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lunes, 19 de mayo de 2008

Querida Hillary

Siempre te consideré una mujer extraordinaria y una política sin igual. Desde mi perspectiva, eres la mejor muestra de lo que significa el instinto asesino, descrito maravillosamente por Dan Brown en su libro La Conspiración: fría, astuta, inteligente, tomas decisiones rápidas, posees una memoria selectiva y con tal de alcanzar tus objetivos, pasas por encima de cualquier obstáculo.

Pero debo confesar que me tienes confundido. En esta campaña has cambiado tanto, que ya no se a cuál Hillary creerle: Si a la candidata desesperada, o a la primera dama o simplemente a Hillary Rodham.

Es que la candidata Hillary Clinton
critica con vehemencia el NAFTA (Tratado de Libre Comercio de Norteamérica ratificado el 8 de diciembre de 1993) y dice que no estaba de acuerdo con el Tratado en esa época y asegura que expresó su opinión en las reuniones que adelantó la administración de Bill Clinton para evaluar el tema y atraer respaldo legislativo.

Sin embargo, los archivos de la Casa Blanca muestran que Hillary Clinton, como primera dama, estuvo presente en varias reuniones para atraer respaldo legislativo al tratado a principios de la década del 90.

¡Hillary! ¿Me vas a decir que estuviste en esas reuniones oponiéndote al NAFTA? Bien sabes que cada movimiento que hacías, cada palabra que pronunciabas y hasta cada corte de cabello que escogías eran cuidadosamente seguidos y difundidos por la prensa… ¿por qué no hay ningún reporte de tu oposición al NAFTA?

La respuesta a ese interrogante la ofrece Hillary Rodham en el libro Historia Viva, la autobiografía que escribiste hace cinco años con los detalles más interesantes de tu vida. Hillary Rodham, quien parece ser una mujer diferente a la candidata Hillary Clinton, escribe sobre el NAFTA: “La creación de una zona de libre comercio en Estados Unidos –la mayor zona de libre comercio en el mundo- expandiría el área de exportación de nuestro país, impulsaría la creación de empleo y garantizaría que nuestra economía pudiera cosechar los beneficios, y no las cargas, de la globalización”. (1)

Lo anterior, querida Hillary, es una justificación, una defensa contundente al NAFTA y no tiene ningún elemento que permita percibir tu supuesta oposición al Tratado.

Es más: Hillary Rodham, en el mismo libro, se refiere a dos asesores económicos de la administración Clinton, Warren Christopher y Bob Rubin, quienes opinaban que “el libre comercio era esencial para la recuperación económica de la zona y que el NAFTA requería una acción inmediata”. (2)

Sin embargo no hay ninguna referencia en tu propia autobiografía que ofrezca el más leve indicio de tu oposición al NAFTA o una sola frase que muestre algún indicio sobre tu rechazo a la posición de los dos funcionarios que trabajaban para tu esposo el Presidente: no creo que en un documento tan prolijo en detalles, hubieses pasado por alto una posición contraria a William, tu marido… ¿Olvidaste mencionarlo o la candidata decidió hacer uso de su memoria selectiva olvidando su apoyo al Tratado?

Parece que la candidata tampoco quiere recordar que la primera dama sabía que la medida no era popular en su nicho electoral. En el mismo libro escribes: “También sabía que algunos fieles seguidores demócratas creían que la administración los había traicionado debido al apoyo sin ambages al NAFTA…” (3) Pero fíjate lo curioso: no te incluiste en ese grupo de fieles demócratas que se sintieron traicionados… ¿por qué sería?

Me tienes confundido… Cuentas tantas cosas en tu biografía y describes con tantos detalles tu vida, que resulta increíble que no hayas dicho que en esos momentos te opusiste al NAFTA. Tampoco nos cuentas si en Hillaryland, como era conocido el sector en el que tenías prácticamente un gabinete paralelo en la administración de tu esposo, se dieron debates sobre el Tratado ni mucho menos si en ese sector que tú dominabas, mostraste tu enérgica oposición a la idea del entonces Presidente.

Hillary ¿A quién le creo? Yo se que la coherencia en el tiempo no es una de tus virtudes, que pasaste de hacer las prácticas en la Asamblea Republicana de la Cámara de Representantes, precisamente porque eras republicana, a formar parte del grupo investigador del Watergate. Cambiaste de participar en la convención repúblicana que designó a Richard Nixon como candidato de ese partido, a escalar en las convenciones demócratas hasta llegar a ser la esposa del candidato y luego presidente demócrata William Clinton.

No se a quién creerle, no se si la memoria selectiva y esa repentina oposición al libre comercio te pertenecen o solo corresponden a una estrategia de campaña para tratar de lograr la nominación de tu partido. En todo caso, y tu misma lo dijiste, un Tratado de Libre Comercio busca quedarse con los beneficios y no las cargas de la globlalización… ¿Por qué eso era válido en el 93 y no en el año 2008?

Lo único cierto es que tu ambigüedad parece ser fruto de esa característica de los demócratas que mencionas en tu autobiografía: “raramente forman un grupo compacto ni en la mejor de las circunstancias”. (4)

Parece que tu brillante inteligencia y tu astucia han quedado atrapadas en el chiste de Will Rogers: ¿Es usted miembro de algún partido político organizado? No, soy demócrata.

Con respeto y admiración

Jaime Restrepo.
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Citas del libro Historia Viva. Memorias de Hillary Rodham Clinton. Editorial Planeta. Primera edición en Colección Booket, septiembre de 2004.
(1)Pag 277
(2)Pag 276
(3)Pag 375
(4)Pag 231

jueves, 26 de abril de 2007

Principios aparentes: simple oportunismo político

Por Jaime Restrepo. Director Sistema Atrabilioso.

