Por Jaime Restrepo. Director Sistema Atrabilioso
¿Cómo entender el manejo de la diplomacia ecuatoriana? En solo unas horas el gobierno del vecino país arremete feroz contra Colombia, asegurando que toda aeronave militar que sobrepase su espacio aéreo, será interceptada y luego anuncia que el embajador de Ecuador en Colombia regresará a Bogotá.
En el intermedio el vicepresidente ecuatoriano Lenin Moreno se despachó contra el gobierno colombiano, incendio que la Canciller ecuatoriana tuvo que salir a desautorizar: “los únicos voceros de la política internacional del Ecuador son el Presidente de la República y la Ministra de Relaciones Exteriores, por lo cual, las respetables declaraciones del Vicepresidente son a título personal”.
El vaivén parece deberse a los fuertes vientos que a ratos le da por soplar al coronel paracaidista, que estremecen al gobierno ecuatoriano y lo hacen sacudirse y cambiar de posición diplomática, como si de cambiar de camisa se tratara.
Ecuador muestra que se debate entre las provocaciones que lanza contra el gobierno colombiano y la practicidad de una relación que debe mejorar día a día.
Mientras algunos bocones del gobierno ecuatoriano muestran los dientes para provocar la ira de Uribe, los hechos comprueban una vez más que Ecuador está haciendo diplomacia de micrófonos por un lado (lo que debe disfrutar muchísimo el adalid de los ataques internacionales por los medios de comunicación) y por otro, intenta ejecutar una verdadera tarea diplomática que sea constructiva para ambas naciones.
Ante las continuas provocaciones, el gobierno colombiano ha mantenido la prudencia y las respuestas se dan en el campo de la cooperación y de los hechos, sin bravuconadas innecesarias: en las últimas horas Colombia anunció que apoyará a Ecuador durante la emergencia energética que comenzó a enfrentar desde el pasado 17 de febrero: la decisión es suministrar más energía a través de la interconexión eléctrica, evitando el racionamiento del servicio durante el período de mantenimiento de la Central de Generación Hidroeléctrica de Paute, que es la mayor planta que posee Ecuador.
Y esto es verdaderamente una ayuda para los vecinos si se tiene en cuenta que el Índice General Energético nacional es de 29.43 (la semana anterior estaba por encima de los 30 puntos) y los embalses colombianos tienen apenas las reservas para evitar un apagón nacional.
En el fondo sigue la decisión del gobierno de Rafael Correa de interponer una denuncia ante los tribunales de La Haya, para reclamar que Colombia indemnice a ese país por los supuestos daños causados por la fumigación en la frontera.
Más allá del anuncio, la acción es un derecho de Ecuador de dilucidar en los tribunales lo que no ha sido posible aclarar mediante la diplomacia.
Sin embargo, la amenaza de “interceptar” aviones (eufemismo que significa intentar derribar aeronaves militares) si resulta preocupante: Colombia no es un país que esté preparado para un conflicto de defensa, y Ecuador ha venido fortaleciendo sus esquemas de defensa.
Sin embargo, las aeronaves militares siempre están protegidas y la situación podría degenerar en combates aéreos en los que unos u otros podrían terminar en tierra.
Además, una cosa es violar la soberanía con el propósito de agredir a un Estado y otra, muy distinta, es traspasar los límites para perseguir a terroristas que utilizan como refugio el territorio de un país vecino.
De igual forma hay que recordar que los radares no fueron estandarizados, por lo cual Colombia también ha detectado incursiones y violaciones al espacio aéreo.
Si de armar problemas se tratara, el gobierno colombiano estaría en todo su derecho de “interceptar” aviones ecuatorianos, lo que significa que tarde o temprano sería inevitable un conflicto entre ambos países.
Es como si Colombia, por ejemplo, tomara la decisión de “interceptar” a las aeronaves militares venezolanas que constantemente incursionan, y bien adentro, al espacio aéreo colombiano. ¡Cómo olvidar a los F-16 sobrevolando la ciudad de Arauca!
Así las cosas, Ecuador debería desprenderse de una vez por todas de su doble agenda diplomática, utilizar los canales pertinentes y dejar de hacer alharaca mediática con temas tan delicados como la incitación directa a una confrontación bélica entre ambas naciones.
Señor Correa: menos micrófono, menos estilo chavista, y más ejercicio de una diplomacia sana y constructiva para todos.
