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martes, 23 de octubre de 2007

Uribe y Peñalosa.

Por Wilfredo Moreno. Columnista invitado al Sistema Atrabilioso.

Si a alguien se le ocurriera escribir un libro sobre los grandes protagonistas de la política colombiana en esta época, la lista la tendrían que encabezar necesariamente Álvaro Uribe y Enrique Peñalosa, dos personajes con virtudes suficientes para escribir páginas de oro en la historia del país. Por diferencias de sensibilidad sólo uno de ellos logró sus objetivos.

Alguien afirma que la mejor ventaja que veía en Enrique Peñalosa era la de ser “extranjero” es decir, de haberse criado y educado en los países más civilizados del mundo y al mismo tiempo poseer la capacidad para adaptar esa civilidad al país. Un extranjerismo que se convertiría en espada de doble filo para sus aspiraciones.

Peñalosa fue un forastero dentro del circo que es la política colombiana, carecía de tacto, nunca supo cuándo debía comportarse como un gladiador para defenderse ni cuándo debía pasar de agache para confundirse entre sus enemigos, nunca creyó necesario tener aliados y cuando vio la necesidad de buscarlos dio pasos hacia el vacío. Es más, nunca supo quiénes estaban con él ni quiénes querían destruirlo. Y lo peor de todo, ni siquiera supo por qué.

A diferencia de Peñalosa, Uribe se formó dentro de la política colombiana, siempre militando dentro de las toldas del otrora grandioso Partido Liberal y desde esa plataforma dio todos los pasos que creyó necesarios para su carrera. Siempre contó con alianzas que le resultaron efectivas para aguantar cualquier embestida de sus enemigos políticos y mediáticos.

Por esa razón a Uribe no le incomodo aliarse con ultraconservadores ni con izquierdistas civilistas, uniones que en muchos casos resultaron muy fructíferas, como cuando termino abrazando ideas de Enrique Gómez Hurtado, un godo con mentalidad antiquísima pero que desde siempre había mantenido un discurso fuerte en contra del terrorismo y de la forma en que se lo intentaba complacer.

Tal vez el peor error de Peñalosa no fue tanto su falta de madurez política como su miopía para entender al país de antes de Uribe ni al de después. Álvaro Uribe dedicó parte de su vida a construir un escudo y una espada para defenderse en una guerra que eventualmente surgiría con sus ideas, una guerra respecto de la cual Peñalosa nunca se convenció de que era la misma suya y que a larga terminaría por arrastrarlo contra su voluntad.

El fracaso de Peñalosa se puede atribuir al desconocimiento de la realidad del país y de sus motivaciones, acompañado de una visión que se limitó a buscar la forma de construir un país moderno encima de uno antiguo pero sin lo más importante: una estrategia para contrarrestar los movimientos bruscos y sus efectos colaterales de ese país antiquísimo que se resiste a desaparecer. Eso fue, la colombianidad y la dificultad para adaptarse a ella lo que marcó la diferencia de estos dos titanes de la política colombiana.

lunes, 3 de septiembre de 2007

El bando de los ricos y el de los pobres

Por Jaime Ruiz. Columnista del Sistema Atrabilioso.
Voy a empezar con dos citas de un artículo de Armando Montenegro aparecido el domingo 26 en El Espectador. Respecto a Luis Eduardo Garzón y a sus posibilidades de éxito electoral en 2010 dice:

