Por Wilfredo Moreno. Columnista invitado al Sistema Atrabilioso.
No hay duda de que las últimas actitudes que ha adoptado el Partido Demócrata contra Colombia son síntomas de que el ala izquierda de esa colectividad se ha fortalecido. Si bien es cierto que el PDA tiene un gran papel en los cada vez más ásperos cuestionamientos de los demócratas sobre Colombia, la izquierda radical colombiana no habría ido al “imperio” en busca de apoyo sin tener conocimiento de los cambios internos que allá tienen lugar.
No hay duda de que las últimas actitudes que ha adoptado el Partido Demócrata contra Colombia son síntomas de que el ala izquierda de esa colectividad se ha fortalecido. Si bien es cierto que el PDA tiene un gran papel en los cada vez más ásperos cuestionamientos de los demócratas sobre Colombia, la izquierda radical colombiana no habría ido al “imperio” en busca de apoyo sin tener conocimiento de los cambios internos que allá tienen lugar.
Los cambios que experimenta el Partido Demócrata hacen que a esta organización se la pueda concebir como una máquina trituradora ansiosa por probar su engranaje y a Colombia como la carne de prueba. La actitud de Al Gore contra Uribe hace recordar los días en que el pueblo romano pedía a gritos sangre cristiana en las arenas y el emperador aparecía al instante para acallarlo complaciéndolo.
Eso fue exactamente lo que ocurrió, porque el ala izquierda demócrata se encontraba mucho tiempo en ayunas, sin cabezas que devorar, y Al Gore les dijo que él estaba dispuesto a cortar la de Uribe para que saciaran su apetito.
De la misma forma en que la oposición colombiana supo descifrar el instante político que vive la nación del norte, el gobierno colombiano tendrá que lidiar con esa nueva realidad. Cuanto antes la reconozca, más fácil será revertir los daños.
Lo peor que le puede pasar al gobierno de Uribe es creerse el cuento que los demócratas están mal informados y que pidiendo citas con ellos para aclarar las cosas, la situación se remediará. Los demócratas están bien informados, tanto es así que los cuestionamientos sobre Uribe hacen efecto después de cinco años en el poder y más de veinte de una vida política en la que ha tenido que lidiar con toda clase de etiquetas calumniosas.
Tampoco es sano políticamente para Colombia mantener una postura a la defensiva.
Para muchos seguidores del uribismo es totalmente inaceptable ver al presidente rindiendo cuentas como si se tratara del peor criminal. Uribe y el gobierno que preside tienen que darse cuenta de que el apoyo que ha depositado el pueblo colombiano en su gestión parte de que se ve en él a una persona íntegra que se ha entregado al país en cuerpo y alma y que a pesar de los cuestionamientos de la oposición por lo que llaman seguimiento ciego a un líder, el pueblo conoce mejor que nadie la situación del país. No será fácil borrar de la memoria de los colombianos la forma en que se manejaban las cosas antes de la llegada de Uribe al poder.
El gobierno tiene que dar como un hecho que el ala izquierda del Partido Demócrata está obligando a esa colectividad a tomar una posición radical sobre Colombia y que las consecuencias de esa búsqueda terminarán por afectar las relaciones entre los dos países, para evitar lo peor es mejor cortar por lo sano: replantear las relaciones con Estados Unidos.
Una ola antiamericana no le conviene sino a la izquierda radical de ambas naciones y por lo tanto hay que hacer todos los esfuerzos posibles para evitarla. Lo primero que el gobierno colombiano debería hacer es olvidar el apoyo estadounidense a la fase 2 del Plan Colombia.
Una ola antiamericana no le conviene sino a la izquierda radical de ambas naciones y por lo tanto hay que hacer todos los esfuerzos posibles para evitarla. Lo primero que el gobierno colombiano debería hacer es olvidar el apoyo estadounidense a la fase 2 del Plan Colombia.
Al menos, prepararse para verificar que esa ayuda se irá desvaneciendo en el tiempo. Un replanteamiento que vaya en ese sentido tenderá a calmar al ala radical del Partido Demócrata. Las relaciones se relanzarían en otros ámbitos, sólo para poner de relieve valores compartidos, como libre empresa y libre mercado.