de Transmilenio y algunas vías principales en todos los puntos cardinales.

Como de costumbre, la policía fue incapaz de enfrentar la situación, pues están maniatados ante la absurda posición de la administración distrital según la cual hay que privilegiar la protesta por encima de los derechos fundamentales de siete millones de ciudadanos. Solo al finalizar la tarde, por fin el Alcalde tomó la decisión de acabar con los bloqueos y hacer respetar los derechos violados a la mayoría de bogotanos.

Ni más faltaba que los taxistas no pudieran manifestarse por la creciente inseguridad de la Capital, pero ese derecho a la protesta no puede estar por encima de las garantías que tienen los demás ciudadanos para movilizarse, producir, trabajar y estudiar.

Ya se volvió un sello distintivo de Garzón el permitir la parálisis de la ciudad: durante el paro que organizó FECODE contra el Plan de desarrollo y contra la modificación del régimen de transferencias, la administración, sin ningún pudor, autorizó la toma de avenidas principales de la ciudad como la autopista sur, la Primero de mayo, la autopista norte y la avenida El dorado. Total: Bogotá quedó paralizada y una semana después, nuevamente el Alcalde le dio el visto bueno al taponamiento de la ciudad.

Es increíble que además de los problemas cotidianos de movilidad generados por el pésimo mantenimiento de la malla vial, la absoluta ineficiencia en la chatarrización de viejos vehículos de transporte, la ausencia de iniciativas y la corrupción de la antigua Secretaría de tránsito que permitió que miles de taxis cedieran el cupo y fueran matriculados como carros particulares; la administración distrital no vea inconveniente alguno en dejar que la ciudad sea bloqueada por manifestaciones y marchas políticas.

Garzón reconoce que una de sus mayores debilidades es el tema de movilidad, pero eso no parece importarle a la hora de alcahuetear el desbordamiento de unas minorías que anuncian protestas y terminan bloqueando y violando los derechos de las mayorías.

Sin embargo, parece que a Lucho Garzón siempre lo sorprenden los paros y las protestas: Hace un año el Alcalde se levantó (quien sabe si después de una de sus acostumbradas noches de parranda) con la ciudad paralizada y solo hasta el medio día tuvo el atino de tomar algunas medidas. Mientras el despertaba y aterrizaba en sus funciones, Bogotá era un caos de pedreas, bloqueos y mareas de caminantes apurados por llegar a sus sitios de trabajo.

El viernes pasado ocurrió lo mismo: los taxistas comenzaron a bloquear las vías desde la media noche y en una muestra de ineficiencia e incapacidad para tomar decisiones, la administración permitió que la mancha amarilla taponara los portales y las vías de Transmilenio, dejando a millones de bogotanos varados y a la ciudad paralizada en todos los aspectos.

Así las cosas, el viernes quedaron al desnudo varios lunares de la administración Garzón: la inseguridad, la movilidad, la permisividad y la incapacidad para elegir bien a su equipo de trabajo.

Es que resulta incomprensible que el Alcalde haya decidido hacer un revolcón en la estructura administrativa de la capital para concentrar varias dependencias en la Secretaría de Movilidad y haya cometido el desatino de nombrar para el cargo a una periodista, buena persona y muy carismática ante los medios, pero sin el menor conocimiento de un tema tan complejo como la movilidad de una ciudad de siete millones de habitantes.

Ese, señor Garzón, es un cargo técnico para el cual hay personas que han estudiado y tienen una amplia experiencia en el tema, y no es un puesto para la improvisación: ella puede manejar muy bien a sus colegas lambones de City Tv y a sus súbditos de Canal Capital… ella puede asesorarlo con acierto en el manejo de la pauta para que no le den tan duro, pero ni Armando Calle (el personaje creado para vender en los medios la mediocre reparación de las vías) lo salva de la crítica situación de movilidad que padece la capital.

De paso, si usted atiza el problema con permisos e indecisiones para que bloqueen la ciudad, pues la situación es negra, tan negra como ha sido su administración.