Ya no atemoriza a los estratos más altos y tiene por delante más de dos años para ganar adeptos en "el establecimiento”, sin correr el riesgo de perder el apoyo de las bases de su partido.
Más adelante cita un simposio prospectivo sobre esos comicios:
... un grupo significativo [de participantes] sostuvo que la derecha usará el “coco” del ascenso del Polo y, posiblemente, de la victoria de Samuel Moreno para asustar a los ricos y a las clases medias y pregonar la tesis de que “sólo Uribe puede salvarnos”.Es verdad que quien dice eso no es Montenegro, pero también que en ningún momento lo cuestiona. Es muy llamativo porque se trata de una figura intelectual respetable y la concesión implícita en esas frases a la propaganda estatista-colectivista es francamente monstruosa.
Se podría partir de una verdad universalmente aceptada: Colombia es una sociedad que sufre una desigualdad extrema en el ingreso y es deseable una reducción de esa desigualdad. Lo raro es que, dado que Montenegro, como casi todos, da por sentado que la "izquierda" es el bando de los pobres, por mucho que en la realidad los pobres apoyen mayoritariamente al presidente Uribe.
Bueno, podría irse a la definición de "izquierda". La realmente existente en Colombia se puede reconocer por su antiamericanismo y su adhesión al régimen cubano. A la economía centralizada y a la amplia intervención estatal. Siendo éste el bando de los pobres, es muy raro que los pobres de los países en que se han aplicado esas políticas sean más pobres que los pobres donde se han aplicado políticas favorables a los ricos (según Montenegro y compañía). ¡A que estos neoliberales consideran la pobreza un vicio y encuentran razonable que los pobres busquen más pobreza, como los basuqueros o los ludópatas!
Pero aun aceptando todo eso, ¿de dónde sacan que en Colombia la gente pobre podría apoyar a la llamada izquierda? Ésta en conjunto es una facción de la gente rica que coopta a algunos sicarios y niños engañados de entre los pobres. Si se mira el conjunto de las políticas que podrían favorecer a los pobres, siempre resulta que se encontraría con la hostilidad del bando que apoya a Garzón:
· Privatización de las universidades públicas sin reducción del gasto en educación superior. Esto permitiría ampliar de forma incesante los cupos y proveer créditos a todos los que pueden y quieren estudiar una carrera. La gratuidad o cuasigratuidad actual es sólo una transferencia de recursos de los pobres a los ricos y una seguridad para los sectores parasitarios que tranquilamente obtienen sueldos del primer mundo por explicar sus opiniones políticas. Lo que pasa es que Montenegro pertenece a esa clase "intelectual" y no ve por ninguna parte el absurdo de favorecer a los pobres robándolos.
· Supresión de la parafiscalidad y contención del salario mínimo. Esto reduciría la reserva de desempleados que pueden ser útiles en las campañas de intimidación o en los saqueos, en caso de que la solución negociada vaya avanzando y sean necesarios "argumentos" para la negociación. La "izquierda" necesita gente desesperada y hambrienta para mandarla a matarse para implantar su dominio. Necesita que los ingresos no deriven del esfuerzo productivo sino del decreto o la "movilización", de lo que se encargan las redes "sindicariales". Si la izquierda que se opone a una política semejante, la creación de empleo es interesante sólo para los potentados. Cuando Montenegro dice otra cosa está incurriendo en una contradicción.
· Introducción de elementos de competencia en la educación básica. Si por algo merece Peñalosa volver a ser alcalde de Bogotá, aparte del grave peligro de seguir dejando las rentas municipales a gente que no condena las masacres de quienes comparten su programa político, es por la creación de los colegios en concesión. En contraste, el programa de la "izquierda" es la preservación de los privilegios de una casta que no vive de enseñar sino de protestar y en realidad de la intimidación que es capaz de ejercer. Cuando se dice que la educación reduce la desigualdad casi siempre se calla que los pésimos resultados de la educación en manos de una organización criminal como Fecode sólo multiplican la pobreza. Lo dicho: para Montenegro la pobreza es un vicio, a los pobres les gusta que sus hijos no aprendan a leer sino a odiar y que los adoctrinadores obtengan pensiones dobles y muchas otras prebendas por su capacidad de mandar a sus hijos (de los pobres) a matar policías para asegurarse sus rentas (de los fecodistas).