¿Qué tienen en común Hillary Rodham Clinton y George Bush? Además de ser estadounidenses, de la habilidad necesaria para ser políticos reconocidos (se comulgue o no con sus ideas), y de muchas cosas más que desconocemos, ambos son objeto de las malquerencias de un personaje que hoy es protagonista en Colombia: Albert Arnold Gore.

Hillary Rodham Clinton, una mujer que tiene una enorme talla intelectual y emocional, es vista por muchos demócratas, e incluso por algunos republicanos, como la futura candidata de ese partido a la presidencia de los Estados Unidos.

Incluso, según los analistas, en su camino solo se interpone el popular Rudolph Giuliani, el ex alcalde de Nueva York cuyos méritos y realizaciones en la Gran Manzana son fuertes cartas de presentación para aspirar con fuerza a ser el próximo inquilino de la Casa Blanca, salvo que la misma causa que lo obligó a deponer su aspiración para un nuevo periodo como alcalde de Nueva York, lo lleven finalmente a renunciar a sus aspiraciones, aunque eso, por lo visto hasta hoy, es poco probable.

Sobra decir que Hillary Clinton tiene en su haber el recorrido de su esposo, Bill Clinton, como presidente de los Estados Unidos, y obviamente el acompañamiento de William será fundamental en sus aspiraciones de ser la primera mujer que gobierne la primera potencia del mundo. Además, el mito (¿o realidad?) de que era Hillary la que manejaba los hilos del poder en los periodos presidenciales de su esposo, han hecho carrera en muchos sectores del electorado norteamericano, que además simpatizan con las realizaciones de los Clinton.

Pero, ¡qué cosas!, Bill Clinton tiene una cercana relación con el Presidente de uno de esos países cuyos nombres se confunden en las mentes ignorantes de muchos estadounidenses (Colombia) y en varias oportunidades ha reiterado su apoyo a ese mandatario.

Ciertamente Hillary es un enorme obstáculo para las aspiraciones políticas del ex presidente Al Gore, a quien le han endulzado el oído con la posibilidad de que él sea nuevamente el candidato de los demócratas para las presidenciales de 2008, máxime si se tiene en cuenta que su repentina preocupación ambiental es tomada en serio por un porcentaje de los estadounidenses, aunque resulta evidente que es solo una estrategia política y nada más.

Esto significa que entre la candidatura demócrata a la Presidencia y Al Gore hay una Hillary en la mitad, y cualquier arma (ya no ambiental sino política) sirve para minar la imagen, la credibilidad y la fortaleza de la actual senadora demócrata.

Entonces, todo lo que Gore pueda hacer para descalificar a los Clinton, así sean asuntos sin mayor importancia en Estados Unidos, lo hará sin miramientos, pues de por medio está la anhelada Casa Blanca.

Otro frente de batalla en la política norteamericana es el actual presidente George Bush, quien en la cocina política estadounidense está lidiando a diario con dos guerras simultáneas, con un Congreso liderado por la oposición y con un creciente desprestigio entre los votantes de ese país.

Piensa entonces Gore que a Bush hay que golpearlo en la cara, sin consideración alguna, pues además, a Bush hay que cobrarle el “triunfo” en Florida, pues está claro que cada golpe repercutirá en beneficio de los demócratas y en detrimento de los republicanos… un simple juego político.

¿Y qué mejor que desairar a un Presidente y a un Gobierno que son reconocidos como aliados incondicionales de Bush? Es que la difusión del desplante de Gore a Uribe sirve a los intereses electorales del ex vicepresidente, pues envía un mensaje sobre sus “principios” que le impiden sentarse en la misma mesa con un “violador de los derechos humanos”.

Pero eso ni Al Gore se lo cree: de hecho su comunicado, exagerado aquí en Colombia, plantea que no es prudente reunirse con Uribe hasta que explique las acusaciones de Gustavo Petro.

Aquí lo cierto es que la decisión de Al Gore no fue por principios, ni es el gran abanderado de las causas de la izquierda democrática colombiana: la decisión de Gore fue calculada milimétricamente para golpear a dos rivales con un solo tiro, pues el ex vicepresidente necesita marcar distancia para hacer más contundentes las futuras agresiones políticas.

A Hillary, porque su esposo es cercano a un “violador de los derechos humanos” y eso no les gusta a los votantes demócratas. Y a Bush, porque ha repetido hasta el cansancio que es amigo de ese “violador de los derechos humanos” que preside al país que más droga les envía a los consumidores norteamericanos.

Así las cosas, el desplante a Uribe solo marca el inicio de la campaña por la Presidencia de los Estados Unidos y el gobernante colombiano ha quedado sumergido en la maraña política de ese país. Porque es evidente: Hillary, Giuliani y Gore ya arrancaron sus campañas.

De repente, para algunos colombianos, Al Gore significa la suma de todo lo que significa ser estadounidense. Es más: lo han puesto en un sitial de privilegio que está muy, pero muy por encima del actual Presidente y de todos los republicanos, cuando lo cierto es que Al Gore ha demostrado que tiene el mismo instinto asesino que requiere la política norteamericana, ese que describe magistralmente Dan Brown en su libro La Conspiración.

AL CIERRE: Ahora no es que Gustavo Petro se vaya tranquilo a vender su novela en Europa y que los diplomáticos y la cancillería se queden con los brazos cruzados frente a la difusión de una versión manipulada, mentirosa, infame y cobarde sobre la realidad colombiana. Si Petro viaja el 2 de mayo, desde ya deben viajar funcionarios del más alto nivel para desvirtuar las patrañas y pasar al ataque contra esos “adalides” de la doble moral.