¿Cómo entender el manejo de la diplomacia ecuatoriana? En solo unas horas el gobierno del vecino país arremete feroz contra Colombia, asegurando que toda aeronave militar que sobrepase su espacio aéreo, será interceptada y luego anuncia que el embajador de Ecuador en Colombia regresará a Bogotá.
En el intermedio el vicepresidente ecuatoriano Lenin Moreno se despachó contra el gobierno colombiano, incendio que la Canciller ecuatoriana tuvo que salir a desautorizar: “los únicos voceros de la política internacional del Ecuador son el Presidente de la República y la Ministra de Relaciones Exteriores, por lo cual, las respetables declaraciones del Vicepresidente son a título personal”.
El vaivén parece deberse a los fuertes vientos que a ratos le da por soplar al coronel paracaidista, que estremecen al gobierno ecuatoriano y lo hacen sacudirse y cambiar de posición diplomática, como si de cambiar de camisa se tratara.
Ecuador muestra que se debate entre las provocaciones que lanza contra el gobierno colombiano y la practicidad de una relación que debe mejorar día a día.
Mientras algunos bocones del gobierno ecuatoriano muestran los dientes para provocar la ira de Uribe, los hechos comprueban una vez más que Ecuador está haciendo diplomacia de micrófonos por un lado (lo que debe disfrutar muchísimo el adalid de los ataques internacionales por los medios de comunicación) y por otro, intenta ejecutar una verdadera tarea diplomática que sea constructiva para ambas naciones.
Ante las continuas provocaciones, el gobierno colombiano ha mantenido la prudencia y las respuestas se dan en el campo de la cooperación y de los hechos, sin bravuconadas innecesarias: en las últimas horas Colombia anunció que apoyará a Ecuador durante la emergencia energética que comenzó a enfrentar desde el pasado 17 de febrero: la decisión es suministrar más energía a través de la interconexión eléctrica, evitando el racionamiento del servicio durante el período de mantenimiento de la Central de Generación Hidroeléctrica de Paute, que es la mayor planta que posee Ecuador.
Y esto es verdaderamente una ayuda para los vecinos si se tiene en cuenta que el Índice General Energético nacional es de 29.43 (la semana anterior estaba por encima de los 30 puntos) y los embalses colombianos tienen apenas las reservas para evitar un apagón nacional.
En el fondo sigue la decisión del gobierno de Rafael Correa de interponer una denuncia ante los tribunales de La Haya, para reclamar que Colombia indemnice a ese país por los supuestos daños causados por la fumigación en la frontera.
Más allá del anuncio, la acción es un derecho de Ecuador de dilucidar en los tribunales lo que no ha sido posible aclarar mediante la diplomacia.
Sin embargo, la amenaza de “interceptar” aviones (eufemismo que significa intentar derribar aeronaves militares) si resulta preocupante: Colombia no es un país que esté preparado para un conflicto de defensa, y Ecuador ha venido fortaleciendo sus esquemas de defensa.
Sin embargo, las aeronaves militares siempre están protegidas y la situación podría degenerar en combates aéreos en los que unos u otros podrían terminar en tierra.
Además, una cosa es violar la soberanía con el propósito de agredir a un Estado y otra, muy distinta, es traspasar los límites para perseguir a terroristas que utilizan como refugio el territorio de un país vecino.
De igual forma hay que recordar que los radares no fueron estandarizados, por lo cual Colombia también ha detectado incursiones y violaciones al espacio aéreo.
Si de armar problemas se tratara, el gobierno colombiano estaría en todo su derecho de “interceptar” aviones ecuatorianos, lo que significa que tarde o temprano sería inevitable un conflicto entre ambos países.
Es como si Colombia, por ejemplo, tomara la decisión de “interceptar” a las aeronaves militares venezolanas que constantemente incursionan, y bien adentro, al espacio aéreo colombiano. ¡Cómo olvidar a los F-16 sobrevolando la ciudad de Arauca!
Así las cosas, Ecuador debería desprenderse de una vez por todas de su doble agenda diplomática, utilizar los canales pertinentes y dejar de hacer alharaca mediática con temas tan delicados como la incitación directa a una confrontación bélica entre ambas naciones.
Señor Correa: menos micrófono, menos estilo chavista, y más ejercicio de una diplomacia sana y constructiva para todos.