· Tributación alta para los ingresos altos. Casi todo el mundo en Colombia habla maravillas de los gobiernos socialdemócratas del norte de Europa. Sólo basta que se plantee que las personas que se ganan digamos 50 millones de pesos al año (unos 25.000 dólares) pagaran lo mismo que quienes ganan esa cantidad en esos países, no hablemos de los porcentajes que pagan quienes ganan eso en Colombia respecto de la gente pobre (que ganaría 25.000 dólares en esos países). Es decir, que alguien que se gane diez veces el ingreso medio pagara lo mismo que en esos países pagan quienes se ganan esa proporción. Eso provocaría miles de atentados con bomba, porque sencillamente la "izquierda" es el bando de esas personas y la fórmula de cobrar impuestos sólo a las empresas sencillamente conlleva el que quienes pagan impuestos sean los que producen, no los empresarios, que invierten según la rentabilidad, sino los asalariados de bajos ingresos, que siempre encuentran pocas oportunidades.
Pero hay más, la revista Cambio publica un artículo sobre las posibilidades de Enrique Peñalosa en el que se lee:
Por ejemplo, sus críticas al vehículo particular caen mal en la clase media, que el año pasado fue la gran compradora de los casi 100.000 automóviles vendidos en la ciudad. "El carro en Colombia es más que un medio de transporte -afirma un partidario del ex alcalde-. Es un símbolo de avance social y a la gente no le gusta sentirse atacada después de hacer el esfuerzo de adquirirlo". Al mismo tiempo, temas como la expropiación de la cancha de polo del Country Club fueron una bofetada para miembros de los estratos altos que consideran a Peñalosa como una especie de traidor a su clase.
De más está decir por quién van a votar esos propietarios de automóviles y los millonarios del Country. De más está decir cuál es la experiencia de los pobres en Venezuela, condenados al desempleo mientras los recursos se van en pagar a los médicos cubanos que son intermediarios en la tarea de dominio del tirano y que se van haciendo dueños de la supervivencia de sus víctimas. De más está recordar la infinidad de testimonios que muestran que en ese país la desigualdad aumenta día a día, al contrario de lo que ocurre en Colombia. La pobreza es un vicio y por eso los pobres tienen que apoyar a políticos que los hacen más pobres y no los dejan solos con su pobreza sino que crean otra gran cantidad de pobres para que nadie se sorprenda de su destino.
Naturalmente, dado que es lo que les gusta, pues ¿por qué iban los ricos a quitarles ese placer? No tiene nada de raro que el establecimiento, es decir las familias de ex presidentes y de gente rica apoye casi unánimemente a la "izquierda". ¡A tal punto que para un informe sobre Buenaventura el periódico de Santodomingo encarga nada menos que a Alfredo Molano el reportaje, y el autor naturalmente no deja de culpar cualquier proyecto de desarrollo y empleo! Bueno, cada día se aprende algo: en realidad no es que a los pobres les guste la pobreza, sino que les debe gustar.
Por eso casi todos, por no decir todos, los colombianos con "educación" y buenas rentas improductivas son partidarios del sector político que asegura la multiplicación de los pobres. No importa que sea el mismo sector político que promueve el exterminio de esos pobres en aras de la "solución negociada" (pues si las bandas de asesinos sencillamente renunciaran a sus pretensiones de imponer la tiranía no habría nada que negociar). Es que aparte de gustarles la pobreza les gusta que los maten y matarse entre ellos. Mejor dicho, les debe gustar, porque la verdad es que la "izquierda" necesita todavía muchas masacres y muchos millones de petrodólares para ganar sistemáticamente elecciones. Mucha gente hambrienta que necesite el almuerzo asistencialista y dependa de quienes empobrecen a la sociedad para mantener a su tropa, a la que en cualquier momento mandan a matarse como siempre lo han hecho.
Pero la verdad es que sin divulgar prejuicios obscenos tampoco sería posible tener columna en el periódico de Santodomingo.